La ineptitud del Gobierno PSOE-Podemos nos condena a un abismo laboral

Ya hay en España más ciudadanos parados que ocupados

El país se enfrenta a escenario económico insostenible, que ni siquiera podrá paliar el multimillonario y generoso rescate aprobado por la UE

Ya hay en España más ciudadanos parados que ocupados

Son sectarios, marrulleros, caraduras y -sobre todo- incompetentes. Y ese cóctel letal hecho con la mezcla de ineptitud del Gobierno PSOE-Podemos y pandemia de coronarivus nos condena al abismo laboral.

España, en manos del peor Ejecutivo que ha tenido el país en más de medio siglo, se enfrenta a escenario económico pavoroso, que ni siquiera podrá paliar el multimillonario y generoso rescate aprobado por la UE.

Las cifras de la última encuesta de Población Activa (EPA), sin llegar a reflejar en su totalidad la tragedia, no dejan resquicio a la duda.

Era de esperar y no se recuerda un dato peor. Ni siquiera durante la recesión de 2008 se destruyó tanto empleo en tan poco tiempo.

En el segundo trimestre del año la pérdida de puestos de trabajo afectó a 1.074.000 personas. Y esa cifra no contempla a los más de tres millones de afectados por un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) que se registraron el pasado mes de abril y que hoy, tres meses después, habrán aumentado significativamente.

De la capacidad de nuestra economía para recuperarse y hacerse acreedora a las ayudas europeas dependerá que muchos de esos ERTE no se precipiten a la extinción laboral definitiva, lo que dibujaría un panorama apocalíptico.

Entre los desocupados temporales y el incremento de desempleo incluido en la EPA, el número de personas inactivas en España de más de 16 años llega hoy ya a 17,58 millones, un récord insoportable para el bienestar de cualquier país. En estos momentos hay más españoles sin trabajar que ocupados. Un escenario puramente insostenible.

Mientras esto sucede, la situación sanitaria no solo no da tregua sino que se recrudece por momentos. Desatendidos por un Gobierno que pasó de concentrar poderes extraordinarios a desentenderse y que hoy oscila entre el tancredismo y la reacción tardía, los presidentes autonómicos combaten los rebrotes como pueden: no hay una estrategia coordinada.

Ni el control reforzado en Barajas ni las pruebas PCR en origen que reclaman autonomías de distinto signo ni el aumento de rastreadores ni la reforma legislativa para articular competencias como el confinamiento: todas las demandas de las comunidades o de la oposición han chocado con la pasividad de Moncloa, con los resultados conocidos.

Ante la caótica imagen que viene proyectando España, países como Alemania o Países Bajos desaconsejan a sus ciudadanos que viajen a Cataluña, Aragón o Navarra, un día después de que Reino Unido respondiera con un portazo a los débiles intentos diplomáticos del Gobierno por exceptuar a las islas de la cuarentena decidida por Londres para todo nuestro territorio nacional.

En la nefasta decisión de Boris Johnson han pesado circunstancias ajenas a los argumentos científicos -Canarias, Baleares o Andalucía presentan tasas de contagio inferiores a las británicas-, pero no ayudó ni la errática agenda de la ministra González Laya ni mucho menos la actitud entre ofensiva y bochornosa de Fernando Simón, para quien desincentivar la llegada de turistas británicos es buena noticia.

Ni como epidemiólogo cabe semejante afirmación, pues España vuelve a liderar el repunte vírico. Pero Simón habla desde un atril del Gobierno y no puede escudarse en su desacreditada condición de científico.

Sus palabras causan tal daño a la principal industria del país que se entiende la dimisión que le exige la Mesa del Turismo.

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