OPINIÓN

Victor Entrialgo De Castro: «TRUMPANCHEZ»

Victor Entrialgo De Castro: "TRUMPANCHEZ"

La verguenza de la democracia más avanzada del mundo por haber permitido llegar ¿deliberadamente? hasta el Capitolio a unos salvajes, es un reflejo más de la decadecia de EEUU como potencia.

Con independencia del análisis de las razones que llevaron a Trump al poder por hastío del pueblo hacia las minorias dirigentes, fundamentalmente demócratas; con independencia de las promesas incumplidas por «las minorias de las costas» que no han sabido involucrar a todo el pais en el empeño o, como aquí, el rampante comunismo, es «absolutamente intolerable asaltar en democracia la sede de la Soberania popular».

Trump es un ególatra, un niño malcriado, un narcisista primario secundario y cuaternario, exactamente igual que Pedro Sanchez. Sus conductas, incluido su afeminado bamboleo cuando camina, o las fantochadas de uno y otro son inequívoca y manifiestamente patológicas.

De igual modo la masa populista que rodeó la sede de la soberania popular de los españoles en 2016 a instancias de los podemitas no obedecía al comunismo sino al narcisismo primario, secundario y  troglodita de sus líderes, que utilizan aquel como podrian haber utilizado el beisbol o el pinacle.

Trumpsanchez e Iglesias, personalidades patológicanente narcisistas, son verdaderos acumuladores semovientes de envidia y odio, del que participan por razones psicoanalíticas muchos de los niñatos de Podemos sin experiencia laboral ni formación intelectual y lo que es peor, sin límite moral alguno, creyéndose mas listos que el mundo, con derecho a todo y sin obligación legal alguna.

El Capitolio, como el Congreso, son lugares donde reside la soberanía popular pero aqui disfrazados de coleta o moño y alli, con una piel de búfalo, algunos salvajes se creen con derecho a poner en peligro la paz social y la organización de millones de ciudadanos, la que sea. Al de aquí le gustó aquello, se quedó y se hizo un chalet capitalista en Galapagar.

Rodear la sede de la soberanía popular, tanto allí como aqui, como hicieron  los separatistas catalanes en 2017 y habian hecho ya en 2016 los podemitas de Iglesias y su «ministraesposa» Irene Montero,  Errejón, Monedero, Espiblack, el del piso de protección oficial y sus tar -jetas black, las lenguateras feminoides de la Asamblea de Madrid, televisiones y demás  secuaces.

No ya solo la agresividad animando a la turba y a las masas descontroladas. Durante semanas el Congreso estuvo rodeada de vallas y un caro despliegue policial cuya extraordinaria labor impidió que «una turba de pechelingues», alentada por irresponsables dirigentes podemitas pudiera acceder al hemiciclo, lanzando a los diputados que salian por las puertas traseras, botellas, mecheros, graves amenazas e insultos, etcétera.

Se parece mucho no, muchísimo a esto de ahora. La rebelión de las masas atizada por hombres que no son minoría, que no se exigen a si mismos, pretenden que sus memeces se conviertan en ley. Auténticos hombres-masa. Ver llegar a estos pechelingues desde el chalet al Congreso, entrar sin compostura o disfrazados de no lavarse, mucho mas que de comunistas, o sea, ver como desenvuelven su farsa produce  arcadas.

Alli en la carrera de San Jerónimo en 2016 estaban ellos y ahora esos mismos comisarios se apresuran a negar la comparación en los medios. Tarda poco en salir el infantilismo de acusar a la extrema-derecha, muñeco con el que hacen budú y pretenden tomar a los españoles por anormales.

Milagrosamente no fue más allá pero esa gravisima irresponsabilidad de los dirigentes podemitas o separatistas, como la de Trump, Iglesias o Sanchez, apoyándose en golpistas para hacerse con el poder, es la que debe merecer reproche penal y no la pusilanimidad con la que el juez Marchena o su mandante tacharon la Declaración de República, la huida de lideres o la insistencia de «lo volveremos a hacer», de «ensoñaciones».

A estos dirigentes absolutamente irresponsables a los que se suma su proverbial negligencia ante nevadas, heladas, vacunas u otras situaciones de emergencia donde permanecen escondidos semanas o de vacaciones. A estos dirigentes que adoptan por toda medida y siempre tarde el confinamiento cómodo y conveniente para sus pretensiones de la paralizazión de la Nación, tendrían que encerrarlos pero no en la cárcel, si no en un centro especializado de problemas mentales. Y habria que crear uno específico para políticos.

Prueba de tales patologias es que con todo lo que estamos viviendo, el presidente de los EEUU y España, los dos, a estas horas, en lugar de estar atribulados por el peso de las servidumbres del poder, estan Trumpanchez.

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