EL CARNÉ DE VACUNACIÓN NO PODRÁ SER EXIGIDO, SEGÚN LA RESOLUCIÓN DE LA ASAMBLEA DEL CONSEJO DE EUROPA

La vacuna quizá no sea obligatoria, pero la guerra contra las élites continúa y no hay que bajar la guardia

La vacuna quizá no sea obligatoria, pero la guerra contra las élites continúa y no hay que bajar la guardia

Los vacunófilos e histéricos covidianos están que trinan con la Unión Europea por el fracaso en la compra de vacunas, trino que reparten con Sánchez por el fiasco de su plan de vacunación. Se ve que son amantes del riesgo y están ansiosos por prestar su brazo a la aventura que supone este experimento de transgénesis que haría babear al mismísimo doctor Frankenstein y a los Mengeles nazis. Porque de eso se trata, y para ello la Comisión Europea se ha pasado por el forro los tratados de Núremberg y ha autorizado la experimentación con humanos. No hay que olvidar ese día nefasto del junio pasado, en el que los humanos quedamos a merced de las ambiciosas farmacéuticas para que nos inoculen “cualquier cosa”, eso sí, protegidas por el secreto y, además, inmunes a toda responsabilidad. Henos aquí setenta y cinco años después, prestos a ejercer de cobayas. Hay que ser ciegos para no ver, y sordos para no oír las ponderadas opiniones que científicos de diferentes disciplinas llevan exponiendo desde hace meses. No los de la tele o la prensa oficial pagada para mentir, desinformar y mantener oculto el plan macabro de sometimiento y privación de libertades; las teles y la prensa repetidoras de los mantras de laboratorio, “quédate en casa” y “no abraces a tu abuelo que lo puedes matar”. Mejor que muera de asco y abandono que por una efusión de cariño, cargada de virus caprichosos y erráticos en perpetuo juego al escondite, que si no los buscan con ahínco en la recóndita nasofaringe, jamás darían señales de vida, ni de muerte. Da pena comprobar que la sociedad sigue en la inopia, sin enterarse de que las pruebas son inespecíficas, que incluso una sandía puede dar positivo, que dar positivo no significa estar contagiado o infectado, que los asintomáticos son personas sanas, que las mascarillas no solo no protegen, sino que están causando problemas graves, que la COVID no es una enfermedad respiratoria sino inflamatoria sistémica y multifactorial, y que hay que poner el foco en otros agentes causantes de la enfermedad, por ejemplo las vacunas de la gripe, las anticovid que se están inoculando, los campos electromagnéticos, los pesticidas y otros tóxicos que almacenamos en el organismo ya de por sí dañado por la alimentación refinada y procesada, con un sistema inmune deprimido por el estrés y la medicación –en el caso de los mayores con patologías—, y falto de vitaminas, minerales y oligoelementos.

Mientras prensa y Gobierno continúan en la dinámica de los contagiados, y los ansiosos de la vacuna la esperan como agua de mayo, las farmacéuticas, ya con el pago embolsado, no las entregan y han convertido la operación en un asunto de trileros. Como los contratos están blindados por la confidencialidad, se ignora su contenido así como el importe de los lotes. Mucho nos tememos que, ante la expectación, se pretenda negociar un sobreprecio, lo cual no es de extrañar, dado el calado moral de estos caballeros de mohatra.

Más que este juego de mafiosos, puntual a la vez que previsible, lo más trascendente en torno a la vacuna es que no tendrá carácter obligatorio, que era nuestra preocupación, pues Bill Gates así lo había anunciado en varias ocasiones y la propia Comisión Europea era proclive a su obligatoriedad en meses pasados. Pero parece que hubo cambio de opinión. La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa lo anunció el reciente 27 de enero mediante una resolución titulada “Vacunas Covid-19: consideraciones éticas, legales y prácticas”, de la que resaltamos los siguientes puntos:

7.3.1. Asegurarse de que los ciudadanos estén informados de que la vacunación no es obligatoria y de que nadie es presionado política, social o de otro modo para que se vacune, si no lo desea.

7.3.2. Velar por que nadie sea discriminado por no haber sido vacunado, por posibles riesgos para la salud o por no querer ser vacunado.

El punto 7.3.3 manda “tomar medidas tempranas y efectivas para contrarrestar la información errónea, la desinformación y las dudas sobre las vacunas Covid-19”.

Este último punto quiere decir que quienes informemos en contra de la vacuna o de cualquiera de los flecos de la epidemia, vamos a ser férreamente censurados, más aún, y que los “maldita” y resto de fact-checking, con los algoritmos a máxima potencia, no van a dar abasto a torpedear las verdades de los disidentes.

El punto 7.5.2 dice que” los certificados de vacunación son solo para hacer el seguimiento sobre la eficacia de la vacuna, los posibles efectos secundarios y los eventos adversos”.

