UN CRACK FINANCIERO CONTROLADO POR SOROS Y ADLÁTERES

Crónica de un plan diabólico perfecto. El coronavirus del miedo y la estabulación

Crónica de un plan diabólico perfecto. El coronavirus del miedo y la estabulación

Esta alarma, con la consiguiente psicosis colectiva, ayuda a desviar la atención de los auténticos problemas. El origen está en los que dirigen el mundo tras bambalinas. Mientras nosotros dejamos los trabajos y permanecemos confinados, George Soros y sus adláteres se confinan para ultimar los planes para instaurar la gran dictadura mundial. Hay que recordar que Sánchez es uno de los que escriben a su dictado. Pero de esto no hablan los medios y sus tertulianos “pedorros y pedorras”, como les llama Usía. No he oído decir en los telediarios que en Wuhan se encuentran los laboratorios de experimentación molecular y bacteriológica Wuxi App Tec, cuyo principal accionista es George Soros, como ya apuntamos en un artículo anterior. Nos dicen que se hunden las bolsas como consecuencia de la incertidumbre y el miedo, pero no nos dicen que los beneficiarios son los magnates globalistas del jaez de George Soros, Gates, Rockefeller, Rothschild, como cabezas semivisibles de un Orden superior. No nos hablan de toda esta gentuza siniestra que odia a la humanidad, como la patética Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, y anteriormente del Fondo Monetario Internacional. Opina esta dama maligna que los viejos viven demasiados años y que eso es negativo para la  economía mundial. ¡Muy edificante!

Esta es la crónica de un plan diabólico perfecto: La industria farmacéutica quiere vender sus vacunas y antivirales. La Organización Mundial de la Salud  depende de las farmacéuticas para financiarse. La OMS categoriza la pandemia. Los peritos internacionales –al servicio del sistema— dan la voz de alarma para iniciar el plan de domesticación. Los medios de comunicación ponen en marcha el ventilador de intoxicar. Los políticos  –preocupados por sus puestos de privilegio— se hacen eco y forman gabinetes de crisis. El miedo se propaga y la sociedad entra en pánico. Los gobiernos toman medidas extraordinarias y decretan el “estado de alarma”. Arresto domiciliario para toda la población. Las empresas interrumpen su producción. Los medios siguen intoxicando. El miedo se convierte en terror. Todo el mundo habla de lo mismo. Mientras tanto, los financieros y las farmacéuticas siguen con su plan oculto. El crack económico controlado se vislumbra. La sociedad—asustada y muy debilitada emocionalmente—, se prepara para aplaudir la vacuna, el chip o lo que venga. La dictadura mundial es casi un hecho. Nuevas normas, nuevas leyes, un estado policial. Nuestro vecino será nuestro enemigo, dispuesto a denunciarnos si infringimos la norma. ¿Que esto en España no pasará? Amigo lector: esto ya está a las puertas. No sigas dormido. Ya es hora de despertar.

Pensaba enfocar el artículo en mi línea conspirativa, reiterando mi total desconfianza hacia un sistema de pan y circo, diseñado por los “amos del mundo”, para mantenernos aborregados, anestesiados, lobotomizados y zombificados. Podríamos ampliar la retahíla de participios pasados y adjetivos, pero esto no es un concurso; en todo caso, nuestro presente se parece más a una película de ciencia-ficción, pero es la realidad pura y dura. Todos confinados en nuestras casas, nadie en la calle salvo las fuerzas del orden bien pertrechadas con sus mascarillas, dispuestos a multar a quien ose salir del portal de su casa sin motivo justificado. No sé si era necesaria toda esta exagerada performance. Sobre esto, ni los virólogos ni los expertos en salud pública se ponen de acuerdo, pero los del disenso no suelen salir en los medios masivos. El pensamiento único debe ser puro, sin voces discordantes. Por eso prácticamente el 98 por ciento de la población está a favor del estado de alarma, sin haber oído las razones en contra, los estragos que puede causar el confinamiento y el miedo.

