Victor Entrialgo De Castro: «El bloqueo de España»

Victor Entrialgo De Castro: "El bloqueo de España"

España no es más que una, sólo que asomada a tres mares y muy diversas costas.

Por eso no sería tan extraño como hoy pudiera parecer, que un hombre público que se lo propusiera, el hombre de la circunstancia, con el prestigio, las dotes y la emoción precisa, llegase a tocar el fondo del alma nacional para afrontar empresas, retos y proyectos capaces de involucrar a todos lo españoles.

Lo único que lo impide son unas pocas camarillas que, dentro de los partidos, no permiten que lo mejor del alma nacional asome a la vida pública para aportar en beneficio de todos los dones de su individualidad.

Ese muro infranqueable, ese tope con el que se topa el corazón latente de la vida española, surgido de una ley electoral que nadie se ha atrevido a reformar, junto a las carencias y vaivenes de la educación, incluyendo el uso partidista y mercantilista de las demás lenguas oficiales, son la causa de que la Nación no pueda conseguir la unidad suficiente para intentar logros que la dispersión y los separatismos hacen imposibles, en perjuicio de todos.

España unida en su diversidad, haciendo cumplir su Constitución, alcanzaría en Europa, en América y en el mundo logros seguramente imperfectos y fieramente humanos, hoy inimaginables.

Sólo el tiempo y las energías que ahorraríamos si lográramos pactar, sumar, aportar, en lugar de obstaculizar, nos permitiría organizar de una vez la educación, levantar empresas, reorganizar los capitales y las fuerzas de trabajo, y transformar nuestras economías para salir del socavón de la pandemia cuyas incertidumbres se están viendo agravadas por el peor y más débil Gobierno de la democracia, además de nuestras viejas pulsiones cainitas.

Y disensión no es discordia. Puede haber y debe haber disesión y haber concordia. “Pero como en una sociedad no esté claro quién debe mandar y quien no, como pasa en España en el fatídico 2020, donde los líderes políticos se nieguen a reconocer cosa tan sencilla, todo lo demás marchará torpemente. Hasta la más íntima intimidad de cada individuo quedará falsificada. Cuando se desvanece esa mínima creencia política compartida, el hueco de la fe tiene que ser llenado con el gas del apasionamiento.”

España no hay más que una, bañada por tres mares y maravillosas costas. Por eso, aunque no parece que la moción de censura que viene, por anteponerse los intereses de los partidos al interés general, vaya a ser el principio, una coalición lo más amplia posible, como las que logran los alemanes, sería la forma más inmediata de rellenar ese hueco, de abordar las reformas que demandan las extraordinarias circunstancias y superar el bloqueo que padece la Nación.

Ese hombre público con prestigio, dotes y la emoción precisa del que hablábamos al principio, capaz de llegar a tocar el fondo del alma nacional para desbloquear la Nación y poder así afrontar empresas, retos y proyectos, humanos e imperfectos, pero de vida en común, de los que los españoles somos capaces, ese hombre al que ha de seguir una minoría egregia de otros hombres públicos con mayor capacidad ejecutiva, ese hombre existe ya. Es el Rey de España.

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