Manuel del Rosal

¡Ay, Anita! Quién te ha visto y quién te ve

Todos los días nos mentís y nos manipuláis, algunos por una simple aparición en una tertulia

¡Ay, Anita! Quién te ha visto y quién te ve
Ana Blanco (TVE) PD

El sentido moral y la cordura se bastan a sí mismos, no necesitan asociarse a una gran inteligencia para darle felicidad al hombre” Alexis Carrell, científico francés permio Nobel de Medicina y Fisiología de 1912

“Hoy, más que nunca, los medios de comunicación se han convertido en traficantes de la mentira, mercaderes del opio mental, consagrados a vender lo peor a través de la verdad pervertida y adulterada”

Te escribo a ti Ana, y en tu nombre a todos los profesionales de la comunicación y sobre todos ellos al que representa el paradigma de la manipulación más indecente que habita enrojecido en la cadena sexta.

Todos los días nos mentís y nos manipuláis, algunos por una simple aparición en una tertulia.

Te veíamos y escuchábamos en tus telediarios y creíamos en ti y en la información que nos dabas. Resulta que estabas engañándonos y que tu información era una desinformación amañada y adaptada a las exigencias del patrón. Si hay que reconocer que fuera quien fuera el patrón que gobernaba la nave de TVE, tú nunca desaparecías de la pantalla. Creíamos que era debido a tu valía; ahora sospechamos que era debido a tus facultades camaleónicas para cambiar de color sin que se alterara tu voz ni tu gesto. Ana, ¿Cuántos años llevas mintiéndonos y manipulándonos?

Años de estudio, de formación, de dedicación para llegar a esto. Fue tan burda la mentira, tan cutre el amañamiento que uno todavía queda perplejo de que hayas sido tú, Ana Blanco, la que lo hiciste.

¿Cuánta tierra necesita un nombre? Se preguntaba Tolstoi en su relato corto sobre la codicia y la ambición desmedidas.

¿Cuánta fama y cuanto foco mediático, aparte los sustanciosos sueldos, necesita una mujer o un hombre para estar satisfechos y empezar a comulgar con la verdad? Debe ser que, en esa profesión implacable de los medios de comunicación, para destacar o simplemente para sobrevivir, se debe dejar en el desván de la conciencia el sentido moral y la cordura.

Yo, un hombre del común, me pregunto cómo tras manipular a millones de hombres y mujeres a través del poderosísimo medio de la pantalla televisiva, se puede volver a casa sin que nada sientas; puede que sea porque tras años y años de mentir y manipular la conciencia y la dignidad han sido aherrojadas con los grilletes de la insensibilidad, de la falta de escrúpulos.

Ana, antes de entrar en el resbaladizo terreno de la mentira y la manipulación deberías haber leído a Cervantes: “La verdad adelgaza, pero no quiebra y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua”

Manuel del Rosal

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído