Anián Berto: ‘Adiós a la Democracia y al Estado de Derecho’

Anián Berto: 'Adiós a la Democracia y al Estado de Derecho'
Cuando parece todo perdido, la Universidad debe hacer sonar la tuna.
La política bananera que nos introducen, solapada y descaradamente en España, obliga a decir ‘adiós a la Democracia y al Estado de Derecho’. Es imposible que se salve de sus consecuencias ninguna de las capas sociales ni sector público y privado que se precie productivo. El trabajador, último eslabón de la cadena, se condena a la mínima supervivencia y lo expropian de la vida en su ínfima expresión. La pequeña y mediana empresa (Pyme’s) se encuentra en la expiración, último aliento de esperanza, si no boqueando. Los autónomos forzados a pagar cuotas de cotización, muchos de ellos sin actividad alguna, a pesar de las nuevas medidas. Por una razón simple, si no hay actividad llamémosle en los términos que nos plazca, los emprendedores, trabajadores por su cuenta y riesgo, siempre están martilleados.
Por sectores, la hostelería la gran ‘salvaora’ en muchas crisis, la joya del turismo y la que aporta el 15 % del PIB, en situación de suplicio ante la hecatombe brutal que sufre. La industria asentada en nuestro país, o en capítulo de cierre o buscando nuevos aposentos fuera de nuestras fronteras. La agricultura semiabandonada o su última expresión, igual que la pesca. En este capítulo cabe destacar el caos de Sanidad, Educación y el resto de instituciones ministeriales. Algunos Ministerio ni se han estrenado, ni se sabe para que sirven, que no sea para pasear sus carteras con el escudo de España, de piel de becerro con forro de cerdo y sobre 900 euros de coste cada una de ellas. Mientras tanto el Gobierno social-comunista, aún sin aprobar el PGE, (Presupuestos Generales del Estado) nos propone Decretos nimios o volcar las excelencias de los españoles innatas y logradas con esfuerzo. Una primera potencia europea y mundial que ya se encuentra en los últimos puestos del ranking.
Asuntos con dirección a la tercera república, derrocar al Rey, e implantar leyes que enfrentan el hombre a la mujer, el trabajador al empresario, el propietario al okupa, o utilizan la salud frente a la economía. A todo ello, un batiburrillo de gobierno que nos exige acostumbrarnos a su absoluta ‘normalidad’. Hacen creernos que Sánchez es socialista, cuando sus intereses son exclusivamente propios, o que Iglesias es comunista con la sana intención de regenerar la política en favor de los más desprotegidos. Asimismo, tratan de meter con calzador la ‘mesa de diálogo’ de Gabriel Rufián, cómo un convenio en beneficio de España, que el PNV es la Cenicienta o que Bildu es Caperucita Roja. Vieja artimaña del ‘divide y vencerás’. Todo ello, traducido a personas humanas, alcanza la peor depresión que un ser vivo puede soportar. Se trata de una muerte anunciada, a través del peor castigo, físico y psíquico, de la más infame e indigna tortura.
Lo arriba narrado provoca el desaliento generalizado. Se oye en las tertulias mediáticas, entre amigos, familias o compañeros, a través de encuestas y en la tienda de la esquina (A excepción del CIS, del amigo Tezanos). Pero esta cantinela es de todos, que no llega a nadie o, en su defecto, de manera distorsionada e inaudible. Sin embargo, es preferible hacerla en altavoz, con datos fehacientes y a pie de cañón. Este desarraigo tiene que encontrar respuesta seria y real. Y estamos a tiempo de buscar soluciones, enderezar el rumbo y evitar la deriva a tantos contrasentidos y bifurcaciones que nos lleva al naufragio absoluto.
Aquí está la clave. La Universidad siempre es considerada con capacidad de inquietud, parámetro de medida de nuestra sociedad y baluarte de fuerza ante la injusticia. Cuando creemos que todo está perdido, las luces apagadas y la música es la misma, ‘debe llegar la voz de la tuna’. Es necesaria la opinión disconforme de la juventud, la nueva sabia y el empuje de las nuevas generaciones. Es digno de recordar lo que ocurrió en la Complutense hace poco tiempo atrás, cuando el auditorio se reveló contra las palabras de Pablo Iglesias. El vicepresidente segundo se disponía a ‘adoctrinar’ y aleccionar a los universitarios. Estos no se dejaron manipular. Un solo asistente inició ‘la revuelta’ e interrumpió gritando, ‘¿Cómo no os da vergüenza de hablar de fascismo?. Los primeros culpables que el fascismo esté en auge sois vosotros’. Más adelante, se oye en el video que rula por internet; ‘Habéis dejado a todos los trabajadores tirados en la calle’. Mientras, Pablo Iglesias se mostraba contrariado en su alocución, este grupo de asistentes añadía, ‘Vais de Gobierno del cambio y desahuciais a la gente’. Una voz inquieta, acompañada por otros muchos que vociferaban, ‘Fuera, fuera, fuera de la Universidad, vende obreros’. Así se encontró los ánimos entre los universitarios el conferenciante Iglesias, antes agitador de masas, crítico de la casta y prometedor de humo envasado.
Estas protestas cívicas estudiantiles ofrecen varias lecturas. En primer lugar deja claro que no es tan fácil adoctrinar a nuestros jóvenes, que su lucidez se encuentra intacta, sus capacidades históricas son amplias y que trasladan a la atmósfera generalizada una bocanada de aire fresco para que la totalidad de España no se desangre y logre la reacción que todos los amantes de la paz esperamos. No es tiempo de estrategas políticos, engañifas públicos ni tretas para cambios personales, mientras el país se debate entre la crisis de salud y la economía. A pesar que Pedro Sánchez manifieste que, ‘no existe esta dicotomía, por qué sin salud no hay economía’, debemos  recordarle que, no solo es lo mismo, sino que al revés el resultado es idéntico. El orden de los factores arroja el mismo resultado.

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