Médicos, virólogos y científicos valientes deben unirse para contarle al mundo la verdad

El Premio Nobel, Luc Montagnier, asegura que el coronavirus fue modificado en laboratorio añadiéndole unas secuencias del virus del VIH

El Premio Nobel, Luc Montagnier, asegura que el coronavirus fue modificado en laboratorio añadiéndole unas secuencias del virus del VIH

El sistema nos miente, el Gobierno nos miente obligándonos constantemente a recabar información alternativa que nos saque de tanta confusión e incertidumbre. Por eso, el título del artículo es una petición de socorro dirigida a los expertos de buena fe, que han ido informando desde sus tribunas sobre el gran montaje, la gran tela de araña en torno al coronavirus, de la que casi es imposible escapar. Nos engañan por todas partes. El primer ingrediente de esta puesta en escena desinformativa es el miedo, del que ya he hablado en varias ocasiones. El miedo es una emoción maravillosa de supervivencia que nos mantiene alertas. En situaciones de peligro, el miedo nos hace huir, atacar o incluso rendirnos, cuando no hay alternativa. Sin el miedo, no hubiéramos permanecido mansamente en nuestras cárceles durante casi dos meses, y lo que queda. Pero no ha sido un miedo natural, sino insuflado, de mala fe, con el propósito de inmovilizarnos. Pero nada de esto hubiese sido posible sin unos medios de comunicación corruptos y apesebrados que han vendido lo mejor del periodismo por unas cuantas monedas de plata, incluidos los “mediquitos” del estáblisment que se lucen en los programas de entretenimiento. Ellos son los cómplices y colaboradores necesarios en la campaña de intoxicación que los seres humanos reciben en megadosis en sus lugares de confinamiento.

A nuestro gobierno se le llena la boca presumiendo del descenso de la curva. Cantan victoria porque “solo” hay trescientos muertos diarios. Es cierto, a la vez que grave, y también lógico. Si buena parte de los mayores con patologías crónicas ya han muerto, y otra parte no acuden a los hospitales por temor a que los seden, porque han interiorizado que si entras, posiblemente no salgas vivo, porque saben que han estado siguiendo el protocolo denominado “triaje de guerra”, normal que la curva descienda.

Pero después de estas semanas y de tanta palabrería hueca por parte del “comité de sabios” del gobierno, cuyo ministro de sanidad sabe de medicina tanto como yo de colocar persianas, conviene hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué sabemos del coronavirus? ¿Sabemos si es un virus natural, o si, por el contrario, fue modificado genéticamente? Todo apunta a esta segunda opción y, si es un virus de laboratorio hay que preguntarse quién o quiénes trabajaron en ello, quién financió el trabajo y con qué intención. Las respuestas nos llegan por diferentes fuentes, todas ellas de médicos, virólogos o biólogos que hablan libremente, sin tener en cuenta las consignas del sistema. Los Galileo, los Servet o los Tesla son más numerosos de lo que parece. Solo falta que se aúnen y hagan un “todo” para emitir un comunicado que revele la verdad al mundo. “El todo es mayor que la suma de sus partes”.

Los chanchullos del gobierno nos han llevado a la escasez de mascarillas, pero, en cambio, sí tenemos anteojeras y orejeras a discreción y gratuitas, para cumplir con la ley de pensamiento único de la “nueva normalidad” del renovado “ministerio de la verdad” orwelliano de la dictadura socialcomunista. Como no podemos fiarnos de quienes han institucionalizado la mentira, la información hay que buscarla en otras fuentes y es lo que hacemos.

Sobre el origen del coronavirus, hace unos días, el científico Luc Montagnier, Premio Nobel por su trabajo sobre el VIH, dijo en el programa  L’heure des pros de la cadena francesa Tele 7, que el virus o una parte del mismo había sido manipulado en laboratorio. “Hay un modelo que es claramente el virus clásico –dice—, pero a este virus le agregaron unas secuencias del virus del sida. […] Es un trabajo profesional, un trabajo de biólogos moleculares, muy minucioso, se podría decir que de relojero, cuando vemos las secuencias”. Añade que desconoce quién lo hizo, con qué objetivo, y aclara que su intención no es culpar a nadie, sino mostrar los hechos. Deduce que, posiblemente, hayan querido hacer una vacuna contra el VIH y que “tomaron pequeñas partes de este virus y las insertaron en la secuencia más grande del coronavirus”. En caso de que así fuera, nos faltaría saber, cómo llegó a la población. Esta información es muy relevante. Sin embargo, ya los virólogos adscritos al sistema, niegan las palabras de Montagnier y no han dudado en colocarle el adjetivo de “polémico”. De libro. ¡No pueden ser más previsibles!

Hace unos días nos llegaban las palabras del biólogo y médico Rashid Buttar, especialista en medicina preventiva y experto en toxicología clínica de metales. Su planteamiento es mucho menos comedido que el de Montagnier y no duda en poner nombre y apellidos a los diversos puntales de la trama del Covid-19, entre ellos, Bill Gates, el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), de Estados Unidos, el “Deep State” o estado profundo –una especie de estado-cloaca dentro del propio Estado—, la Organización Mundial de la Salud y los medios de comunicación afines, que son casi todos.

De Gates ya hemos hablado mucho en escritos anteriores. Solo decir a modo de recuerdo que es un cáncer en forma humana, un ser maléfico integrante  del team diabólico que tiene en su agenda reducir la humanidad a 500 millones de personas. ¡Y ya han empezado!

