OPINIÓN

Victor Entrialgo De Castro: «El estado secuestrado»

Victor Entrialgo De Castro: "El estado secuestrado"

Me avergüenza pertenecer a una Nación cuyas imprevisiones normativas permiten la llegada al poder de personajes como los que nos gobiernan.

El pueblo no es soberano ni fundador, no los ha elegido, pero lo permite porque no sale a la calle serena, soberana y decididamente, -con las medidas de prevención que sean,-como lo hizo a comprar en Navidad, a manifestar su indignación por este sinfin de absurdos, despropósitos y majaderías, hasta echar de sus sillones a estos usurpadores carentes manifiestamente de la más mínima autoridad para gobernar y gestionar esta pandemia.

Lo permiten las circunstancias que las élites políticas que no se han ocupado de blindar el sistema electoral y nombramiento de estos advenedizos e indeseables, subsanando al mismo tiempo el deficit de representatividad que padecemos.

Para ello basta evocar junto a la democracia esa palabra mágica, «Representación», porque sin ella la democracia es agua en una cesta. El pueblo no debe consentir que haya gobernante alguno que no sea mandatario, o sea, que no sea «un mandado», elegido por el soberano para cualquier magistratura y que pueda ser removido de su puesto en el caso de no responder a ese mandato o hacerse indigno al mismo, como prevén los anglosajones con la institución del «recall».

No puede ser que los partidos tengan secuestrado al Estado. Que en lugar del pueblo todos deban su puesto y sus prebendas al dedo del partido gobernante o al de la oposición.

No puede ser que cualquier crimen, como el de sangre de los etarras o la rebelión que fue sedición, – (porque según el Tribunal la declaración de una República en una monarquia fue “una ensoñación”, no sé si suya o del pueblo español que la padeció con todos sus  riesgos, miedos e indignaciones innumerables sobre lo que es soberano,-) tenga que esperar su redención no por el cumplimiento de la pena sino por la llegada al poder de individuos que por su exclusivo interés de conservar el poder, acaben concediendo el indulto a crímenes incalificables.

Cierto que cuando uno tiene la virtud de la conmiseración, el perdón o el indulto pueden ser comprensibles y una tentación explicable, pero no cuando se ejerce única y exclusivamente por interés propio para conservar el poder, desconociendo la historia y los detalles de los crímenes y asesinatos de ETA o los del FRAP que relata pormenorizadamente Federico Jiménez Losantos en «La Vuelta del comunismo» para aclarar con documentos y pruebas lo que pretenden negar Iglesias y sus allegados.

“España solo hay una”, como ha recordado Amorós en palabras de Azaña, pero son los usufructuadores de los terroristas, los separatistas y los niñatos comunistas de ahora los que con su ignorancia, sus traumas de infancia y sus peores instintos tienen secuestrado el Estado y pretenden permantemente dividirnos. Y este indecente Gobierno que, en su exclusivo interés, y no en el del pueblo soberano, lo permite.

 

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