Anián Berto: «Con la iglesia hemos topado y mejor no tocar a quiénes dan ‘todo por la Patria'»

Anián Berto: "Con la iglesia hemos topado y mejor no tocar a quiénes dan 'todo por la Patria'"

Lo peor que le ha podido ocurrir a este Gobierno es producir una crisis con la Guardia Civil. Única Institución que ostenta el título de Benemérita, por sus servicios meritorios, premios y agradecimientos. Además cuenta con la Gran Cruz de la Orden de Beneficencia, cumple 175 años defiendiendo a la sociedad y el «honor es la principal divisa». Sobretodo, en esta ocasión, el Coronel Jefe de la Comandancia de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, cumplió con la ley y obligación de entregar el informe respecto a las manifestaciones del 8-M a la juez, lo que le ha supuesto el cese inmediato por parte del intrépido Ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska, que supuestamente podía haber obligado a cometer un delito al militar, que actuaba cómo policía judicial, si hubiera cedido a las presiones políticas, incluidas llamadas de la actual Directora General del propio Cuerpo, María Gámez Gámez, que por cierto ha hecho mutis por el foro y se encuentra en paradero desconocido.
Con la iglesia hemos topado debió pensar el presidente Sánchez y mejor no tocar a quiénes dan ‘todo por la Patria’.

Es posible resumir el sentido de este artículo con una frase viral que dice, ‘lo que le pasa al país es que la solución está en manos del problema’. Unas palabras oportunas que puede ser apostilladas por, ‘es difícil liberar a los necios de las cadenas que veneran’ (Voltaire).

Qué la izquierda fanática radical controla, persigue y silencia a nuestra Democracia ya no es noticia. Qué Sánchez e Iglesias odian a la Guardia Civil, es público y notorio.

La oposición lo denuncia a diario, la prensa que aún demuestra ser libre y valiente, no la maniatada y subvencionada, machaca el asunto con desparpajo e informa de los despropósitos abusivos de  unos personajes que arrasan en barra libre, mientras los ciudadanos comprueban que esto se va a pique, si el pueblo no lo remedia y el tiempo no lo impide.

Para colmo de males, el coronavirus además llegó en las peores circunstancias, aunque nunca hubiera sido bienvenido. El Covip-19 ha contribuido a producir varias depresiones, siendo lo más dolorosa la pérdida de 30.000 compatriotas, sin olvidar el hambre, la psicosis social y el distanciamiento humano de ‘la nueva normalidad’ o normalidad protegida.

Antes y durante la máxima dureza del contagio, los adeptos correligionarios (estómagos agradecidos) del Gobierno repudiaban las críticas en contra del Ejecutivo, ‘no es el momento’ decían los prosélitos. Siempre sostuve que no sería ‘el momento’ de hablar de política, pero sí de políticos que componían el cartel. La plantilla ya apuntaba maneras, destacando la terna de cabecera. Unos misántropos que traen los deberes hechos de casa, sólo se trataba de acoplarlos a la ruta a seguir, tienen altura de miras y programan a lo lejos. Es decir, cuando yo iba ellos venían.

La inepta gestión y sigilo de un Gobierno que aprovecha para decidir apretar y lograr la inmovilidad de la ciudadanía.

Con nocturnidad y alevosía estos «politólogos» lo tienen claro, derrumbar la Constitución, terminar con el Estado de Derecho y finiquitar la Monarquía Parlamentaria. A paso firme, cálculos exactos y sin dar puntada sin hilo. Unos auténticos estrategas de la mentira y la exasperación.

Lo cierto es que no es la primera vez que nos encontramos con una España crispada y dividida por provocadores a la paz, engañifas de masas e irracionales que no piensan en los demás.

La Historia habla de 53 guerras donde se han visto implicados los españoles en los últimos 400 años, en unos  casos civiles y otros aliada con otras naciones. Un triste récord mundial que no es fácil de arrebatar. A estas alturas parece que los podemitas alentados por el social-engatusador Pedro Sánchez, han perdido la brújula de los cuatro puntos cardinales de la piel de toro y menosprecian el conflicto bélico, qué comienza siempre con la pérdida de memoria, ideas revolucionarias y falta de respeto a la vida humana, sobretodo a la de los demás.

Seguramente la cifra de contiendas resulte espeluznante, inverosímil o exagerada, pero son escasas, ciertas y buscamos más. Una guerra no es sólo oír el sonido de las balas, el rugir de los aviones o los barcos bombardeando a tutiplén, también es inmundicia y horripilante lo que se oye en la casa de todos, la palabrería fácil de odio, desprecio e hiriente en el Congreso de los Diputados. El Gobierno de Sánchez ha ‘desenterrado’ el hacha de guerra, tras la dura reconciliación del 78.

Conflicto bélico es seguir una hoja de rutas con el propósito de doblegar la idea de una nación próspera, ser irrespetuoso con el esfuerzo de todos y no sentirse consciente que España sólo nos pertenece durante un corto espacio de tiempo, que también fue propiedad de nuestros antepasados y tendrá que serlo de próximas generaciones. Una trilogía razonable para profesarle el máximo respeto. El ayer, de muchos que nos han dejado, el hoy de unos pocos que nos ningunean, engañan, destrozan esperanzas y mañana donde estas próximas generaciones tendrán que recurrir a la Historia para comprender que un «aprendiz noviciado de caudillo» rompió lo que tanto sudor y sangre nos costó conseguir, a los de antes y a los actuales y que tendrán que reconstruir ellos. Romper es fácil, crear sólo está al alcance de gente de buena voluntad.

Son muchos los frentes que auguran malos presagios, desde la composición de este Gobierno, diridigo por Pablo Iglesias, con un curriculum de cambios brillantes, siendo el más destacado el traslado de su modesto piso del barrio madrileño de Vallecas al casoplón de Galapagar. Euskal Herria Bildu de Arnaldo Otegi, ex-terrorista y ahora político, los separatistas Carlos Puigdemond, que huyó de la justicia española y dejó tirada la República catalana, o Joaquín Torra condenado a un año y medio de inhabilitación, Gabriel Rufián embajador de truanes desconsiderados, la alcaldesa Ada Colau, que no traga a los militares españoles ni a España. Todos ellos (y ellas), más los políticos presos, zarandean y agitan a la sociedad española. Y enmedio aparece Pedro Sánchez, que tras cambiar el Peugeot-407 por el falcon, ahora sueña con estos angelitos en su colchón de Moncloa.

Sin duda mucho chorizo para tan poco pan. Un gobierno de coalición con 22 carteras, un séquito de asesores, técnicos e infraestructuras imposible de soportar por los, cada vez menos españoles, que trabajan, cotizan y se levantan a las 7 de la mañana.

Terminaré con frases del célebre filósofo y escritor francés ya citado, ‘es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado’ pero, ¡¡ Dios mío líbrame de mis amigos. De mis enemigos ya me libro yo !!.

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