Del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades, a pesar de su nombre serio y aparentemente respetable, hay que decir que está muy en entredicho por silenciar y falsear varios estudios a lo largo del tiempo, entre ellos, el que demuestra la relación entre la triple vírica y el autismo, admitido públicamente por uno de los investigadores del Centro, el doctor William Thomson.

¿Y qué decir del inefable presidente de la OMS? Pues que, aparte de ser un genocida comunista, y haber contribuido con dinero público de Etiopía al proyecto “sostenible” de Gates sobre vacunas, Tedros Adhanom Ghebreyesus debe su puesto en la OMS a los votos de China. Sí, ha leído bien: a los votos de China. Estas conexiones son importantes por lo que vamos a decir a continuación sobre las relaciones de Trump, China, Gates y la OMS, con el fin de ir encajando las piezas. El “estado profundo”, conocido como “Deep State” es un grupo dentro del Estado, formado por personajes de diferentes poderes, incluido el militar, auténtico dolor de cabeza para Donald Trump.

Cuando el doctor Butter empezó a investigar sobre el origen del Covid-19 descubrió que el virus formaba parte de una investigación desarrollada en Estados Unidos en 2015, concretamente, en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, publicada en la revista Nature. Estas son sus palabras: “Vi que era, de hecho, una ‘versión quimérica’. Se estaba investigando sobre ello, a pesar de que existía una moratoria del gobierno para evitar investigaciones de este tipo. Por cierto, para que se entienda, investigación quimérica significa que se toma una sustancia natural, en este caso un virus, y se modifica genéticamente, se cambia la configuración morfológicamente para darle más fuerza. Lo que descubrí es que habían tomado la secuencia SHC010 del coronavirus, el componente antígeno superficial y tomado el núcleo del SARS, los habían mezclado, y luego añadido partes del VIH [lo mismo que declaró Montagnier] para crear un virus más virulento y perjudicial”. El texto es mucho más largo y aporta datos muy interesantes en torno a los intereses que se mueven en torno a la corrupción sobre la salud. La clave está en la vacuna para controlar a la humanidad. Por cierto, según Butter, los vacunados contra la gripe dan positivo en el test.

Solo añadir que, aunque la moratoria había entrado en vigor, fueron transferidos a China 3,7 millones de dólares del National Institute of Health, para poder continuar esta investigación.  Es decir, las investigaciones fueron subcontratadas a China. Entra aquí otro de los personajes de esta trama, el inmunólogo Anthony Fauci, a quien Butter acusa de ser uno de los pilares de la falsa pandemia anunciada por Bill Gates en la Universidad de Georgetown. Fauci habría desviado dinero de los contribuyentes para investigar lo que ha llegado a ser el Covid-19.

La restricción de la distancia de seguridad, según Butter, es un disparate, pues no hay ningún virus ni bacteria que salte cuatro metros. Asegura que desafía toda lógica de lo que sabemos de ciencia y medicina. “Y lo que realmente me molesta –añade—es que haya miles de doctores y científicos ahí fuera que saben que esto es un fraude y no están diciendo nada, bien porque temen el ostracismo social o ser señalados y difamados socialmente o tienen miedo de perder su licencia. Y todo científico y doctor que sepa que esto es una tapadera tiene que abrir la boca y hablar”, concluye. ¿Una tapadera?, podrán preguntarse. Sí, en varias ocasiones hemos denunciado que se trata de una cortina de humo para esconder algo mucho más grave que cualquier virus y cualquier confinamiento. La pregunta clave es: ¿Qué se esconde tras el proyecto de vacunación masiva y obligatoria? Dejamos la respuesta en el aire,

Curiosa y afortunadamente, hace una semana, el ministro de Sanidad de Estados Unidos, Gerome Adams, y la Administración  Trump le dieron la razón al doctor Butter al anunciar que Estados Unidos se desmarcaba de las consignas de la OMS, de Gates, de Fauci y del modelo del CDC. La Casa Blanca lo hizo constar en un documento público pidiendo a la OMS que rindiese cuentas sobre todos sus asuntos turbios, al tiempo que se comprometía a investigar la respuesta dada, las falsas declaraciones y el encubrimiento. La desinformación es total, pero, al menos, lo sabemos y es ya algo a favor, aunque estemos maniatados. Todo esto nos lleva a la conclusión de que se trata de una de las grandes conspiraciones contra la humanidad, si no la mayor. En un próximo artículo hablaremos sobre las vacunas que los “amos del confinamiento” nos están preparando y vendiendo como panacea.

Los datos que aporto en este redactado, así como las palabras del doctor Rashid Butter, incluso las del presidente Donald Trump están calificados como sinsentido, bulo, fake o hoax. No importa. Conocemos de sobra a los guardianes de la falsa verdad. Son los alguaciles del sistema, lo que equivale a decir los grandes creadores de bulos. Los mismos que dicen que Bill Gates es el gran benefactor de la humanidad, los mismos que condenaron a los doctores Hamer, Gerson, Wakefield, Bradstreet, Burzynski, por citar algunos, todos ellos apartados de la medicina o duramente reprobados por atreverse a salirse de los postulados de la oficialidad. ¡Es un honor estar en su equipo! Espero que desde el peldaño evolutivo en que se encuentren, en ese más allá misterioso, sigan inspirándonos para defender lo bueno y lo justo para la humanidad, a fin de hacer más fácil el retorno a nuestro paraíso perdido.

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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