Diego Fdez. Sández: «El Sainete… “La Revolución Francesa de Francia”»

Diego Fdez. Sández: "El Sainete… “La Revolución Francesa de Francia”"

París. El gobierno jacobino lleva ahora las riendas del poder. La turba se arremolina alrededor de la plaza mayor, donde se levanta al cielo un cadalso. Una dama es llevada en volandas hacia el patíbulo, entre el zarandeo y las invectivas de la plebe enfurecida, hasta la guillotina. Se trata de María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena, María Antonieta.

ROBESPIERRE: Madame Antonieta. ¿Tiene alguna última voluntad antes de ser ajusticiada por sus crímenes contra Francia?
MARÍA ANTONIETA: Sí. Deseo que este pueblo hambriento que me va a ver morir, pueda comer tarta mientras contempla el espectáculo. ¡Que coman tarta!
ROBESPIERRE: ¿“Tarta”…? Es el último deseo más extraño que ha pedido ninguno de estos miserables nobles… ¡Sea! ¡Que repartan tarta entre el populacho!

(Miles de porciones de pastel son distribuidas ipso facto entre el gentío, para el gozo de Monsieur Merenge, el pastelero)

ROBESPIERRE: Bien. El pueblo come tarta. Procedamos con la ceremonia de la ejecución.
MARÍA ANTOINETTE: ¡Un momento! Llegan nuevos grupos a la plaza. Ellos no han recibido su ración.
VERDUGO: Tiene “razión”.
MARÍA ANTONIETA: Mi última voluntad era que todos comiesen tarta.
ROBESPIERRE: ¡Rayos! ¡Por los idus de Ventoso! Aún no la hemos decapitado y ya ha perdido la cabeza… ¡Está bien! ¡Que repartan más dulces! ¡Que coman tarta!

(M. Merenge se mesa los bigotes pensando en la caja mientras el resto de sus dulces existencias son repartidas a toda prisa entre los nuevos concurrentes)

ROBESPIERRE: Bueno: ¡¿Y ahora podremos hacer por fin justicia a manos de Madame Guillotine…?! ¡¡Que le corten la cabeza!!

(El público ruge)

MARÍA ANTONIA: ¡Que coman tarta!
ROBESPIERRE: ¡¿Qué?! (ruge Robespierre)
MARÍA ANTONIETA: ¡Que coman tarta!
ROBESPIERRE: ¡¿Quiénes?!
MARÍA ANTONIETA: ¡Ustedes! ¡Los montañeses, los jacobinos! ¿Dónde están sus dulces, ¡eh!? ¡Y el verdugo! ¡Que coma tarta el verdugo!
PEPE ISBERT: (con su voz ronca): Gracias, señora.
ROBESPIERRE: Pero… ¡Monsieur Merenge!, ¡saque más bandejas de pasteles!
M. MERENGE: Eh…, su majestad, ¡digo su señoría!: ¿Cuándo se me abonarán los estipendios de mi obrador?
ROBESPIERRE: ¿Sus estipendios? No se ponga usted “estupendio”, Monsieur Merenge. Dése por bien pagado sirviendo a la Revolución.

(Y el diabético M. Merenge se torna un merengue amargo)

VERDUGO: Eh…, disculpe, Monsieur Robespierre. El pueblo ha hecho mutis.
ROBESPIERRE: ¡¿…Qué…?!

(Efectivamente, la Plaza de Madame Guillotine –antes Plaza de la Concordia…, antes Calvo Sotelo–, luce más despejada que el Sahara en verano)

ROBESPIERRE: ¡¿Pero…?!, ¡¿y esto?!
VERDUGO: Al parecer el hambre de justicia del pueblo ha quedado empachada con tanto dulce y se han marchado a casa… ¿Qué hago, señor?
ROBESPIERRE: Córtele la cabeza a Monsieur Merenge…
TELÓN
Diego Fdez. Sández

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