Juan de Dios Ramírez-Heredia: «Nosotros tampoco podemos respirar»

Juan de Dios Ramírez-Heredia: "Nosotros tampoco podemos respirar"

Ha sido un lamento desgarrador el que con dificultad ha salido del cuerpo moribundo de George Floyd cuando, aprisionado contra el suelo, un policía le apretaba el cuello con su rodilla. “No puedo respirar”. La presión ejercida en la garganta del pobre ciudadano negro, ―Permítanme que yo no caiga en la ridiculez de decir “afroamericano” como si llamarle “negro” a quien lo es, fuera un insulto―,. de la misma manera que me solivianta la muletilla que utilizan algunas personas cuando al hacer mención de nosotros dicen “de etnia gitana”. Debe parecerles que llamarnos así, cosa que científicamente parece indudable, sea menos insultante que decirnos simplemente “gitanos”, que eso es lo que somos. Como digo, la fuerza bruta que el policía ejercía contra la garganta de George Floyd, que estaba absolutamente indefenso e inmovilizado contra el suelo, fue tan bestial que estuvo agonizando durante nueve interminables minutos al final de los cuales expiró. Descanse en paz este hombre bueno cuyo nombre ocupará un lugar de referencia allí donde habitan los héroes defensores de la igualdad entre todos los seres humanos, aunque ellos pagaron con sus vidas la cruel indefensión a que fueron sometidos.

¿Quién era George Floyd?

Este era un ciudadano bueno en el sentido machadiano del término. Deportista durante buena parte de su juventud, nacido en Carolina del Norte, ocupó un puesto de relevancia en el baloncesto y en el futbol americano. Era un chicarrón fuerte y cuando se fue a vivir a Minneapolis empezó a trabajar como guardia de seguridad.
Tenía una hija de seis años que nunca entenderá por qué unos desalmados le robaron de forma tan cruel a su padre. La hermana del pobre George, Bridget Floyd ha dicho que él era un hombre muy creyente y temeroso de Dios.

Así lo han confirmado sus amigos y todas las personas que lo han tratado que coinciden en describirle como una persona de enorme bondad y dulzura. Harbour Light es una institución que da refugio a personas sin hogar. El bueno de Floyd trabajó en esta obra con gran dedicación y el director de la misma, Brian Molohon, no ha dudado en declarar que “tenía un corazón que se preocupaba por todas las personas y en especial por las de nuestra comunidad”. Finalmente quiero señalar el testimonio que de este mártir ha ofrecido Stephen Jackson que durante tantos años fue estrella de la NBA. Ha dicho que George Floyd era para él como su hermano gemelo en el que reconocía su buen comportamiento.

¿Qué delito cometió este infeliz que le llevó a la peor muerte por asfixia?

Intentar pagar con un billete de 20 dólares, lo que equivale a 17,71 euros, algo que compró en un “Super” cercano a la parada del autobús. Cuando Floyd salió tranquilamente del establecimiento, el vendedor que le atendió creyó que el billete era falso y llamó a la policía que velozmente se personó en el lugar. Allí estaba tranquilamente Floyd ignorante de lo que se le venía encima que no era otra cosa que cuatro policías sin alma, uno de los cuales era el jefe de la cuadrilla, que auxiliado de sus ayudantes se abalanzaron sobre él, le esposaron y le tiraron al suelo bocabajo.

Floyd estaba tranquilo. No tenía conciencia de haber cometido ningún delito. De lo contrario se habrá alejado rápidamente del “Super”. Creemos que los expertos del Ministerio de Hacienda determinarán la supuesta falsedad del billete. Sin embargo, lo que nadie podrá determinar ya es si Floyd lo sabía o no, y menos aún como llegó ese billete de 20 dólares a su poder. Floyd está muerto. Eso ya solo se lo podrán preguntar Martín Luther King o Nelson Mandela que serán desde hoy sus compañeros de eternidad en el Paraíso.

Cuando unos policías se convierten en peligrosos animales salvajes

Quiero cuidar con suma atención mi lenguaje para no caer en generalizaciones tan falsas como injustas. Así lo he hecho tantas veces como he tenido que intervenir para denunciar y conseguir que se les condene a policías, guardias civiles o guardias urbanos cuando han actuado criminalmente contra nosotros, los gitanos. Mi acción denunciadora contra estos individuos siempre ha sido contra personas concretas que tienen nombre y apellidos, aunque hayan vestido indignamente un uniforme que debe merecer nuestro máximo respeto y consideración. Y es que no podría ser de otra manera. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tienen como misión proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana mediante el desempeño de las funciones que les atribuye la Ley Orgánica 2/86, de 13 de marzo en cuyo artículo 11 se detallan puntualmente cuáles son sus competencias.

