Rafael López Charques: «Esperpento»

Rafael López Charques: "Esperpento"

Es lo que estamos viviendo en nuestro país, dada la situación grotesca o estrafalaria en la que estamos inmersos.

Nos referimos al marco creado por el célebre coronavirus. Cuando llegaron las primeras noticias de su existencia, se le consideró como una cosa muy lejana, por lo que no había razón para preocuparnos. Al detectarse los primeros casos en nuestro país, se los trató como puntuales, sin mayor importancia, derivados de la gran movilidad de personas que hay hoy en día en el mundo.

Conforme aumentó el número de contagiados, se fueron extendiendo por toda la geografía y hubo los primeros muertos, los poderes públicos empezaron a tomar medidas, pero muy suaves, parece que pensaban que la situación se arreglaría por sí sola, que el virus desaparecería en poco tiempo y todos tan felices.

Desde luego estamos de acuerdo en que cuando hay problemas de este tipo, o similar, el gobierno no debe alarmar a la población, debe evitar que cunda el pánico, pues ello solo agravaría la situación.

Ahora bien, una cosa es seguir la conducta señalada, y otra muy distinta es no hacer nada, limitarse a buenas palabras en las comparecencias públicas y esperar acontecimientos.

Los errores han sido muchos, y la pasividad absoluta, ya en días en que era evidente que la situación era muy seria. Es más, en ocasiones se antepuso la ideología extremista al sentido común. Cuando ya diversas entidades, tanto públicas como privadas, habían desconvocado actos presuntamente multitudinarios, se celebra muy alegremente la fiesta morada del 8-M. Ese mismo día una ministra se jactó en la televisión, en relación a lo que hacía el gobierno, de que “La gestión es la adecuada y la mejor para proteger nuestra salud” En ese momento en Italia ya había diecisiete provincias cerradas y habían hecho cosas similares en otros países.

Ahora cuando ya llevamos más de cuatro mil doscientos afectados y más de ciento veinte muertos, el gobierno declara el estado de alarma. ¡Ya era hora! En Portugal lo han impuesto con solo setenta y ocho casos conocidos y ningún fallecido.

El ejecutivo ha anunciado una inyección de varios miles de millones para luchar contra los efectos del coronavirus. Nos parece muy bien, nada que objetar, pero nos hacemos preguntas, ¿de dónde saldrán?, ¿quiénes acabarán pagándolos? Por lo que nos tienen acostumbrados la respuesta es obvia, todos los españoles.

En lo último ya no estamos de acuerdo. Aprobamos el fondo, pero no la forma. Ese dinero podría obtenerse sin tocarnos el bolsillo, si el gobierno renunciase a la multitud de gastos superfluos que realiza. En este momento es mucho más importante y necesario gastar en sanidad y en la recuperación del entramado económico, que ya está sufriendo las consecuencias. Si la administración se aprieta el cinturón, cierra chiringuitos inútiles y deja de seguir regando con subvenciones, a entidades que no sirven para nada, que en verdad con mucha frecuencia ni se sabe que hacen realmente, ni justifican sus gastos, sobraría dinero para la emergencia que tenemos ahora.

Como “a rio revuelto ganancia de pescadores”, ha habido algunos graciosillos que ha aprovechado la ocasión para lanzar el chite fácil, con una falta total no ya de respeto a alguien enfermo, sino de humanidad. ¡Da igual! El caso es que se hable de ellos, aunque quienes lo hagan estimamos que de personas tienen muy poco, pues para hacerles gracia una estupidez tienen que tener un coeficiente mental muy reducido.

¿Cuánto se tardará en sanear la situación? Ni se sabe, pero por desgracia, si el gobierno sigue no actuando como hasta ahora, vamos mal.

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