Victor Entrialgo De Castro: «Legítima defensa de la democracia»

Victor Entrialgo De Castro: "Legítima defensa de la democracia"

Va a cumplir 3 años en noviembre de prisión provisional con una condena de más de 100 años de cárcel, que no se imponen por una fruslería. Comienza a estar cansado de vivir entre rejas y como profesional del chantaje a las instituciones del Estado ha empezado, como un dragón, a escupir fuego por la boca.

Nuestro derecho permite mentir al acusado como una forma de defensa comprensible y legítima, pero cosa muy diferente es urdir conspiraciones que saltan a los medios para involucrar a las más altas instituciones del Estado como medio de chantaje a cambio de su libertad y sus intereses, detrás de las cuales siempre está él.

El Comisario Villarejo desde dentro y desde fuera sus otros dos amigos, integrantes del Triángulo de las Bermudas, hacen lo posible para que este ser inmoral y despreciable del que se han servido unos y otros, no acabe sus dias en la cárcel. Como ha escrito Camuñas es más que evidente que el comisario Villarejo, Dolores Delgado y Baltasar Garzón forman un auténtico equipo en el triángulo de las Bermudas.

Desde otro flanco, la siempre sectaria y metepatas vicepresidente Calvo y el presidente con Iván Redondo, su adivino, urden encierros y confinamientos que los científicos más prestigiosos del mundo cuestionan por sus daños colaterales, en defensa de un supuesto interés general que no son capaces de explicar. Maniobras que no son las de un gobierno democrático sino las de un Estado represor que amenaza desde la propia vicepresidencia del gobierno, con prohibir a la oposición la posibilidad de alcanzar, -de por vida-, el Consejo de Ministros.

Cada vez que sale algo torcido hablan del Valle de los Caídos o atacan a la Corona con una irresponsabilidad a la altura de la que nos llevó a la guerra civil y con ello al retraso social y político de la Nación con relación al resto de Europa, hace ya un siglo. Decretan el estado de alarma en Madrid con datos falsos, mientras permiten delitos de odio y enaltecimiento de la violencia contra el Rey o los españoles en otras autonomías, en lugar de hacer que el ejército garantice el respeto del ordenamiento constitucional, antes de que sea demasiado tarde, porque así lo establece, no como adorno, nuestra norma fundamental en su artículo octavo, “las fuerzas armadas tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

Por eso la democracia, nuestro bien público más preciado, tiene derecho a su legítima defensa por parte de todos los españoles unidos en su soberanía. Los demócratas tienen el derecho, y además el deber, de defender la Constitución y el bien público supremo de un sujeto soberano, y todo lo que el pueblo y sus representantes constitucionalistas lleven a cabo con ese fin será, manifiestamente, en su legítima defensa.

Eso es lo que hace la plataforma libres e iguales, Cayetana Alvarez de Toledo, Fernando Savater, Albert Boadella, y otros muchos, que dan en el clavo al decir que estamos ante un “estado de alarma político y constitucional”, lo que exige el reagrupamiento de todos quienes se quieran libres e iguales.

No caben medias tintas:
O estas con la democracia, o con Sánchez el traidor,
O estas con la democracia, o con el tirano Iglesias.
O estas con la democracia, o con los separatistas.
O estas con el Rey, o con la destrucción de España.
O estas con los traidores, o con la Nación.

Los demócratas tienen el derecho y la obligación de defender la democracia.
Y la democracia tiene derecho a la exoneración de responsabilidad en todas cuantas actividades tiendan a la defensa de su soberanía.

Y aunque el bien atacado no sea un bien privado sino público incluso a su legítima defensa, al estar ante una agresión ilegítima continuada por parte de quienes, Villarejos, Garzones, Iglesias o separatistas, con distintos fines perversos e inconstitucionales, llevan décadas socavando a la Nación, con un dragón escupiendo fuego y bloqueada en un triángulo de las Bermudas, causándole daños sinnúmero en exclusivo provecho propio. Por eso es cada vez más urgente y necesaria, es nuestro deber y salvación, la legítima defensa de la democracia y de la Nación.

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