MUCHAS VACUNAS TIENEN COMPONENTES TÓXICOS, METALES Y MATERIAL GENÉTICO

La farsa de la epidemia continúa, el bozal se impone hasta la vacuna, y de la Red 5G nadie se atreve a hablar

La vacuna debe ser voluntaria, como todos los tratamientos

La farsa de la epidemia continúa, el bozal se impone hasta la vacuna, y de la Red 5G nadie se atreve a hablar

La diferencia entre ser y estar. No es que la sociedad sea tonta, simplemente, está atontada, manipulada, anestesiada, domesticada y, sobre todo, es víctima de la incertidumbre, la inestabilidad, el estrés, la ansiedad y el miedo, ingredientes todos ellos para la claudicación y la aceptación de ser un auténtico rebaño estabulado, camino del matadero. En eso nos quieren convertir –y van por muy buen camino—, en pobres seres sin ideas propias, sin capacidad de discernimiento, dispuestos a aceptar sin rechistar, a tragar las ruedas de molino que fabrican desde la cantera del “miniver” de los centros de poder. El deber del ciudadano del Nuevo Orden Mundial, denominado ad hoc la “nueva normalidad”, es obedecer. La consigna es: “No pienses, obedece. El gobierno piensa por todos”. Incluso tendremos un carné de puntos –no de circulación—sino de valores cívicos, en función del buen cumplimiento de las normas, de las denuncias del vecino o de la disidencia política. ¿Increíble? Pues en China ya existe. Afortunadamente, medio camuflados entre esta humanidad que milita en el sopor, los despiertos alzan voz y estandarte mostrando el camino de la liberación.

Pero seguimos en Babia, suspirando por lo que perdimos, sin pensar en lo que estamos a punto de perder si seguimos mirándonos el ombligo,  actuando individualmente y no despertamos. Es la humanidad la que está en peligro: ricos y pobres, blancos y negros, hombres y mujeres, musulmanes y cristianos. La mayoría de la población no se ha percatado del gravísimo problema en el que estamos inmersos, y no me estoy refiriendo a ningún virus, ni a ninguna pandemia –aunque la guerra bacteriológica siempre penderá sobre nuestras cabezas—, sino a la instauración de una dictadura mundial, tal como venimos denunciando desde hace años. ¡Despertemos! Hay que enfrentarse a este plan globalista.

La sociedad cree que pasados unos meses de seguir consignas y leyes asfixiantes y absurdas, si somos buenos, recuperaremos nuestros derechos y libertades. Están muy equivocados quienes así piensan. Aunque, por lo que estamos viendo, gran parte de la sociedad estará encantada de llevar grilletes, bozales, trajes de neopreno y bufanda en agosto, porque su naturaleza  gregaria le hace creer a pies juntillas los dictámenes de los llamados “expertos” y “técnicos”, al servicio del poder. Eso sí, que todo este material de “seguridad” sea subvencionado. La economía lo primero.

Lo peor de todo es que no hay un solo medio de comunicación que siga una línea verdaderamente informadora sobre lo que esconde esta epidemia: cuál es su origen, su finalidad y a quién beneficia. Todos sin excepción, no importa la línea editorial, se pierden en pormenores sobre las desescaladas, los test, los  contagios, el posible rebrote en otoño, y mil detalles más que  conducen a poco, como no sea a afianzar las tesis del gobierno mundial, del que Sánchez es solo un peón, útil, pero peón desechable cuando convenga. Algunos medios están empeñados en conocer el número de muertos y en buscar al culpable. Incluso se hacen eco de los “pocos” o “cero” muertos diarios, señal inequívoca de que “nuestros amos nos cuidan bien”. Puede ser loable, en cierta medida, pero ¡basta ya de ser meros replicantes de los partes de guerra! ¿No hay muertos por ictus, por infartos, por cáncer o por fallos multiorgánicos? Sobre los fallecidos, quiero decir una vez más que no todos fueron por coronavirus, sino por enfermedades diversas, unos con Covid y otros no. Pero había que vestir la pandemia –sí, vestir la pandemia—, porque era necesario cerrar el Parlamento y gobernar a base de decreto ley. Había que hacer una criba de viejos, por eso tenían tanta prisa en legalizar la eutanasia, aunque los socialistas ya tenían experiencia en sedar por la puerta de atrás. Y en los primeros quince días se sedaron mayores a mansalva, y otros fallecieron hiperventilados, por mala praxis, por imprevisión, porque no tenían ni idea, o por otras razones.