Como decía al principio, más que analizar los pormenores de lo que creo que esconde toda esta puesta en escena que, grosso modo y al estilo telegrama, sintetizo en la entradilla, quiero hablar de lo que está ocurriendo y hacerme eco de algunas opiniones ponderadas, entre ellas la del bioquímico y virólogo argentino, Pablo Goldschmidt, autor de La gente y los microbios.

El virólogo, toda una eminencia en este campo, está en total desacuerdo con la alarma social en torno al coronavirus. No está de acuerdo en cómo se está gestionando la mal llamada pandemia. Opina que en estos momentos el planeta Tierra es víctima de “acoso científico” –yo busco el origen más arriba— y que el pánico es injustificado. Acusa de ello, en primer lugar, a la Organización Mundial de la Salud, que ha ido modificando ad hoc sus parámetros para categorizar las pandemias. También responsabiliza a los peritos internacionales que desde sus despachos de Ginebra asustan a la humanidad, susto que recogen los medios de comunicación, amplificado después por los políticos. En párrafos anteriores hacíamos un resumen de la crónica de los hechos.

Analizando la progresión de las muertes y los contagios, se pregunta por qué en Singapur y en Suiza la gente se muere menos que en Italia, por ejemplo, y eso le hace cuestionar, en primer lugar, la sanidad pública de ese  país, que tiene grandes deficiencias, careciendo de suficientes plazas de unidades de cuidados intensivos y de respiradores, y pone incluso en duda la cualificación de los médicos de urgencias. “Hacen lo que pueden o saben”, según sus palabras.

Apunta el virólogo que el mal, posiblemente, no esté en el virus, sino en la manera de tratarlo, y habla de los genéricos de Amoxicilina y se pregunta si la que están aplicando tiene la dosis adecuada, y si la cantidad  de principio activo que pasa a la sangre es la correcta. Deduce que, muy posiblemente, los países donde la mortalidad es alta no han sido sometidos a controles como ocurre en las naciones donde la ley de bioequivalencia ha sido validada. A este respecto, quiero añadir que hace unos años leí un interesante artículo de un médico de salud pública español que aludía a los estudios realizados sobre el genérico de la Amoxicilina 500 mg. en España. Solo contenía 300 mg. en lugar de 500 mg. que sí tiene la marca Augmentine de 500 mg. que dio correcto en la investigación.

Argumenta el doctor Goldsmichdt que hace años que se producen  resfriados por coronavirus y que en sus clases todo el mundo estornudaba y todos se contagiaban. Pero no se habían hecho estudios sobre coronavirus hasta que este año un laboratorio chino realizó “la reacción de ampliación de la polimerasa (PCR), y encuentraron casos positivos” de coronavirus. Sin embargo, sospecha que ya hubo brotes de coronavirus anteriormente, pero no se analizaron. Por eso está en contra de las medidas extraordinarias, de la psicosis colectiva creada sin necesidad y de los gravísimos efectos colaterales, como el crack de la economía mundial.

Goldschmidt está seguro de que este virus está circulando desde hace tiempo, creando resfriados, gripes y neumonías. Apunta los miles de muertes por gripe estacional que se producen cada año. Por eso propone que se hagan análisis poblacionales para verificar si hay anticuerpos contra el corona, para probar que ya lo hemos sufrido.

Aunque mi análisis se aparta con mucho de la paranoia cotidiana y no tengo ni pizca de miedo –más allá de crack económico al que aludí al principio—, sí me preocupan las consecuencias físicas y emocionales que esto puede tener si el “arresto domiciliario” se prolonga más allá de los quince días anunciados. Pienso en las personas mayores en residencias, sin ningún contacto físico, ningún abrazo ni muestra de amor. Un abrazo bien dado y una sonrisa franca acompañada de unas palabras amorosas es la mejor medicina.

Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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