«Pandemia: ¿Por qué mienten los chinos? Ó ¿Es un cuento chino?»

"Pandemia: ¿Por qué mienten los chinos? Ó ¿Es un cuento chino?"

De buena mañana de sábado este articulista ha caminado por vacías calles de los barrios madrileños de Chamberí y Salamanca para, dada mi deformación profesional, comprobar si se cumplían las normas de las autoridades competentes para combatir la pandemia originada en Wuhan (China).

Y sí, a rajatabla y con solidaridad. Sin embargo, una cosa me ha llamado poderosamente la atención: todos –y digo todos- los establecimientos regidos por chinos tenían un cartel que rezaba:

Estamos de vacaciones ó variantes como Vacaciones, permanecemos cerrados. Cerrado 15 días por motivos familiares. etc.

A diferencia de esos establecimientos, los administrados por otras razas y nacionalidades decían:

Disculpen las molestias. Ante la situación colectiva que estamos atravesando…para evitar cualquier riesgo de contagio…; Ante las recomendaciones del Ayuntamiento y con la intención de garantizar la seguridad de nuestros clientes y trabajadores,…permanecerá cerrado durante 15 días; Siguiendo las recomendaciones de las autoridades sanitarias de la Comunidad de Madrid….con el fin de limitar el alcance del COVID-19, cerraremos temporalmente nuestras puertas hasta nuevo aviso. #juntosPodemos #QuedateEnCasa. Cerramos temporalmente con el fin de combatir al coronavirus. ¡Ánimo Madrid!
Y perplejo ante esta sorpresa he cavilado sobre la cultura china y su tendencia a la mentira. Hegel decía que los chinos “son conocidos por mentir allí más que nadie” (Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Madrid, Alianza Editorial, 2001, pág.261), y en el libro Shanzai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China, de Byung-Chul Han, el autor desarrolla su tesis recurriendo, entre otros, al filósofo alemán, del que cita su Lecciones sobre la filosofía de la historia universal para subrayar que a Hegel le sorprendía que nadie en China se tomase a mal la mentira una vez que se descubre. “Los chinos se comportan de manera astuta y taimada, de modo que los europeos deberían cuidarse en su trato con ellos” y tras señalar que no encontraba ninguna justificación concluyente a esa “conciencia de la vileza moral”, remitía al budismo, que tiene a “la nada, como lo supremo y lo absoluto, como Dios” y “exige el menosprecio del individuo como máxima perfección”. Hegel entiende que tras la negativa del vacío budista se esconde una nada nihilista y por eso la hace responsable de la “gran inmoralidad de los chinos”.

La expresión “eso son cuentos chinos” lleva unos siglos utilizándose. Algunas fuentes apuntan su origen a Marco Polo y otras a españoles de Cuba. Del mercader y viajero veneciano se dice que al volver de sus periplos chinos contaba “historias de animales mitológicos y fábulas increíbles” y que, como consecuencia, cuando en Italia se hablaba de un embuste, de algo exagerado o de una mentira disfrazada, se añadía el soniquete “cuentos chinos”. El origen hispano-cubano está más elaborado. En Viena, en 1820, tras comprometerse españoles e ingleses a acabar con el comercio de esclavos negros, los españoles se fueron a China, donde prometían casa, ropa, trabajo y comida a quienes les siguieran hasta la isla caribeña. El trabajo que prometían era duro, pero bien remunerado. Muchos aceptaban las condiciones firmando un contrato redactado en español que, como suele ocurrir, no leían y en el que se especificaba que el precio de las entregas (casa, ropa y comida) se descontaría del salario. Y como el estipendio era inferior al precio de los servicios, los chinos tenían que trabajar como tales hasta saldar la deuda contraída. De su infortunio sale esta otra versión.

Sea o no ese el origen, lo cierto es que cuento chino es expresión de uso común. Y a tenor de lo visto en los carteles de cierre, está fundada. Lo que no consta es que Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el mentiroso, sea chino. O sí.

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Autor

Jorge del Corral

Hijo, hermano y padre de periodistas, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Ha trabajado en cabeceras destacadas como ABC y Ya. Fue uno de los fundadores de Antena 3 TV. Miembro fundador de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Grupo Crónica, creador de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) y fundador de la Unión de Televisiones Comerciales (UTECA). Un histórico de la agencia EFE, donde fue subdirector y corresponsal en Roma.

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