F. A. Juan Mata Hernández: «¡Sánchez, cuídate de los idus de marzo!»

F. A. Juan Mata Hernández: "¡Sánchez, cuídate de los idus de marzo!"

«Los idus de marzo ya han llegado»…«Sí, pero aún no han acabado» (Plutarco, en su relato sobre el asesinato de César)

Ciertamente, cualquier vidente, salvo el señor Tezanos, que hubiese advertido a Pedro Sánchez sobre lo que se le venía encima, habría perdido credibilidad de inmediato. Más tarde, al recordar aquellas palabras del asesor técnico de la pandemia, cuando dijo: «Si mi hijo me pregunta si puede ir a la manifestación del 8-M, le diré que haga lo que quiera», algunos elevaríamos su consideración desde adivino, a profeta. Bien podría haberse ahorrado el comentario el bueno de Fernando Simó, salvo que, imprudentemente, pensara tan sólo en la juventud del muchacho.

Luego, Pedro Sánchez nos habló el sábado 14 con una voz de apariencia firme, casi inspirada; porque lo hizo con una llamada a la unidad y a la solidaridad que, al menos a mí, me convenció de que estaba velando, no por intereses personales o de partido, sino por España entera. Y fue un vuelco, sin duda noble y esperanzador, pues entendimos que rompía de una vez sus ataduras con la nobleza de Galapagar, y con los que piensan excluyentemente en lo suyo, léase, PNV, ERC, y, obviamente, con el pro-etarra Bildu. La situación en esas fechas ya no admitía vacilaciones ni dudas, y exigía un gobernante de talla. Supongo que dio un golpe en la mesa, volvió la cara ignorando a quien se había saltado la cuarentena, Dios sabe para qué, y quiso olvidar que había sido excesivamente ingenuo al confiar en aquellos socios. Ese día creí haber encontrado el motivo por el que los idus eran días de buenos augurios para los romanos; ese día era la víspera de los idus de marzo de 2020; ese día comenzaba en España una forzada cuarentena como remedio final contra el virus invasor.

Claro que, no debimos adelantar tanto la fiesta, pues ese mismo día, en los idus de marzo de una fecha que perdura en el tiempo, se perpetró el crimen que terminó con la vida de Julio César. Y sus asesinos mataron con él a la República romana, dando paso al Imperio. Ocurrió en el 44 a.C., hace 2064 años, menos diez días; los que median entre el 4 y el 15 de octubre de 1582, decena desaparecida en el cambio del calendario juliano al gregoriano. Así que, ya ven que no siempre los idus traen buenos augurios.

La pregunta que toca hacer ahora es ¿Qué nos traerán los de marzo de 2020?

Miren, yo lo de los augurios, como que no lo veo nada claro. El futuro, en su definición actual, es algo que todavía no ha sucedido, pero que bien pudiera ser calculado si se tuviesen todos los parámetros que influyen en él. ¿Pero, oiga, cuáles son todos los parámetros? ¿Quién podría prever que un murciélago iba a morder a un pangolín que, a su vez, iba a ser comido por un chino? Pues ya ven la que ha liado el mamífero volátil. Y es que, ni aquel prestigioso oráculo de Delphos podría aventurar el final de esta que parece una película de terror. Podrán disculpar ustedes la comparación, porque todos sentimos en el alma el daño que ya sufre gran parte de la humanidad, pero ni en economía, ni en política, ni, lo que resulta más importante, en convivencia social, parece fácil adivinar lo que llega.

Pronosticar ese futuro del que hablaba, conlleva muchas incertidumbres; claro que sí. Aunque siempre cada cual puede evaluar las que llegan a su cerebro, en función de los datos de que disponga y la importancia que dé a cada una de ellas.

Esta es mi reflexión sobre lo que considero que tiene mayor probabilidad de ocurrir:

Economía

La economía sufrirá un shock temporal de demanda, acompañado de otro más prolongado de oferta. En un contexto en que el mundo nadará en la liquidez que van a regar los bancos centrales, y donde la mayor parte de las deudas serán impagables. Todo ello conduciría, más pronto que tarde, a una nueva era inflacionaria. En realidad, si se han molestado en comprobar los precios de algunos productos alimenticios que adquieren desde sus forzados confinamientos, o determinados productos sanitarios que pugnan por comprar los gobiernos, reconocerán conmigo que algo así ya está sucediendo. De ese modo se liberarían las cargas del endeudamiento tan elevado que ya existe en entidades públicas y privadas de todo el mundo, y que va a aumentar considerablemente tras esta crisis.

Política

La extrema izquierda radical y los partidos nacionalistas tratarán de aprovechar la debilidad extrema del PSOE, habida cuenta de su penosa gestión, para reafirmar su apuesta republicana e independentista. No les puedo decir el resultado de su intentona; y tampoco confíen mucho en el CIS. En realidad ese dato sólo lo tendrán ustedes cuando decidan el futuro con sus votos.

Sí que me gustaría recordar, por si alguno ha olvidado los desastres que para España supusieron tanto la I como la II República, que el rey Felipe VI ha sido la mejor muestra, con su actitud ejemplar de renuncia, sobre cómo se deben afrontar determinados problemas familiares. También destacaría su sensibilidad y firmeza en anteriores crisis y en la que nos ocupa, donde ha querido anteponer el interés de España al suyo propio. Tuvo un buen ejemplo, pues su bisabuelo, Alfonso XIII, evitó una guerra civil por no enfrentar una estafadora declaración de la II República. Miren en el otro lado, sectarismo, irresponsabilidad, insolidaridad, e incapacidad, actitudes bastante distribuidas entre esos políticos de la New Casta. Ahí están, sin ir más lejos, los casos de, quebrantar cuarentenas, rechazar enfermos de otras comunidades, comprar tarde y mal equipos médicos que no sirven para nada, etc…

Social

Tenemos muchos héroes de esta batalla. Multitud a la que habría que reconocer en un grandioso monumento para recuerdo de generaciones venideras. Una Torre de Babel en un Valle de Paz, donde figuren los nombres de los hombres valientes de la sanidad, las fuerzas armadas, la limpieza, el transporte, las comunicaciones, y tantos otros sectores. Valerosos y esforzados españoles que han dado y siguen dando su esfuerzo con riesgo, y a veces entrega, de su propia vida. Una España unida frente a un monumento grandioso que recogiera las cenizas de tantas víctimas, junto a los nombres de sus héroes, como reconocimiento para siempre de su esfuerzo, dedicación, y valor.

Y al igual que la Unión Europea nació tras la II Guerra Mundial, esta, que bien se podría considerar la III, tendría que alentar una unión universal en una nación para todos.
Quiero terminar como empecé, recordando a nuestro Presidente, Pedro Sánchez, que aún hay solución. Si busca unir realmente a toda esa España que aplaude a sus héroes tras de sí, debe deshacerse del lastre sectario e insolidario y buscar el apoyo del resto. De los dispuestos a renunciar a sus intereses por los de todos los españoles.

Que no le suceda a usted, señor Presidente, como en aquella ocasión en que el vidente advertía a Julio César de los peligros que le acechaban en el Senado, y que el griego Plutarco narró así: “¡Cuídate, César, de los idus de marzo!”. Julio César respondió al vidente, riendo: «Los idus de marzo ya han llegado»; a lo que el vidente contestó compasivamente: «Sí, pero aún no han acabado».

Así que ¡Cuídate, Sánchez, de los idus de marzo!

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