LA IGLESIA ES SIEMPRE UN REFUGIO PARA LOS DESAMPARADOS Y LOS DAMNIFICADOS DE LA MALA GESTIÓN DE LOS GOBIERNOS

La Iglesia le ahorra al Estado muchos millones de euros al año

La Iglesia le ahorra al Estado muchos millones de euros al año

La leyenda negra urdida contra España tiene su eco en la no menos leyenda negra que desde hace siglos pende sobre la Iglesia católica. No es que vayamos a defender la intolerancia de tiempos pasados por parte de quienes decían honrar a Cristo o matar en el nombre de Dios, ni vamos a decir que la Iglesia es una institución perfecta. Muy al contrario, en más de una ocasión, al ver la inacción de la jerarquía y el escaso apoyo a las iniciativas de los laicos en pro de la evangelización, nos hemos preguntado dónde se esconde el Espíritu Santo, un tanto distraído en los últimos tiempos. Sin embargo, analizadas sus sombras y sus luces, estas son capaces de absorber la oscuridad tenebrosa. Continúa, por tanto, siendo un referente, por mucho que la izquierda mal llamada progresista continúe con su dinámica centenaria de intoxicar a sus seguidores con discursos demagógicos aderezados con datos falsos. Las mentiras y los ataques a la Iglesia católica siempre son rentables. En estos tiempos, con los comunistas en el poder, se ha establecido una suerte de barra libre en la que cualquier exceso es posible. Los medios laicistas, culpables subsidiarios de la crisis de valores, vulnerando incluso la ley y la Constitución, siguen encizañando con las viejas patrañas de siempre y alguna anécdota puntual que exageran y tergiversan a su medida.

La Iglesia es siempre un refugio para los desamparados y los damnificados de la mala gestión de los gobiernos. Las colas del hambre son interminables en tiempo de escasez, como ahora, que ya los centros de Cáritas están desbordados. Pero esto no es noticia de telediario y el ciudadano no conoce la obra social de la Iglesia a la que tanto critican, acusándola incluso de beneficiarse de los impuestos y de ahorrarse el IBI de sus bienes. ¿Y por qué esto no se conoce?

Siguiendo el mandato de Cristo en el Sermón de la Montaña, “lo que haga tu mano derecha que no lo sepa la izquierda”, la Iglesia no suele prestarse a demasiadas aclaraciones. Y está bien, pero en el mundo mediático de hoy, donde todo se visibiliza y lo que no sale en los medios no existe, no estaría de más que la obra social de la Iglesia fuera más publicitada, para conocimiento incluso de los propios católicos. En abstracto todos sabemos que la Iglesia realiza una intensa labor social, pero a menudo no disponemos de datos concretos. Damos a continuación unas cuantas cifras del año 2017, que pueden ayudar a reflexionar a más de uno y a sentirse avergonzados a muchos.

Solo en educación, la Iglesia le permite al Estado un ahorro de varios miles de millones de euros al año. Si tenemos en cuenta que sus 2.600 centros de enseñanza acogen a cerca de 1.500.000 alumnos, y que cada uno le ahorra 3 millones de euros al año, sólo es cuestión de multiplicar. Sanidad es otra de las parcelas hacia las que la Iglesia focaliza su ayuda desde que ya en los tempranos días del siglo IV San Basilio de Capadocia construyera a la entrada de Cesarea la “primera ciudad hospitalaria” para acoger a niños, pobres y enfermos, sin distinción de clase, raza o confesión. Medicina y catolicismo se asimilan hasta el punto de merecer este para los paganos la denominación de “religión de enfermos”. Este es el origen de la sanidad pública, que llegó de la mano del cristianismo. No se entendía hasta entonces que todo ser humano, de cualquier origen y condición, y sin ningún patrimonio tuviera derecho a ser atendido en su enfermedad, simplemente por su dignidad de hijo de Dios. Por favor, ¡aprendan esto los laicistas!

En la actualidad, la Iglesia tiene a su cargo 107 hospitales que le permiten al Estado un ahorro anual de unos 50 millones de euros. A esto hay que añadir 1.004 centros que desempeñan la labor de ambulatorios, dispensarios, residencias de ancianos, centros de minusválidos, hogares de transeúntes y de enfermos terminales de sida, con un total de 51.312 camas. El ahorro por año de estas instituciones es de cuatro millones de euros por centro. Hay que contar también 365 centros de reeducación para marginados sociales: prostitutas, expresidiarios y extoxicómanos, por las que pasan más de 50.000 personas al año, lo que le permite al Estado ahorrar medio millón de euros por centro. Hay que añadir 937 orfanatos que acogen a 10.835 niños abandonados, que ahorran al Estado más de 100.000 euros por centro al año.

Continuamos con más cifras. El 80 por ciento del gasto de conservación y mantenimiento del patrimonio histórico-artístico de la Iglesia, que es de uso libre para todos los ciudadanos y del que todos nos sentimos orgullosos, corre también a su cargo. Anualmente, el gasto de Cáritas asciende a 155 millones de euros y el de Manos Unidas a 43, a los que hay que añadir 21 millones de euros más, por las Obras Misionales Pontificias (Domund). Es conveniente resaltar que casi la totalidad de las personas que colaboran con Cáritas y Manos Unidas lo hacen en calidad de voluntarios.

El gasto total ahorrado al Estado supera los 30.000 millones de euros anuales. Esto quiere decir que si la Iglesia dejara de contribuir al bien social el caos económico sería de dimensiones considerables y los más afectados serían los más necesitados.

Antes de terminar el artículo, dejo en el aire unas cuantas preguntas: ¿Trabajarían gratis los laicistas como lo hacen los católicos? ¿Cuántos comedores para indigentes gestiona CC.OO? ¿Cuántos hospitales para enfermos terminales y de sida mantiene abiertos la UGT? ¿A dónde puede acudir un necesitado a tomar un plato de sopa? ¿A la sede del PP? ¿A la del PSOE? ¿A la de VOX? ¿A la de Podemos? Me temo que a ninguna. Y sin embargo, ellos sí viven de nuestros impuestos. La Iglesia da, como madre generosa, siempre dispuesta a ayudar a todos, incluso a sus perseguidores.

NOTA:
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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