Víctor Entrialgo: «El domador»

Víctor Entrialgo: "El domador"

Levanta, siénta, aplaude, calla, vamos, donde vas, quieto, no te escapes, salgo a caminar en mi franja horaria y pienso que Sanchez pretende amaestrarnos como a perros.

Un verdadero lider habría recabado y obtenido nuestro apoyo incondicional en esta pandemia, al menos a un gran parte de la nación, como Marines en la guerra, habría perseguido una cooperación sin fisuras y entusiasta, por más que en otras circunstancias la mayor parte no iría con este señor ni a apañar duros, que no fuera nada más que recogerlos.

Pero este mercachifle repudiado por la Nación desde que tomó el poder con un golpe de mano traidor con separatistas y comunistas, ha chantajeado esta vez a su pueblo indignamente, «O yo o el caos»,  como si fuera De Gaulle, cuando en realidad lo que está queriendo decir es «El Estado soy yo», como Luis XIV.

Este domador del triste circo que tiene montado, ayudándose de carne cruda para comprar televisiones y autonomias, de un látigo para mantener las distancias y de la cacatúa de Adriana Lastra en el hombro, nos intenta adiestrar, dormir y mantener encerrados mientras busca el dinero que se había gastado en pescado para focas y abusa por las noches del Estado de alarma en oscuros recovecos del Boletín oficial.

Como un pésimo adiestrador de obediencia canina, rectifica cada día sus confusas órdenes e incumpliendo las cartillas reglamentarias de este virus rotweiller y la realización de test fundamentales que primero prometió, no los ha hecho ni entre los sanitarios que siguen jugándose el pellejo, dejó morir como perros a miles de ancianos en las residencias y ahora nos saca a la calle a los demás como conejillos de indias.

Entre tanto, vestidos con su coraza de ideología dinosauria, Pedro y Pablo se preparan para bunkerizarse en Piedradura porque les va a llegar un tsunami de querellas, demandas y responsabilidades históricas y políticas que pedirán su inhabilitación para cualquier cargo público porque, desgraciadamente, las reclamaciones de responsabilidad patrimonial por el trágico desastre que han liado las tendrá que pagar el Estado, o sea, el dinero público que según la vicepresidenta que daba clases de Derecho constitucional no se sabe donde ni gracias a quien, no es de nadie.

Al margen de los intereses de esta partitocracia profesional y en palabras del propio domador, este país no se merece un Gobierno que le mienta y el pueblo soberano tiene derecho a su dignidad, a no ser tratado como una mascota atada y con bozal, y al resto de derechos constitucionales, entre ellos a conocer quienes son los expertos que determinan su limitación de derechos fundamentales y a saber, primero, si detrás del Gobierno hay siquiera alguien serio y, segundo, qué parte de la expresión ¡Sanchez vete ya!, usted no entiende.

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