“Frialdad e insensibilidad en las relaciones interpersonales”, una característica del perfil psicopático de Sánchez

El perfil psicopático del dictador Sánchez

El perfil psicopático del dictador Sánchez

Cuando mis análisis políticos van demasiado lejos de lo evidente o parecen exageraciones con cierto tinte catastrofista, acostumbro a decir que nada me gustaría más que no tener razón. Ojalá yo fuera una consumada pesimista empeñada en ver la negritud de las cosas, incapaz de ver todo lo bueno que nos brinda este equipo socialcomunista que tenemos por gobierno. Pero no. La realidad es incluso mucho peor, como demuestra el día a día de los aconteceres. Anunciamos, incluso antes de empezar la legislatura, que entrábamos en una etapa nunca antes vivida, con seres despiadados carentes de ningún valor elogiable. Dije hace tiempo que Pedro Sánchez me parecía un perfecto psicópata, a la vez que sociópata, personalidades que cumplen prácticamente los mismos criterios diagnósticos. Es cuestión solo de matices relacionados con la impulsividad y la planificación, pero incluso en estos, Sánchez se ajusta a los dos perfiles. Me hubiera gustado que esto se quedase, más que en un dictamen psicológico, en una ligera manera de hablar haciendo uso de una hipérbole poco afortunada. Sin embargo, no es la mía una opinión aislada. Muchos profesionales se decantan por esta catalogación, y no me estoy refiriendo al informe bulo que circula por las redes estos días de un supuesto psiquiatra muerto.

No hay que tener demasiados conocimientos en psicología para analizar lo que a diario vemos de Sánchez, desde que llegó a la política, pero mucho más claro y exagerado desde el asalto a la Moncloa a través de una fraudulenta moción de censura. Por si a algún lector le ha pasado inadvertido o cree que exageramos, vamos a señalar algunas de las características del presidente. Los psicópatas se caracterizan por su  egocentrismo patológico. No cabe duda que Sánchez, acostumbrado a que le llamen el guapo, se cree el centro del universo. En poco tiempo se ha hecho el dueño y señor del Partido Socialista hasta el punto de no tener disidencia. Los barones se han convertido en meros monigotes. Eso lo consigue debido a su frialdad e insensibilidad en las relaciones interpersonales, otro de los criterios diagnósticos de la psicopatía. Hablar de su falta de empatía no es ninguna novedad. La ausencia de sentimiento de remordimiento o vergüenza es otra de las características que definen a Sánchez. Uno de los puntos que llaman la atención de los analistas es su juego al estilo de  “mago” de la política a la hora de planificar el futuro, como si estuviera ante un tablero de Monopoly, más que tratando con leyes, instituciones y personas. Nunca le hemos visto avergonzarse de sus mentiras ni reconocer que se ha equivocado. Esta tendencia la podemos enmarcar en el comportamiento tendente a la fantasía, tan propio de psicópatas y sociópatas. Otros criterios diagnósticos están relacionados con comportamientos en la esfera íntima y familiar, los cuales desconocemos y además no nos incumben.

Continuando con Sánchez, me gustaría hacer una interpretación psicológica sobre lo que varios analistas definen como “surrealismo en la comunicación”, por parte del Ejecutivo, debido a su falta de seriedad o de coordinación en la transmisión de sus comunicados, por sus continuas rectificaciones y aclaraciones obligadas. La sociedad se está acostumbrando a que las palabras de un ministro sean desmentidas por la portavoz, y al revés; que las del presidente las matice el responsable de salud, las de la portavoz las desmienta el ministro X, y las del presidente no sean las que refleja el BOE. Hemos visto cómo la mascarilla no era necesaria, y ahora es obligatoria incluso para dormir, y lo mismo con las actividades de las diferentes fases de la desescalada o las franjas horarias para salir a la calle. Está claro que estamos ante un gobierno mentalmente inestable. Pero ¿por qué el Gobierno es tan poco preciso en la comunicación? ¿Lo hacen porque, realmente, no se aclaran? ¿Estamos ante un atajo de irresponsables que improvisan sobre la marcha? En parte sí, pero analizando el plan de ingeniería social sin precedentes que se está  llevando a cabo en la sociedad, me inclino a pensar que los desmentidos y rectificaciones pudieran estar hechos a conciencia, formando parte de una estrategia de manipulación, lo cual indica que las indicaciones no serían de creación propia, sino de think tank.

Cuando se empezó a estudiar la esquizofrenia surgieron diferentes teorías sobre su origen, algunas ya obsoletas como la de doble vínculo, elaborada en la escuela de Palo Alto, que consiste fundamentalmente en el dilema en la comunicación de contenidos y las consecuencias de los mensajes contradictorios repetitivos. En la actualidad, esta teoría ha superado los límites de la esquizofrenia, y la comunicación por dobles vínculos o mensajes contradictorios es empleada como técnica de manipulación y control. En el ámbito individual, los mensajes contradictorios suelen ser emitidos por personas que ejercen poder sobre el receptor. Pueden emitirse de manera consciente o inconsciente, pero tanto en un caso como en otro, pueden ser disparadores de patologías importantes. Los mensajes contradictorios causan desconcierto y bloqueo en el receptor, que no sabe a qué atenerse, y entra en juego el factor miedo, ingrediente muy presente en las técnicas de control y dominio. Los mensajes contradictorios son tóxicos y producen sentimiento de culpa, por no saber cómo actuar ante la orden dispar, y eso desencadena estados de tristeza crónicos, baja autoestima y ansiedad. Es decir, todos los ingredientes para disparar el cortisol, debilitar el sistema inmunitario y dar la bienvenida a la enfermedad.

La técnica de los mensajes contradictorios empleada por el gobierno socialcomunista contra la sociedad más que causar risa o ser motivo de chascarrillo, bien merece una reflexión. Sánchez está consiguiendo colectivamente lo mismo que acabamos de expresar refiriéndonos al ámbito individual, con el añadido, además, de mensajes explícitos y subliminales, como el «yo me quedo en casa», mil veces repetido por las celebrities de turno y demás voceros televisivos, o mensajes de optimismo engañoso, como «entre todos lo conseguiremos» o «vamos a salir reforzados», prometiéndonos las rejas de la «nueva normalidad». A esto hay que añadir la responsabilidad atribuida al ciudadano, del tenor de «si nos portamos bien» tendremos premio, pero si nos portamos mal y nos saltamos el confinamiento, entonces tendremos que volver a ser castigados. Y la sociedad aguanta sumisa porque está enfermando y las defensas están muy debilitadas. Las consultas de los profesionales de la salud están repletas. Eso quienes pueden pagar terapias privadas. Muchos incluso piden cita sin saber para qué. No se sienten bien, están raros, y esto si es un motivo para pedir ayuda. Si no tomamos conciencia, la salud mental de los españoles está en un grave peligro. Y en este momento necesitamos estar sanos para enfrentarnos a todos los ataques, los presentes y los futuros. Recuerdo ahora la frase que me dijo una venezolana hace dos años: «Éramos felices y no lo sabíamos». Eso mismo podemos decir los españoles de este junio de 2020. Pero venceremos. La resistencia está más activa que nunca. Aunque la sombra aún sea mayor que la luz.

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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