Todo lo malo y todo lo bueno que hagamos volverá a nosotros bajo la forma de consecuencias del mismo valor que las acciones emitidas

Karma: los estudiantes rojos dan a Pablo Iglesias una buena dosis de ‘jarabe democrático’

No, no eran fascistas; eran estudiantes de izquierda

En la religión budista y en el hinduismo, el karma es creencia según la cual toda acción tiene una fuerza dinámica que se expresa e influye en las sucesivas existencias del individuo.

El karma se fundamenta en la creencia de que las consecuencias de nuestras acciones siempre se corresponden con el valor moral que estas tienen.

Es decir, que todo lo malo y todo lo bueno que hagamos volverá a nosotros bajo la forma de consecuencias del mismo valor que las acciones emitidas.

En otras palabras; que hay Justicia en este mundo y que si alguien hace daño a alguien, termina pagando el pato, porque todo retorna, como tuvo ocasión de comprobar Pablo Iglesias este 4 de marzo de 2020.

Al igual que se acumulan los ejemplos de ‘donde dije digo, digo Diego’ al líder de Podemos, también la actualidad se encarga de recordarle sus contradicciones.

Es lo que tiene erigirse en guardián de los desfavorecidos, en paladín de la igualdad y en referente único de la justicia social -todos esos mantras con los que entró como un elefante en una cacharrería en la vida política- después de acosar a dirigentes como Rosa Díez, a quien escracheó  en la misma sala de la Facultad de Políticas y Sociología de la Universidad Complutense donde ha probado su propia medicina.

Pablo Iglesias, el que repartía «jarabe democrático», ha comprobado en sus carnes cómo sabe.

Un grupo de estudiantes del campus de Somosaguas lo recibió al grito de «traidores» y «vende obreros». Es lo que tiene subirse a lomos de la demagogia: que los estudiantes de izquierdas le acusan de haber abdicado -¿alguna vez los tuvo?- de sus principios.

Es lo que tiene prometer vivir como el pueblo y después comprarse un chalé y renunciar a su compromiso de no ganar más de dos salarios mínimos.

Es lo que tiene, en suma, criticar a la «casta» y terminar convertido en paradigma de la «casta», viviendo como un auténtico burgués.

No eran «fascistas», sino estudiantes de izquierdas, los mismos que compraron en su día su discurso y ahora le recuerdan que todo era mentira; que lo suyo fue una gigantesca farsa; que una vez pisada la moqueta del poder, sus promesas se quedaron en nada.

Es lo que tiene proclamarse adalid de la «democracia verdadera», prometer «tomar el cielo por asalto» y acabar con los desahucios.

Pablo Iglesias ya sabe lo que sintió Rosa Díez, ya ha probado  el «jarabe democrático».

«¿Como podéis hablar de fascismo cuando habéis permitido decenas de desahucios en Madrid?», le gritó un joven desde el público del Paraninfo de la Facultad de Ciencias Políticas.

Aunque en un primer momento el resto de los estudiantes han contestado a los autores del escrache al grito de «fuera fascistas de la Universidad», al escuchar sus críticas se quedaron en silencio.

No, no eran fascistas. Eran estudiantes de izquierdas afeándole a la cara de Pablo Iglesias su enorme hipocresía.

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