F. A. Juan Mata Hernández: «Y el Presidente, al fin, presidió»

F. A. Juan Mata Hernández: "Y el Presidente, al fin, presidió"

«-Señor Lenín, ¿cuándo permitirá su gobierno la libertad de sus ciudadanos?…
-¿Libertad para qué? Respondió Lenín» (conversación de Lenín con Fernando de los Ríos en 1920)

Pero aparece el político de talla cuando España está a punto de convertirse en una leprosería y una cárcel para sus ciudadanos, y mientras algunos necios resuellan aún de estupor con mezquinas quejas nacionalistas. La decisión de cerrar España ya no era discutible; Pedro Sánchez puede ser calificado de lo que cada cual le pluga, y yo no he sido ajeno a ello cuando me ha parecido oportuno. En resumidas cuentas, dijo algo que todos esperábamos, sin duda, pero lo hizo con una gran demostración de talento político. Nos envió a una cárcel, peor, al menos para algunos, que las que acogen a delincuentes, aunque lo hizo con un punto de máxima delicadeza, y desde la alta responsabilidad que le correspondía asumir. Y luego, apenas terminada su exposición, supímos que su esposa Begoña estaba contagiada por el coronavirus. Ayer, si no lo digo reviento, me sentí orgulloso de tener como gobernante a Pedro Sánchez.

Cuando en España brille plenamente la luz que hoy se cuela por las rendijas de nuestras ventanas, muchos de ustedes, que quizás discreparán con “algún pero” que yo hoy quiero obviar, reconocerán que con las mimbres que nos hemos dado, en una nación dividida y a merced de minorías mercenarias, ha sido una heroicidad política esa llamada a la solidaridad frente a la visión egoista, partidista y excluyente de sus socios parlamentarios. Por poner un ejemplo a los escépticos, les haría esta pregunta: ¿Se imaginan sentados junto a un “cuarenteno del virus” con gesto adusto y amenzante, del que además depende vuestro puesto, tratando de razonar que lo primero es lo primero? Pues eso fue lo que probablemente precedió al discurso de ayer de nuestro Presidente.

Aunque esta no fue la primera vez que el partido socialista español ha sido ambas cosas, socialista y español. Quisiera recordar entre sus figuras señeras, la del socialismo humanista de Fernando de los Ríos, a quien ayer me recordó enormemente Pedro Sánchez. Es muy probable que, en el que debió ser debate conflictivo del Consejo de Ministros, supo anteponer la ética krausista a su dificil estabilidad parlamentaria, y estoy seguro que ese idealismo generoso tendrá su recompensa. Aunque es cierto que Fernando de los Ríos no pudo o no supo parar la deriva socialista del 34 cuando sus correligionarios se lanzaron por el sendero de la violencia, yo no vi ayer en su rostro, aquellas lágrimas de impotencia de las que hablaba Azaña tras su entrevista con el rondeño; por el contrario, en el gesto firme de Sánchez, creí ver a un verdadero hombre de estado. De momento tiene mi reconocimiento y disculpas por otros días en que mi pluma escribía con tinta menos pangeista.

Sin duda alguna son momentos de solidaridad y, aunque siempre debería ser así, somos como somos y vivimos en un mundo donde el buen samaritano o el peligro mayor, están a la vuelta de cualquier esquina, es más, curiosamente ambos podemos ser la misma persona en diferentes momentos de nuestra vida.

No es, señores nacionalistas, momento de arrebujarse en su capa y calarse la barretina, ya es bastante malo lo que han discurrido con esa necia sublebación y rebelión absurda, como para seguir tocando el tambor a rebato. Trabajemos juntos sin colores ni fronteras porque el mundo no es de nadie y no es justo que alguien pretenda hacerlo aún más estrecho.

El impacto de esta pandemia va a ser muy alto, no lo duden. Desconozco, por que no soy ningún experto, cuál será la mortalidad final esperable ni cuánto durará, pero hay algo que no es preciso ser ningún halcón para ver, la economía, eso que nos proporciona bienestar, seguridad y salud, está sufriendo ya un impacto tremendo, y necesitaremos las más altas dosis de solidaridad y esfuerzo para remediarlo.

Además, cuando muchos grupos humanos exacerban sus peculiaridades para justificar diferencias que no lo son… un convencimiento de que todos formamos parte del mismo tronco es preciso para fortalecer y acercar un proyecto común. En nuestra mano está, en definitiva, mantener un comportamiento cívico y austero, que colabore en construir, limpiar y conservar nuestro entorno. En trabajar para mejorarlo, porque el trabajo dignifica al hombre, y estos días de asueto forzado probablemente nos habrán dejado un sentimiento de frustración por el tiempo perdido. Ayudemos pues a reformar y limpiar la casa de todos, la que nos recibió cuando llegamos a este mundo, y la que deberemos legar a otras generaciones.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído