José Luis Palacios: “Manuel Castell y sus sueños olvidados”

Manuel Castell

El Ministro de Universidades ha defendido en el Senado que la docencia presencial es el modelo de enseñanza a seguir, ¡perfecto!; y su última bromita verbal ha sido decir que «lo de tocarse a los estudiantes les va muy bien». El prestigioso profesor universitario y sobresaliente escritor, de libros gemelos, confirma con sus declaraciones, “irónicas y sibilinas”, que el “grado del puesto” que se ocupa en la Administración, que no la edad, fomenta el número de tonterías que se regalan a la ciudadanía, y que él, en su trabajo sudoroso de Ministro, emula a la perfección a los estudiantes. ¡Se toca la nariz con las dos manos!

El Ministro, Manuel Castell, tiene la oportunidad, por el cargo que dicen que ocupa, de bromear menos y trabajar más para hacer realidad sus “sueños olvidados”.

En septiembre de 2018 publicó el artículo “Tesis”. En esos renglones de sabiduría que nos dispensó, leemos: “No sé mucho de muchas cosas, pero si de algo sé es de tesis. Por la simple razón de que he dirigido a lo largo de mi larga vida 114 tesis doctorales…”

Utilizado un sistema de cálculo simple, “Lastra mejorado”, obtenemos unas 3 tesis por año, esto es si le “colgamos” al ministro 40 años de “trabajos forzados” como docente y formando parte de los tribunales de evaluación; parece mucho trabajo, pero si él lo dice.

Y siguió: “Las tesis valen o no valen en función de la categoría de las universidades, de los departamentos que las procesan y de los profesores que las juzgan”.

Si asumimos la afirmación, la mayoría de las tesis doctorales defendidas por los políticos españoles recientes y por “colegas doctores” próximos a la política, por eso de los datos fidedignos que nos proporciona “TESEO”, podríamos quemarlas casi todas por San Juan.

Más tarde dice: “…En concreto, todas las universidades que se precien deben asegurar la accesibilidad sin restricciones a las tesis doctorales (y de paso, a las minitesis de maestrado)…”

El Real Decreto 99/2011, de 28 de enero, por el que se regulan las enseñanzas oficiales de doctorado, que entró en vigor el 10 de febrero de 2012, establece que las tesis doctorales deben ser públicas antes y después de su evaluación y defensa (artículo 13.3 y 14.5). Así, el artículo 14.5 recalca: «Una vez aprobada la tesis doctoral, la universidad tiene que ocuparse de su archivo en formato electrónico abierto en un repositorio institucional y tiene que remitir, en formato electrónico,…a los efectos oportunos».

La base de datos TESEO es ese “repositorio institucional” que depende del Ministerio de… ¡llegó el jaleo! Tiempo atrás era del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, tal y como aún figura en la página de TESEO, pero ahora no sabemos si depende del “astronauta invisible” (Ministerio de Ciencia), de la señora que quiere que todos los niños españoles sean suyo (Ministerio de Educación) o del señor que dice saber de tesis (Ministerio de Universidades). Nada, se lo concedemos al más veterano por eso de “ante la duda, la más cojonuda”. ¡Asignado al señor Castell!

Y sí, señor Castell, las tesis defendidas desde el 2012 deben ser públicas a través de la plataforma TESEO, aunque el doctorado quiera publicar su tesis más tarde. Sin embargo, muchos “doctores cum laude” (Políticos o allegados la gran mayoría; verbigracia la mujer del “doctor plagiador” Echenique) se saltan la ley con la venia de la Universidad en la que defendieron sus papeles, quitándonos el placer a los demás mortales de deleitarnos con su lectura. Y de las minitesis de master ni un solo comentario; se publican las que se quieren. Y, si no, que se lo pregunten a la Ministra de Igual-da, “quien camina sola con el puño en alto por las verdes praderas enjauladas de Galapagar con unas copas de más escuchando el “Himno de España”.

Si el ministro conoce la normativa y la realidad de los hechos, que de seguro las conoce, y no intenta corregirlos, podríamos concluir que el “Ministro de Universidades” tiene una visión medieval de lo que es una tesis doctoral y la democracia.

Y, para finalizar, el ministro Castell nos ilustra con: “En cuanto al plagio, requiere una definición estricta…Es la universidad la que debe garantizar la autenticidad de una tesis, no agentes externos”

“…más allá de la miseria que esto revela en la clase política como si no tuvieran nada más en qué distraerse, plantea la existencia de una relación espuria entre políticos y las burocracias expedidoras de títulos en que se han convertido algunas instancias universitarias…” “Y cuando observo que un instituto concreto de una gran universidad, pública por añadidura, está en el centro de varias polémicas por tratos de favor a políticos, de diversos pelajes, SIN QUE LA UNIVERSIDAD INTERVENGA, cuestione y hasta desmantele el tinglado del chiringuito así montado, empiezo a perder la confianza en que podamos salvar la institución universitaria en nuestro país…”.

¡Bellas palabras!, se me saltan las lágrimas. Con esta sinopsis premeditada de “Tesis”, a tenor de la capacidad demostrada del señor Castell para la escritura, sobre lo que opina de las tesis doctorales, el plagio y las universidades españolas, no entiendo su balbuceo en declaraciones que podrían imputarse a personas indocumentadas y que no se enfote en corregir toda esta “caca” universitaria que dice despreciar. Puede que sea por eso de la edad, que lo dudo.

El señor Castell aún mantiene viva la llama de la juventud, en su día ya barruntaba que los universitarios se fueron a “lugares más divertidos” con lo del Covid, pero, por otro lado, con sus actitudes espurias nos ofrece la posibilidad de pensar que ya no lucha por sus principios y que se ha vendido por un “puñado de dólares” al mejor postor. Al final, una vez que haya pasado el tiempo por sus carnes, y por las nuestras, no debería dejar en herencia ni la más ligera especulación de su fariseísmo político; su espectro en la ultratumba no se lo perdonaría, ¡¡Castell!! ¿Qué has hecho con los plagios?

El Ministro tiene en sus manos la oportunidad de servir a los españoles dejando claro si hubo o no hubo trato de favor por la universidades con las tesis del presidente Sánchez, del vicepresidente Iglesias, de Errejón, de Echenique y su compañera, de Junqueras, de Casares Hontañón, de Marí Klose…, y de otros muchos.

No todo son reproches por la incongruencia entre lo escrito en “Tesis” y su trabajo como “ministro vestido de negro”; en mis reflexiones comprendí que, aunque en democracia todo valga, un Ministro de España, “sea cual sea el ministerio que desempeñe”, no puede comportarse como un sepulcro blanqueado; primero se requiere ser un hombre que esté de acuerdo consigo mismo y luego ministro, pues, en caso contrario, y por muy ministro que se sea, tan solo se es un patán sin criterio. (Lo mismo para las Ministras).

Ministro Castell, a mí, como a su excelencia y los estudiantes se nos da muy bien «lo de tocarse «, pero ni a los estudiantes ni a mi nos pagan por ello.

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