EL ROTATIVO DE PRISA OBVIA LOS MÁS DE 500 MILLONES QUE MANEJA UN MINISTERIO CON UN TITULAR 'FANTASMA'

El País se ‘doctora’ con un editorial en el que saca la cara por el desaparecido ministro podemita Castells

El diario critica únicamente que el ministro no dé la cara ante los medios: "Siempre es un error minimizar la importancia de la comunicación en la sociedad de la información"

El País se 'doctora' con un editorial en el que saca la cara por el desaparecido ministro podemita Castells

Tiene mérito sacar la cara por Manuel Castells en plena oleada de críticas a su gestión.

El podemita ministro de Universidades, un departamento que maneja cerca de 530 millones de euros de los Presupuestos Generales del Estado, está desaparecido en combate y ha dejado a la buena de Dios la organización de la vuelta al curso 2020/2021.

Porque la última presencia pública de Castells data del 23 de abril de 2020, cuando aseguró que el curso 2019/2020 acabaría con normalidad.

Desde entonces, ya ha llovido y poco o nada se conoce del paradero de un ministro que ha sido hasta objeto de divertidas mofas en redes sociales, con montajes similares a los carteles en los que se ofrecían suculentas recompensas por la captura de cualquier forajido del lejano Oeste.

De hecho, se esperaba que el 31 de agosto de 2020 reapareciese en la Comisión Delegada de la Conferencia General de Política Universitaria. Una operación finalmente provocó que tampoco pudiera acudir, un motivo más que ha dado a las redes para que destacaran la ausencia de uno de los ministros más desconocidos de Pedro Sánchez, al que pocos afortunados han visto ir a alguna universidad pública para ver en primera personas los problemas de cada centro.

Sin embargo, El País considera que Castells no está desaparecido, sino que opta por trabajar en silencio y no dar publicidad a su gestión.

De hecho, para el diario de PRISA, en su editorial de este 2 de septiembre de 2020, lo que pase con el inicio de curso es responsabilidad de un ser abstracto:

Más de 1,3 millones de estudiantes iniciarán en las próximas semanas un nuevo curso universitario marcado por la inquietante marcha de la pandemia y por una escasa información pública sobre los planes de contingencia previstos. Los datos sobre nuevos contagios señalan a los jóvenes y al ocio nocturno como los principales vectores de expansión del virus, lo que convierte a aulas y campus universitarios en espacios de riesgo que hay que controlar.

Por supuesto, todo al final se descarga sobre las universidades:

La mayoría de las 83 universidades españolas dejaron perfilados ya en julio los planes para un nuevo curso basado en una combinación de enseñanza presencial y telemática que minimizara la necesidad de contacto interpersonal. Pero la evolución de la pandemia en las últimas semanas ha obligado a revisar y endurecer los protocolos que habían pactado los rectores, las autoridades autonómicas y el Ministerio de Universidades. Además del uso obligatorio de mascarilla, de respetar la distancia mínima de 1,5 metros entre estudiantes y de ventilar las aulas al menos 15 minutos entre clases, las universidades deberán designar un responsable sobre la covid que coordine el seguimiento de los contagios y los posibles contactos de estos. Esta es una tarea absolutamente esencial que debe contar con una red de apoyo en las distintas facultades, pues de la agilidad con la que opere este dispositivo dependerá que se puedan cortar las cadenas de transmisión y mantener la actividad docente.

El rotativo dirigido por Javier Moreno asevera que Castells está trabajando, que no se ha desentendido de los problemas que acucian a su departamento:

Tanto los rectores como las autoridades educativas han trabajado en los últimos meses para adaptar la enseñanza universitaria a la nueva situación, pero ese trabajo ha tenido escaso reflejo ante la opinión pública. Particularmente discreta ha sido la actuación del Ministerio de Universidades, cuyo titular, Manuel Castells, salvo en las comparecencias parlamentarias, se ha prodigado muy poco a la hora de dar explicaciones públicas sobre cómo se preparaba el nuevo curso. Con esta actitud, el ministro de Universidades corre el riesgo de que lo que a él puede parecerle una virtud sea percibido por la sociedad como un menosprecio o, en el peor de los casos, como una forma de eludir la necesaria rendición de cuentas.

Y el único ‘palo’ que El País propina a Castells es que no salga más a los medios de comunicación, como si el problema gordo fuera ese y no la situación de orfandad que sufren las propias universidades y su comunidad, profesores, ordenanzas y alumnos:

Siempre es un error minimizar la importancia de la comunicación en la sociedad de la información, pero lo es todavía más en una situación de emergencia como la que vivimos. En un momento en el que predominan la ansiedad y el desconcierto, tan importante como acreditar competencia técnica es transmitir capacidad de liderazgo. Quienes ejercen responsabilidades políticas no solo tienen que dar respuesta a las demandas sociales y resolver los problemas de su área. Deben procurar también que su actuación sirva para reforzar la cohesión social, el respeto por las instituciones y el aprecio de la ciudadanía por la actividad política.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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