Libérenme de que me explaye aquí poniendo de relieve los grandes aciertos de la policía y del resto de los cuerpos de seguridad del Estado, cada vez que se han colocado al frente de los defensores del orden institucional que nos hemos dado los españoles. Como nos ha enseñado Hans Kelsen, padre del Positivismo Jurídico, el Estado de Derecho es inviable si detrás no está la policía para hacer cumplir las leyes.

Por simplificar, dicho todo lo anterior convendrán conmigo que siendo los miembros de las policías seres humanos, como usted y como yo, los hay buenos y malos. Como los americanos, los rusos, los europeos o los gitanos. En el seno de todas las comunidades hay garbanzos negros que se distinguen por su mal comportamiento, lo que no empece para reconocer que son mucho más peligrosos los garbanzos negros que hay en las policías porque sus miembros, legalmente, tienen una porra y una pistola.

Los policías malos deben responder de sus actos

No nos engañemos. El balance hasta hoy es sumamente desfavorable para quienes denuncian agresiones injustificadas de la policía. La policía siempre dice la verdad, lo que es manifiestamente falso. El principio de veracidad de que gozan los agentes de la autoridad se funda en el art. 52 de la Ley Orgánica 4/2015 de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana, donde, entre otras cosas, se dice que “…

las denuncias, atestados o actas formulados por los agentes de la autoridad en ejercicio de sus funciones que hubiesen presenciado los hechos, previa ratificación en el caso de haber sido negados por los denunciados, constituirán base suficiente para adoptar la resolución que proceda, …” Por suerte este procedimiento admite la presunción “iris tantum” que es la que se establece por ley y que admite la prueba en contra de lo que las policías puedan asegurar como verdades indubitables.

El Parlamento Europeo ya se ha pronunciado sobre la brutalidad policial a instancia de un grupo de Diputados entre cuyos firmantes figura el Diputado español Juan Fernando López Aguilar. El Parlamento pide a los Estados miembros que garanticen el derecho de los ciudadanos a la igualdad de acceso a la justicia y condena a los Estados miembros por ralentizar los procedimientos destinados a garantizar la justicia para las víctimas de delitos motivados por el odio, especialmente los perpetrados por agentes de policía.

Esta vez el crimen cometido no quedará impune

Y no quedará gracias a la grabación que hizo un espectador con su teléfono móvil y que ya ha sido visto por millones de personas. ¿Qué tribunal no se conmoverá cuando vea y oiga este dramático relato:

Cuando el policía Derek Chauvin aprieta con su rodilla el cuello de Floyd contra el suelo, el desgraciado detenido dice:

― «Por favor, no puedo respirar, no puedo respirar»

Un ciudadano presente que contempla la escena se dirige al policía diciéndole:

― «Lo tienes abajo, déjalo respirar».

Otro espectador dice: «Uno de mis amigos murió de la misma manera», a lo que Floyd responde: «Voy a morir de la misma forma». Floyd continúa llorando y dice: «No puedo respirar” quite «La rodilla en mi cabeza, no puedo respirar»

Alguien (identificado como uno de los policías) le dice a Floyd que «se levante y suba al coche». Floyd le responde: «Lo haré, pero no puedo moverme» En ese momento Floyd lanza un grito desgarrador llamando a su madre:

― «¡Mamá!, ¡mamá!» Me duele el estómago, me duele el cuello, me duele todo», y pide un poco de agua. La policía no le responde. Finalmente, Floyd ruega: «No me mates».

Varios espectadores insisten en que el policía levante su rodilla del cuello de Floyd. Se oyen comentarios como los siguientes:

― «Sácalo del suelo… Podrías haberlo metido en el coche ahora. No se resiste al arresto ni nada. Lo estás disfrutando. Mira tu lenguaje corporal».

Llegado a este punto nosotros tampoco podemos llorar. Y elevo una oración al Dios de la justicia para que el castigo que caiga sobre este monstruo vestido con un uniforme que ha mancillado, sea ejemplar y ponga freno a lo que, desgraciadamente se repite demasiadas veces también aquí en el territorio de la Unión Europea.

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