Victor Entrialgo De Castro: «El escrache del Gobierno»

Victor Entrialgo De Castro: "El escrache del Gobierno"

El egoísmo es como los escraches. Todo el mundo ve el de los demás pero nadie ve el suyo propio. Eso sucede porque en este país todo el mundo va a lo suyo. Menos yo, que voy a lo mío.

La gran responsabilidad de lo que está pasando y de lo que está por pasar es, yo no tengo duda, de quienes consentidos primero por su infancia y luego por una legislación defectuosa, asaltaron el poder a espaldas de la Nación. O, cuando menos, de una gran parte de la Nación. Y la legislación pretendidamente garantista es tan estúpida, que permite alcanzar las magistraturas más importantes del Estado a quienes se proponen dinamitarlo.

Para renovar el carnet de conducir, la Administración te pide que superes un examen psicotécnico. Pero para conducir el Gobierno de cuarenta y siete millones de ciudadanos puedes hacerlo con la patología que tengas que es, justamente, la que lleva a ciertos individuos a desear el poder de imponer a los demás sus escasos valores y sus pobres ideas, incluso sin valores y sin ideas, por oscuras y misteriosas razones envueltas en su biografía o en su genética, de lo que no tenemos la culpa.

Individuos y gobernantes omnipresentes con la ayuda de las televisiones cómplices, a los que el pueblo, al margen de las organizaciones políticas que han laminado con la defenestración o su amenaza, rechaza visceralmente.

El miedo de perder sus canonjías de un montón de cargos agradecidos que no comulgan con sus tiranos sostiene sin embargo en el poder a estos individuos problemáticos -que no resuelven los problemas, porque son el problema-.

Con ayuda de una pequeña guardia pretoriana de palmeros de pura risión, estos personajes tomaron el Estado por asalto con desprecio absoluto al soberano, gestionando su miedo paranoico a la democracia y la contestación, miedo lógico conociendo el puño de hierro que han utilizado para llegar donde están.

Fruto de aquel golpe nació un gobierno débil, que está dando sus últimos coletazos. La patética gestión del coronavirus va a acelerar el proceso pero éste gobierno sietemesino nació ya débil. Envuelto en sus ambiciones y contradicciones durará lo que el pueblo quiera, porque con tres cuartas partes de la Nación en contra no se puede gobernar. La legalidad constitucional ha de interpretarse de acuerdo con el espíritu y finalidad de aquellas. Y a mayor abundamiento, hay una legitimidad política y una legitimidad moral.

España desde fuera es incomprensible. Nuestro ser original, creativo y afectivo que es el que admiran fuera, el que visitan anualmente millones de turistas del mundo entero que ahora tenemos que recuperar, el de aquel otro Mayo, capaz de abrazos como el de Vergara, dilapida sus mejores virtudes en enfrentamientos cainitas en lugar de hacer un frente común desde la unidad, para tratar con el mundo.

Cuando lo hizo, construyó el mayor imperio conocido. Pero de vez en cuando, salen a pasear unas moscas cojoneras que nos roban, entre otras cosas, el papel que nos corresponde en el mundo.

Y ahora, en el circo de las fieras y las moscas cojoneras, llega el triple salto laboral de los monos y el escrache que nos está haciendo el Gobierno. Aparte de la pandemia y su mala gestión los españoles luchamos contra un vicio, como sociedad, mucho más dañino. En lugar de aunar a la sociedad y a la Nación, éste Gobierno facineroso que va a lo suyo y nos está haciendo a los españoles un escrache permanente, ya no puede dividirla más.

Y además seguimos perdiendo, como siempre, un tiempo precioso.

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