F. A. Juan Mata Hernández: «Tenía razón… el enfermo era la economía»

F. A. Juan Mata Hernández: "Tenía razón… el enfermo era la economía"

Cuando leía hoy la prensa me detuve sonriendo, mientras miraba desde el alféizar de la ventana la plaza vacía. Me hacen reír las personas que presumen siempre a posteriori de tener razón. Las opiniones, cuando son honestas, lo que no siempre ocurre, suelen basarse en la valoración que nuestro cerebro hace sobre los datos que le vamos aportando. El que después resulte más o menos acertado va a depender de tantos y tan incontrolables factores, como trata de explicar sin completo éxito la teoría del caos. Por tanto, es probablemente más fácil que nos toque la Primitiva, que prever lo que va a ocurrir con esta crisis del coronavirus. Convencido de mis reflexiones, aparté las cortinas que hacen de fraileros en el salón, y respiré el aire más puro que Madrid nos ofrece desde hace decenios. Fue entonces cuando, dejando a un lado las estimaciones sobre cifras de contagiados y muertos, me inquietó más el olor a quemado que desprenden las páginas de color salmón.

Si tomamos como referencia lo ocurrido en la pasada crisis de 2008, constataríamos que se avecina un colapso financiero global. “Lo prioritario son las vidas humanas” repiten machaconamente los técnicos y políticos en sus comparecencias informativas. ¿Pero oiga, a quién cree usted que se dirige al decir eso? Bien lo sabemos, y estamos casi todos de acuerdo. Aunque habría que matizar si esa afirmación incluye los 8.500 niños que mueren cada año de desnutrición en el Tercer mundo. ¿Pero se han detenido a pensar en los que morirán tras el desastre que el coronavirus está sembrando? Y no será tan sólo de hambre. Pues bien, si dejamos que esta pandemia arrase con la economía, ya pueden ustedes multiplicar esa cifra de muertes de pequeñuelos por 10 o por 100, que quizás se queden cortos. Pero además habría otras víctimas de esa pandemia, me refiero a la “muerte moral” de las personas que pierdan toda esperanza de encontrar trabajo y no puedan atender a sus familias. Alguno quizá podría pedir, llegado el caso, la aplicación de esa eutanasia que el gobierno tenía tanta prisa en aprobar.

¿Pero cuál es el riesgo de esa perturbación sin precedentes que advierte el Banco de España?

La situación deriva, señores gobernantes, de que nos hemos comido o regalado las vacas gordas que no teníamos, y nuestras arcas están ahora llenas de deudas. Cervantes tenía razón, porque somos un país de Quijotes. Pues miren, el caso es que España adeuda cerca del 100% del PIB, algo más de, 1,2 billones de euros. Eso antes del presupuesto extraordinario de más de 200.000 millones, que inicialmente se va a destinar a garantizar créditos que pudieran resultar fallidos, como consecuencia de la crisis. No nos consuela que Italia nos supere con una deuda del 137%, o Grecia y Portugal con el 182% y el 126% respectivamente. No, desde luego, el mal de muchos sólo es consuelo de tontos. Y no es únicamente por estos lares donde la moda del endeudamiento ha sido la regla de gestión, porque ahora no son exclusivamente los países quienes acumulan créditos. Muchas de las grandes empresas de medio mundo, han aprovechado el dinero barato y están en unos niveles de apalancamiento históricos. Y lo peligroso es que, una parte notable de esa deuda está referenciada en dólares, cuando sus propias divisas valen cada vez menos.

¿Cómo se pueden paliar esos efectos?

Los bancos centrales están inyectando liquidez para ayudar a detener el pánico de las bolsas de valores y de las divisas, pero es obvio que no lo están consiguiendo plenamente. Eso está generando una huída del dinero hacia la liquidez, y hacia el dólar como moneda refugio. El dinero, señores, siempre tiene miedo. Parece que la solución sería que se regara el mundo de dólares, pero eso no es tan fácil, pues tiene sus dificultades y sus consecuencias. Para empezar, quienes tienen la máquina de hacer dólares es la Reserva Federal Americana, y aunque desde la crisis de 2008, la Fed utilizó las “líneas de swap de divisas” para intercambiar su moneda con las de los bancos centrales de algunos países, esto podría aliviar el problema, pero ¿qué ocurre con China, cuyas empresas están altamente endeudadas en dólares, y sus relaciones con USA no atraviesan el mejor momento? Pues podría suceder que se vieran obligados a deshacer sus inversiones en bonos y activos americanos, ahondando las caídas en Wall Street y provocando un “efecto mariposa” en todo el mundo.

Pero volvamos a nuestro país, y hagan cuentas: Empresas que no venden porque la gente no compra; luego tiene que reducir plantillas con aumento del paro y la precariedad, etc. Un círculo vicioso del que sólo se podría salir con un gobierno de unidad que ilusione y anime un proyecto común. Unos líderes, por otro lado, que dieran ejemplo desde el primer momento en cuanto a austeridad y generosidad, porque no comprendo que haya políticos que animen caceroladas contra un rey ejemplar, mientras se incumplen cuarentenas, o quizá se aceptan preferencias en el trato sanitario. No hay privilegios regios, pero tampoco políticos, y si el coronavirus nos atacara, tanto a nosotros, como si lo hiciera con algún familiar cercano, deberíamos estar todos en la misma cola. No le demos vueltas, el ejemplo más generoso y fiel de amor al pueblo, es el de quienes lo colocan siempre por delante de sus intereses. Cuando se dé esa imagen, se estará en el camino de conseguir la unidad y el afecto de la nación.

Pero yo no he visto aún que ni gobernantes, ni diputados o senadores, centrales, autonómicos, o municipales, renuncien a ninguna de sus prebendas. Más bien diría que está ocurriendo justo lo contrario; comenzando con este gobierno de ministerios múltiples y variopintos.

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