CUANDO LA CIENCIA Y LA MORAL SE HACEN DIVERGENTES, SE EMPIEZA A TRATAR A LOS SERES HUMANOS COMO COBAYAS DE LABORATORIO

El control de masas y cómo se moldeó el presente de la humanidad

La fórmula para debilitar el espíritu crítico del pueblo

El control de masas y cómo se moldeó el presente de la humanidad

A finales del Siglo XIX aparece la Sociología como disciplina científica, de la mano de Edward A. Ross. En el libro Social Control, publicado en 1901, el autor habla de la necesidad de controlar al ser humano en todos los ámbitos, incluida la educación. Para él todas las personas son delincuentes en potencia si no se ejerce un control férreo. A este respecto dice: “Hay planes en marcha para reemplazar la comunidad, la familia y la Iglesia, con propaganda, educación y medios de comunicación de masas. Las personas son solo pequeños terrones maleables de pasta humana. […] El objetivo de nuestro gobierno consiste en debilitar el espíritu crítico del pueblo, hacerle perder la costumbre de pensar, pues la reflexión da origen muchas veces a la resistencia. […] Necesitamos dirigir la educación de las sociedades cristianas, de tal forma que sus manos caigan abatidas en un gesto de desesperada impotencia ante cualquier negocio que exija iniciativa”.

Las ideas expuestas en el libro de Ross supusieron una revolución no solo para la Sociología, sino también para otras ciencias humanas: “… en la Ciencia social guió la dirección de la Ciencia política, la Economía y la Psicología; en Biología influyó en la genética, la eugenesia, y la psicobiología desempeñó un papel crítico en la concepción y el diseño de la Biología molecular”.

La idea de controlar al ser humano desde los primeros años de vida está basada en principios falsos: no es cierto que las personas sean terrones moldeables de pasta, o pizarras en blanco  (John Locke), ni máquinas (La Mettrie), ni vegetales (Friedrich Fröbel), ni mecanismos orgánicos (Wilhelm Wundt), ni repertorios de comportamientos (Watson, Skinner y Pávlov).

Algunos de estos “sabios” sostenían que el desarrollo del ser humano podría retardarse o mejorarse como los animales y las plantas, con la debida dirección de jardineros o granjeros. Esto, realmente, causa espanto, máxime cuando vemos que la teoría ya se ha consumado y hecha realidad.

A principios del siglo xx, Edward Thorndike [1], del Colegio de Maestros de Columbia, dijo que la escuela crearía los medios para la “cría selectiva antes de que las masas tomaran las cosas con sus propias manos”. Por esas fechas, la mayoría de los científicos —a los que eran contrarios a estas ideas no se les daba apoyo— estaban por la labor de animalizar al ser humano. Wilhelm Wundt puso en marcha un laboratorio de psicología experimental en Leipzig, con el que trabajaron los inefables I. Pávlov y el pupilo de Rousseau, B. F. Skinner. Este diría años después, a propósito del control de masas: “Podemos conseguir un control, bajo el cual los controlados, no obstante, se sientan libres, aunque estén siguiendo un código mucho más escrupulosamente que el que nunca existió bajo el viejo sistema”. Se refiere al sistema anterior al modelo de la UNESCO.

El estudio de la mente humana para manipularla

Así, la Psicología, que se había considerado como materia de estudio del alma, al considerar que esta no existe, dado que no es visible, ni medible ni cuantificable, puesto que lo que llamamos alma solo son conexiones neuronales, pasa a formar parte de la Medicina. Y como ciencia y moral se hacen divergentes, se empieza a tratar a los seres humanos como cobayas de laboratorio, en toda la extensión del término.

Wilhelm Wundt incorpora la técnica de los electroshocks, que tanto daño han hecho hasta que fueron suprimidos en el 2005, salvo con el consentimiento informado del paciente. Miles de minusválidos, presos y gente carente de voluntad fueron los conejillos de Indias de más fácil acceso. De esta manera, utilizando los métodos de la fisiología, la Psicología se convierte en el estudio de la conducta humana, es decir, de la humanidad como rebaño, como manada. En la misma línea de pensamiento, H. H. Goddard, en su libro Human Efficiency, publicado en 1920, dijo que la escolarización por el gobierno debe buscar “la perfecta organización de la colmena”. (A propósito de colmena, Konrad Lorenz sentía por las abejas más respeto que el que sienten por la humanidad estos aprendices de brujo).

A partir de ese momento se estudia la mente humana, para poder manipularla y someterla mejor, en beneficio del sistema. En los controvertidos Protocolos de los sabios de Sion, escritos antes de 1906, leemos: “He aquí por qué es necesario que nosotros arruinemos la fe y arranquemos de los espíritus gentiles el espíritu mismo de la Divinidad, sustituyéndolo por los cálculos y las necesidades materiales”. Es una radiografía de la realidad actual. Ahora vivimos un laicismo, sustanciado en una antirreligiosidad salvaje y dictatorial. Porque el laicismo es enemigo de la espiritualidad, la cual se considera como una blandenguería.

Estos ideólogos siempre sirvieron a los “amos del mundo”. La Fundación Rockefeller siempre activa en la implementación de estas ideas de control, elabora la psicología de la educación. Así, en la primera Junta General de Educación, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson —bajo cuyo mandato se creó la Reserva Federal—, dijo estas palabras: “Queremos que una clase tenga educación liberal y queremos otra clase, necesariamente muchísimo mayor, que renuncie al privilegio de una educación liberal y se adapte para ejecutar tareas manuales específicamente difíciles”. Y así se fue manipulando al ser humano.

(De mi libro Conspiraciones contra la humanidad. La agenda de los amos del mundo, La Regla de Oro Ediciones, Madrid, 2017).

NOTA:

[1] Psicólogo reconocido por su trabajo en la teoría del aprendizaje, que condujo al desarrollo del condicionamiento operante en el conductismo.

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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