Rafael López Charques: «Impensable»

Rafael López Charques: "Impensable"

Tal habría sido la respuesta que habríamos dado la mayoría de los españoles si, hace todavía poco tiempo relativamente, alguien nos hubiese descrito la situación en que se encuentra nuestro país. Es innegable que sea desastrosa y que huela mal por todos los lados, ha podrido.

Sin duda la situación la ha desencadenado un hecho imprevisible, la pandemia, pero no podemos obviar que se ha visto muy ayudada por el desconcierto que se apoderó del gobierno, prueba de ello es que cada miembro del mismo decía lo primero que se le ocurría sobre el problema, contradiciendo con frecuencia a otros. Alabando su gestión el secretario del Consejo Nacional de Seguridad nos dice “yo creo que con la información disponible es difícil hacerlo mejor”, pero diversas fuentes afirman que varios organismos internacionales solventes advirtieron con tiempo al gobierno del problema que se avecinaba, advertencias que cayeron en saco roto principalmente por cuestiones ideológicas. Sin embrago tenemos que aguantar que nos digan que han salvado a cuatrocientas mil personas, cosa difícil de calcular cuando aún no se conoce la cifra real de fallecidos, que según todos los indicios es bastante superior a la dada por el gobierno.

La situación pinta muy mal, pues según previsiones del Banco de España la caída del PIB podrá estar “en una horquilla cuyo punto medio sería un descenso cercano al 20% inter trimestral” y la tasa de paro “escalará previsiblemente desde el 14% hasta el 20% en el segundo trimestre” Nuestro gobierno ha acudido a Europa en busca de ayuda, pero parecer ser que el Consejo Europeo le ha dicho a “cum fraude” que se olvide de su planteamiento de que la mayor parte de los fondos de rescate no estén condicionados. La razón es muy simple, hace tiempo que no se fían de las cuentas que les presenta.

En todos los órdenes, las cosas van por el mismo camino. Le preguntan a la Vicepresidenta 1ª en el Congreso “¿piensa el Gobierno hacer algo por restituir la credibilidad de las instituciones del Estado?”, a lo que la citada responde tranquilamente “No hay que restituir, lo que no ha existido”. ¡Bueno es saberlo!

Los problemas se le multiplican al gobierno, aunque eche balones fuera. Su presidente (por chiripa) se ha desentendido del Decyglate, cargándole el muerto al ministro implicado, aunque dudamos que en un tema de tal transcendencia este último obrase por su cuenta; si así fuese está claro que el primero no se entera de la fiesta y que lo ningunean. Por otro lado sus compañeros de viaje, los morados, deben estar no ya morados, sino negros, con el creciente revuelo y controversia que ha desatado el caso Dina; un comportamiento ético sería apartarlos hasta que la justicia esclarezca la verdad, pero entendemos que es imposible, pues se caería del sillón.

Nos ha obsequiado con una novedad curiosa, encargando a una empresa de un simpatizante socialista, la evaluación para su ascenso a general de los coroneles del Ejército de Tierra. Ello implica ceder a la misma, datos confidenciales de los aspirantes, lo que no parece muy acorde con lo estipulado en la Ley de Protección de Datos. ¿Por qué no seguir con el procedimiento actual? Misterio.

La última sorpresa en el fin de semana. Parece que la Directora Generala de la Guardia Civil (utilizamos lenguaje inclusivo porque somos obedientes) ha autorizado que aparezca en las redes sociales el emblema de la Benemérita, teniendo como fondo la bandera del colectivo gay. Ver para creer. Hasta ahora los símbolos nacionales no se asociaban a ideología alguna. El hecho es aún más ofensivo si tenemos en cuenta que el desgobierno no admitió crespones negros en nuestra bandera por las víctimas del coronavirus.

Todo era impensable, pero resultó cierto para nuestra desgracia.

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