F. A. Juan Mata Hernández: «Quod natura non dat, Salmantica non præstat»

F. A. Juan Mata Hernández: "Quod natura non dat, Salmantica non præstat"

«Quod natura non dat, Salmantica non præstat» (proverbio grabado en las Escuelas Menores de Salamanca, aseverando que la Universidad no puede dar la inteligencia que la naturaleza negó).

En el municipio salmantino de La Fuente de San Esteban, sus habitantes han impulsado la legitimidad de una cobertura pública, llamada “hucha solidaria”, apoyada por el Ayuntamiento, la mayoría de comercios de la localidad y la Parroquia. Se trata de aportaciones generosas para que ninguno de los vecinos del lugar, ni de los pueblos del entorno, carezca de los medios indispensables para vivir, como consecuencia de la crisis del Covid-19. Nada impide por tanto, admitir que en la concepción de lo que los cristianos llamamos “caridad” se compartan los bienes de quienes así lo decidan con sus “hermanos” en Dios.

La fuerza de la generosidad que emana de semejante iniciativa, en un municipio donde PP y PSOE, que son los únicos representantes de la voluntad popular, han decidido olvidar sus siglas, para remar juntos por el bien de todos, y que contrasta firmemente con otras insólitas posturas que se mueven ofuscadas por ideologías de un tardo “fasciocomunismo”. El ímpetu de esta iniciativa se adentra en la sociedad que conforma, convirtiéndola sin más en un ejemplo de valores y virtudes. Valor de quien da sin que nadie se lo exija, y virtud de quien recibe sin rubor. ¿Acaso es criticable que quien más tenga procure voluntariamente el bien de los que carezcan de lo imprescindible? De no ser así, resultaría incoherente admitir y aprobar que, quienes predican contra este tipo de acciones, hayan medrado precisamente de entre clases proletarias a esa morada burguesía que disfruta hoy de opulencia y soberbia.

Los políticos y en general todos los gobernantes deberían ser los primeros en tener un comportamiento ejemplar y, más ahora frente a esta grave crisis. La unión en la generosidad y el plan de reconstrucción de la economía, exige demostrar que la receta es similar para todos. Los políticos han de ser austeros, no sólo en lo que personalmente les concierne, reduciendo sus sueldos, prebendas, dietas, y otras canonjías; sino también a esa pléyade de asesores o “amiguetes bienpagaos”. Porque la vida es así, y si realmente se quiere evitar una quiebra fraudulenta del País, deberían aparecer entre la casta política, verdaderos líderes, como aquel Winston Churchill del “sangre, sudor y lágrimas” que defendió a Inglaterra contra al fascismo, ahora toca ante a un “fasciocomunismo” que nos amenaza con mayores males añadidos a los del Covid-19. Cierto que los errores en política, como decía Felipe González, son perdonables. Pero es posible que haya muchos errores culposos por decisión o interés de quien lo decide. Pues los hechos, tal como los reflejan los números y las fechas, avalan que se ha obrado en provecho de parte y contra el interés general de España.

Hay quien dice que lo tenemos que cambiar todo, si verdaderamente queremos que no cambie nada de lo que hemos conseguido. Porque la realidad es que nuestro barco navega por aguas turbulentas y no tenemos ningún timonel de garantía. Y no merecemos esta casta política nacionalista y progresista, que igual me da mirarla de arriba hacia abajo, que de un lado al otro. Aunque reconozco que no nos la ha impuesto nadie, pues nos la hemos ganado a pulso nosotros solos; unos por votar esas tendencias, y otros por dividir el voto. No me venga alguno con aquello de que no había otra cosa donde elegir, porque me resisto a generalizar el proverbio de mi tierra salmantina de que «Quod natura non dat, Salmantica non præstat». Además, capacidad de gestión nos sobra por arrobas, porque de esta bendita tierra española han surgido empresarios que son la envidia del mundo.

Quizá lo que falte sea un sistema que permita conocer mejor a quien se vota, y poder luego exigir responsabilidades a cada cual, y no sólo a su partido, si es la persona quien no ha actuado adecuadamente. ¿Imaginan que todos los elegidos del PSOE en listas abiertas hubieran aceptado el pacto contra natura con Bildu, la nobleza de Galapagar y los independentistas? Yo no lo creo. Nunca he entendido el objeto de las listas cerradas donde cabe de todo y poco bueno. Necesitamos ennoblecer esa profesión para llegar a tener políticos de nivel.

Y es cierto además que, si meditan conmigo un momento, reconocerán que no parece muy lógico tener que superar unas muy exigentes oposiciones para alcanzar un puesto de menor nivel en la Administración, mientras que cualquiera, con o sin experiencia, con o sin estudios, con o sin trastornos mentales, podría aparecer –cuasi de incógnito- entre una lista de desconocidos elegidos por un líder a su capricho. Luego se sentaría en el Congreso, en el Senado, o en las Cámaras territoriales, para dictaminar las leyes por las que nos tenemos que regir; y, por poner un ejemplo actual, las de este Estado de Alarma, donde parece que el gobierno es un mercado Persa que ha perdido el Norte. Así pues, y sin que nadie les haga el más mínimo examen de capacidad y conciencia, esas personas, a quienes nadie realmente ha elegido, pueden aspirar a llevar el timón de nuestra nave desde las más altas instituciones. Vivir ya cómodamente con prestigio, capital y pensión de por vida, sin, ni tan siquiera, tener que rendir cuentas de su gestión para validar esos privilegios. Es decir igual da que se haya hecho una labor churchiliana, que dantesca; da lo mismo, porque se supone que quien ha sido elegido por el dedo o por el voto, tiene ya derecho a todo, haga lo que haga.

¿Y nos vienen ustedes a hablar ahora de que quieren cambiar la monarquía por una República? Pero, oiga, si ya son todos ustedes virreyes sin corona. ¡Qué nos quieren contar! ¿A quién quieren engañar de nuevo?

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