Dicho esto, me pregunto se alguien con mediana capacidad de análisis cree realmente que nuestro principal problema de salud es el Covid-19. En mi opinión, el virus fue la disculpa para confinarnos, dejarnos sin sol, bajar nuestra autoestima, destrozarnos mentalmente, arruinarnos económicamente y obligarnos a depender del Estado, y este de los bancos internacionales. El plan no viene de Sánchez, sino de mucho más arriba. Eso sí, él se encuentra en su salsa, mandando, disponiendo y gobernando. Hay que ser un psicópata con diploma para disfrutar como él lo hace con nuestra desgracia.

Otra cosa que llama la atención es que ningún medio disienta sobre el uso del bozal-mascarilla, haciéndose eco, primero de su simbolismo, y segundo, de las consecuencias para la salud, según opiniones de médicos y científicos, mucho más cualificados que los asesores oficiales. La máscara nos roba la identidad, nos hace anónimos, recelosos, desconfiados, nos obliga a ser desconocidos para nuestros semejantes, a la vez que enemigos y un peligro potencial. ¡Bozal hasta que tengamos acceso a la vacuna! La vacuna se ha convertido en el mantra de moda. Y a eso hay que negarse, simplemente, porque no nos fiamos. A saber qué contendrá esa planificada inyección. Pero de esto tampoco se habla. La prensa tiene cierto remilgo a la hora de hacerse eco de las investigaciones sobre vacunas. Por ejemplo, la que encargó el Parlamento italiano en 2017, tras regresar sus militares de las misiones de la ONU padeciendo múltiples enfermedades, cánceres incluidos. Todos habían sido sometidos al protocolo de vacunación. El resultado de la investigación reveló que contenían más de sesenta tóxicos. El hecho motivó que Italia abandonara el plan de vacunación obligatoria, concertado con el gobierno de Obama. Los estudios del nanopatólogo Stefano Montanari, experto en nanopartículas en las vacunas son muy clarificadores. O la opinión de científicos de varios países y de la propia ONU en la conferencia internacional sobre “Seguridad global de las vacunas”, celebrada en diciembre pasado, donde no solo admitieron los daños que están causando las vacunas, sino que uno de los participantes, el doctor Martin Howel Friede, habló de la reactogenicidad debida a coadyuvantes recientes como el ASO1 y otros, sobre todo los derivados del saponín. Curiosamente, el autor de esta declaración falleció asesinado un mes después. Ignoro si los dos hechos guardan relación. Sin embargo, nuestra prensa y nuestros políticos, confiados en que la sociedad permanece a espaldas de estas noticias, lo pasan por alto y siguen la inercia de darle la bienvenida a las vacunas sin cuestionarse nada. Como sea. Incluso sin haber pasado el periodo reglamentario de investigación, que oscila entre cinco y diez años. El ciudadano tiene derecho a conocer las diferentes opiniones y estudios sobre algunas vacunas y sus componentes tóxicos, causantes incluso de enfermedades y síndromes de difícil remisión, como el autismo, atribuido, según los estudios, a la triple vírica (SPR). Estudios que, por supuesto, no son pagados por la GlaxoSmithKline, la Merck o por la fundación Bill &Melinda Gates, de ahí los resultados. Sin embargo, a los médicos les está prohibido relacionar las vacunas con síntomas del espectro autista e intentar curar a niños saliéndose de los protocolos oficiales. De hecho, no hace mucho, una pediatra fue inhabilitada por el Colegio de Médicos de Madrid por este motivo. La vacuna contra el papiloma humano (VPH) también lleva ocasionadas muchas de muertes y cientos de patologías incapacitantes. Hay varios procesos abiertos por parte de asociaciones de afectadas. Encarnizada lucha entre David y Goliat. Es la lucha entre el bien y el mal, pero la luz se impondrá a las tinieblas. Estoy segura.

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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