Rafael López Charques: «A saco»

Rafael López Charques: "A saco"

Leyendo la historia nos encontramos con frecuencia que al describir las guerras, se nos dice que el ejército conquistador “entró a saco” en el territorio invadido. Ello significa que los vencedores, además de arrasar la zona enemiga, se llevaban todo lo de valor que pertenecía a los vencidos, para lo cual portaban grandes sacos. Ese es el origen de la expresión.

El entrar a saco no solo ocurrió en tiempos antiguos. En las guerras del siglo pasado y del actual también hay constancia de tal hecho. Lo penoso es que en nuestros días se sigue practicando, pero no solo en los conflictos armados, sino en la vida política, donde con frecuencia los mandamás actúan como señores de horca y cuchillo.

Efectivamente, muchos de los desordenes públicos, que se registran en diversas naciones actualmente, tienen su origen en que los mandatarios correspondientes se olvidan de sus obligaciones, de las funciones que deben realizar, para enrocarse con el único objetivo de mantenerse en el poder.

En la actualidad sobran ejemplos de tal comportamiento, pero vamos a comentar lo que pasa en nuestro país, que es donde “nos aprieta el zapato”

Tenemos una Constitución democrática en base a la cual elegimos unos dirigentes, que se comprometen a cumplir y hacer cumplir la primera. Correcto. Durante el período electoral todos los candidatos nos repitieron hasta la saciedad, que de salir elegidos, solo mirarían por el bien del pueblo, dando por descontados el mantenimiento de sus derechos y libertades.

A los pocos días de las elecciones, el candidato más votado se alió con un partido del que había dicho hacía poco tiempo, que no dormiría tranquilo, ni tampoco los españoles, con él en el gobierno. En vez de negociar y llegar a acuerdos con otros, cosa que si de verdad se tiene voluntad de lograr, es posible, escogió el camino más fácil. Se unió al que de momento se lo puso en bandeja, aceptando también la ayuda de otros que era indudable le pasarían factura.

Las consecuencias de esa maniobra las estamos sufriendo ahora todos los españoles. De ahí el título de estas reflexiones.

Nuestro desgobierno ha entrado “a saco” en el país, haciendo todo lo que le da la gana, mintiendo siempre que le convenga, y no importándole hundirlo, con tal de mantenerse en el poder. Se ha enrocado en él. Como generalmente se dice “se ha instalado en el machito”, y actúa siguiendo aquello de que ”mando y ordeno porque soy capitán general con mando en plaza”

Ejemplos de lo que comentamos los tenemos un día sí y otro también.

El Comité de Transparencia brilla por actuar generalmente de manera totalmente contraria a lo que dice su nombre, pues da la casualidad de que de lo que no le conviene al desgobierno no solemos enterarnos.

Normas que nos están imponiendo rozan con la legalidad constitucional, e incluso, en opinión de algunos expertos juristas, son contrarias a la misma.

Dedican cantidades ingentes de fondos públicos (dinero de todos), a subvencionar medios de comunicación, en los que lógicamente solo aparecen las noticias que les son favorables, o cuando menos moldeadas convenientemente a su favor.

De las “ayudas” a chiringuitos, ONG (muchas deberían llamarse OG, organizaciones gubernamentales), etc., es mejor no hablar.

La contratación de amiguetes está al orden del día, mientras aumenta el paro. ¿Qué van a hacer además de cobrar? Eso da igual.

Dado por las que estamos pasando ¿no habría manera más honesta y provechosa de emplear nuestros fondos?, ¿de respetar nuestros derechos y libertades?

Para rematarla crean una especie de ministerio de la verdad, que nos dirá lo que es cierto y nos exponemos a sanciones si lo negamos.

Estamos ante una horda que ha entrado a saco en nuestro país. ¿Hasta cuando?

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