Victor Entrialgo De Castro: «La alarma exacerbada y continua no sirve de nada»

Victor Entrialgo De Castro: "La alarma exacerbada y continua no sirve de nada"

La alarma exacerbada no sirve de nada. Aunque  nos tocase vivir lo más inesperado, aunque aumentasen las cifras, aunque llegase un tsunami, un amerizaje extraterrestre, aunque tuviéramos que salir corriendo delante del monstruo de las galletas, habría que mantener la calma y pensar hacia donde.

Vivímos dias insólitos, históricos, días de vértigo. Nunca antes habíamos tenido este sentimiento que tuvieron muchos de nuestros ancestros con pestes, hambrunas y otras epidemias, con los mismos miedos pero sin contar con medios.

Buscamos para el coronavirus precedentes históricos, como los recientes Chernobyl o Fukushuma que sus sociedades han superado, la peste bubónica en Europa y Asia siglo XIII, la peste llamada española, siglo XVI,  y en último término los encontramos bíblicos.

Las diez plagas de Egipto recogido en el Éxodo, donde el agua es convertido en sangre por Dios por no haber querido dejar salir de Egipto a Moisés, que serían probablemente algas rojas; las moscas, las abejas, los piojos, la peste sobre el ganado, los escorpiones y víboras, la lluvia de ranas, las úlceras, los forúnculos que serían un brote de viruela, y la lluvia de granizo y fuego, que podria ser lava de una erupción de volcán en Santorini.

Todas ellas precedentes del  Cobyd 19, tienen tambien su fundamento cientifico.

Pero no habiendo vivido la guerra civil ni las guerras mundiales, cuando por primera vez sentimos, en nuestra mente asustada, la posibilidad siquiera remota, de una plaga que  pudiera cobrarse más vidas indiscriminadas que las que jamás hemos visto desaparecer juntas, surge en nosotros la necesidad de mantener y propagar serenidad, simplificar y aprender a priorizar.

El ser humano es un ser de costumbres y a ellas volveremos.

Pero cuando volvamos a salir en busca de nuestros espacios,  a conquistar la calle, a respirar sin miedo, a sentir la brisa en la cara, el olor de la hierba, el agua en el chubasquero, a vislumbrar la linea de la costa, pisar de nuevo la playa, valoraremos, al menos durante un tiempo, la muy grande importancia de lo pequeño.

Habremos aprendido, que hagas las piruetas que hagas, de la vida te vas con lo que que cabe en una bolsa de plástico.

Hoy más que nunca sabemos que para seguir dando guerra, frente a este bicho malvado, para guardar lo realmente importante, aparte de  cuidar lo que amamos, basta una mesita con dos cajones.

Y lo hoy que parece una película de ciencia-ficción pasará, más temprano que tarde. Y si no nos emparanoiamos con este vértigo alimentado por ciertas televisiones para recaudar más, alarmando más que tranquilizando, volveremos más unidos, mejores, más fuertes. Otra cosa es lo que logremos que dure esa unidad, esos sentimientos, esos hábitos generosos y comunitarios que han nacido con la dificultad.

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