ANÁLISIS

José Virgilio Menendez (PP): El ‘procés’ español

José Virgilio Menendez (PP): El 'procés' español

Empieza a haber paralelismos peligrosos en todo el movimiento desencadenado contra la figura de Don Juan Carlos I de España, con otros dos acontecimientos recientes de la política española, que hoy parecen lejanos, pero que marcaron durante mucho tiempo la actualidad política, social y económica de nuestro País…y de hecho, uno de ellos, se ha convertido en el cuento/pesadilla de nunca acabar.

Me refiero al Pacto de Estella y al llamado Procés catalán, los cuales, en mi opinión, tuvieron una deriva que puede ser paralela al innecesario y peligroso cuestionamiento de la forma de Estado en España que ahora parece comenzar.

Pensemos en las similitudes entre todos estos procesos: en primer lugar, es común a ellos que los Gobiernos estaban o están presididos por gobernantes, muy queridos de si mismos, con un apoyo relativo en las urnas (no olvidar nunca los 120 diputados de Pedro Sánchez, tras no rentabilizar varios meses de gobierno), y una ausencia de valores políticos y de altura moral, intelectual y ética, que un gobernante siempre debería tener.

Pero no es solo eso, en común también tenemos que ante una situación de grave crisis económica y de problemas sociales profundos, la incapacidad de dichos gobernantes para afrontar los mismos, es resuelto “sacándose un conejo de la chistera”, en forma de huida hacia adelante, creando un problema aun mayor, el cual acaba cuestionando las propias bases de la convivencia ciudadana, y propiciando que los más bajos instintos sean favorecidos desde los gobiernos, con la consecuente quiebra de los mínimos valores de respeto y asunción del adversario político, que además, se configura como un enemigo, en el que están todos los que no piensan como ellos, o quienes se atreven a discrepar con el pensamiento único instaurado. Llevado a la situación vasca y catalana, fueron los constitucionalistas quienes se convirtieron en el enemigo a batir desposeídos de sus mínimos derechos democráticos.

En Euskadi, tras aquel movimiento que se llamó el “Espíritu de Ermua” surgido tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que no fue otra cosa que la culminación de un hartazgo social contra el terrorismo, y también contra unos gobernantes nacionalistas que aun condenando la violencia, eran comprensivos con quienes la defendían; la respuesta nacionalista desde el Gobierno que presidía Ibarretxe, junto a Arzalluz, fue sumarse en el Pacto de Estella a todos los nacionalistas incluido ETA, y cuyo objetivo no era vencer al terrorismo como era deseo de la gran mayoría de vascos, sino ceder a muchas de las reivindicaciones de ETA para así atraérselo a su lado. Y como consecuencia, la sociedad vasca quedo fracturada no entre violentos y no violentos sino entre nacionalistas y no nacionalistas, que de la noche a la mañana se convirtieron en unos parias sin derechos políticos, acosados socialmente y con las pistolas de ETA apuntándoles, a pesar de una temporal tregua fantasma.

De esta manera, por encima de la necesidad del fin de la violencia de ETA, los nacionalistas crearon un frente común que ponía en cuestión el Estado de Derecho e intentó acelerar hacia la independencia, superando la crisis vivida con Ermua y agravando aún más el problema de convivencia.

En Cataluña, entre los años 2010 y 2011 se sucedieron varios hechos políticamente muy relevantes. Entre otros, se deben citar la no aceptación por parte de los nacionalistas de la sentencia del Tribunal Constitucional en contra de un Estatut disparatado en muchos de sus artículos y que iba contra toda la Constitución española, desde su artículo primero en que se habla de la soberanía que reside en los españoles, o el 2 sobre la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles; tampoco se puede olvidar la explosión especialmente virulenta, asedio al Parlament incluido, del movimiento 15M en esa Cataluña siempre con presencia de un movimiento obrero de signo anarquista; tampoco los verdaderos recortes sociales aplicados por el Gobierno de Mas, mientras la financiación a una élite nacionalista no cesaba; y cómo no, el comienzo del acoso judicial a aquellos a los que Maragall había apuntado de forma solemne en sede parlamentaria cuando hablo del problema de CIU y el 3%.

La respuesta a todos estos problemas políticos de primera magnitud, por parte de otro político mediocre como Artur Mas, no fue otra que la puesta en marcha y comienzo de un proceso independentista, en el que la i de independencia era la misma i de insumisión, insubordinación e impunidad buscada.

Así el proceso rupturista, que por desgracia no ha acabado, aunque empezó a perder fuerza tras la fallida proclamación de la declaración unilateral de independencia, se convirtió en la respuesta a todo por parte de la clase política catalana nacionalista dominante. Todo lo ha tapado y nada ha solucionado el Procés, llevando a la Cataluña real a una crispación política inimaginable unos años antes, y a una gran ruptura convivencial y social.

¿Y cuál es la tentación de un mediocre gobernante, como Pedro Sánchez, que solo busca aferrarse al poder, y sin un mínimo aprecio por la verdad, y reconocimiento alguno de la labor constructiva de reconciliación realizada por muchos de los gobernantes anteriores?

Pues ante un otoño e invierno de graves carencias y necesidades económicas, con una crisis económica de magnitudes no recordadas, con una Pandemia que ha sido negligentemente gestionada a pesar de los aplausos y la complicidad de muchos medios que ocultan la realidad, y una inestabilidad parlamentaria fruto de su precaria mayoría y la deslealtad y radicalidad de sus socios parlamentarios, Pedro Sánchez puede estar favoreciendo el cuestionamiento de la monarquía como forma de Estado, hasta llegar a plantear el ejercicio de, lo mismo al final que los nacionalistas, un supuesto e inventado “derecho a decidir”, en este caso, sobre la forma de estado nada más y nada menos.

Esta Monarquía que nos ha traído el mayor número de años en paz y bienestar de nuestra historia contemporánea, no merece estar siendo vapuleada y puesta en entredicho por un gobernante incapaz ante la gestión de los problemas. Y es la mayor responsabilidad de Sánchez coaligado con Pablo Iglesias, precisamente, favorecer un debate hasta hoy ausente de las preocupaciones de los españoles, que nace del resentimiento de algunos como Podemos y los nacionalistas radicales; un debate que como es marca de la casa podemita, conlleva despertar los odios mas cainitas y primarios entre los españoles; y un debate, que si no se ataja a tiempo, creará en España un caldo de cultivo social del que nada bueno puede surgir.

José Virgilio Menendez, diputado del PP de Madrid.

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