Hay que decir que esta resolución no es vinculante y que nuestro optimismo puede parecer exagerado. Sin embargo, tras un periodo de sequía de noticias favorables, esta lo es, y nos atrevemos a decir que podría ser la constatación de que las élites globalistas no van a ejecutar su plan completo de dominio, y esto afecta a nuestra cotidianidad más cercana. Es decir, que ni los empresarios, motu proprio, podrán exigir la vacuna a sus empleados, ni las Comunidades autónomas, en el caso de España, podrán arbitrar normativas contrarias a lo que la Asamblea Europea recomienda, aunque no sea vinculante.

Núñez Feijóo ya asomó la oreja y en el Parlamento de Galicia han votado una proposición no de ley que contempla no solo la vacunación obligatoria para la nación de Breogán, sino una serie de directrices abusivas contra los ciudadanos, como cierre de empresas, incautación de propiedades o aislamiento de ciudadanos en lugares específicos. Claro que para que Feijóo pueda hacer efectivo este capricho de sátrapa dictador, se tendría que derogar la Ley 41/2002 de Autonomía del paciente, que protege a los ciudadanos en todo el territorio nacional.

Según la resolución europea, el temido carné de vacunación para trabajar, viajar, comprar, vender o ejercer la función pública tampoco podrá ser exigido. Pero, si bien esta noticia es un rayo de esperanza, no podemos bajar la guardia, ya que “la marca de la bestia”, materializada en la nanotecnología de los puntos cuánticos de la ID2020, pende como espada de Damocles sobre nuestras cabezas. Eso sí, nos permite ganar tiempo en este proceso de despertar conciencias, y eso es importante si sabemos utilizarlo, para la próxima embestida.

No cabe duda que después de muchos meses de oscuridad absoluta, apoyándonos solamente en la esperanza de conseguir mantener nuestra libertad y el resto de derechos, por fin, podemos decir que, aunque débil, se vislumbra una luz al final del túnel. ¿Por qué ha ocurrido esto? Hace unos días, un confidente de alto nivel, muy conocedor de las cloacas internacionales, nos comunicaba que los “amos del mundo” están a matar entre ellos, a pesar de la performance de Davos. Sus desavenencias han roto el consenso sobre el gobierno mundial, la gran dictadura global. Varias son las razones. Una de ellas es que fracasó el acuerdo en la configuración del organigrama de la cúpula de la pirámide, esto es, el NOM, más a nivel de corporaciones y de estamentos de poder que de personas, aunque esto también. Es decir, si bien todo parecía cosido y rematado, los hilvanes quedaron al descubierto en cuanto se tiró del tejido, y el traje se convirtió en simples retales para limpiar el polvo. Problemas derivados de la ambición desmedida de algunos integrantes. Otra razón es la inseguridad de poder llevar a cabo el plan, por una cuestión judicial, sobre todo, a causa de las demandas por los  efectos secundarios que las vacunas están causando en todos los países, que ya contabilizan muchos muertos. Y a pesar de contar con el poder de la prensa mundial, aún no tienen a todos los jueces a su favor.

Por otro lado –y esto es muy importante—, la disidencia de los científicos, periodistas y comunicadores independientes, a quienes no han podido amordazar a pesar de la censura y la persecución, también juega en su contra y les preocupa. Por eso van a ejercer una presión férrea sobre los denostadores de la oficialidad, a través de multas y otras represiones. Lo del general Santiago, pero más a lo grande.

La guerra continúa. Los abrazos y los besos seguirán en la clandestinidad, así como las reuniones entre familiares y amigos. Las perimetraciones se seguirán imponiendo, y aparecerán nuevas ocurrencias covidianas. No hay que olvidar que el miedo es un tesoro para los gobernantes, y van a sacarle el máximo provecho, máxime cuando han comprobado que el temor al contagio y a perder la vida ha activado nuestro instinto de supervivencia, como nunca antes, restando importancia al resto de cuestiones personales e incluso políticas, lo cual les permite robar, mentir, prevaricar, vulnerar la Constitución y cuanta tropelía pueda beneficiarles, porque permaneceremos impasibles y paralizados. La frase atribuida a Hobbes, “Primum vivere, deinde philosophari”, se convierte ahora en una guía de supervivencia colectiva.

Continuarán santificando las engorrosas e inútiles mascarillas como señal de dominio y símbolo de sumisión, aparte de las nefastas consecuencias para la salud, como apuntan médicos y psicólogos, mucho más cualificados que los asesores oficiales, que ni siquiera existen. La cara es el espejo del alma. Obligar a cubrir el rostro es obligar a esconder el alma, nuestra más divina esencia. La máscara nos roba la identidad, nos uniformiza, nos hace anónimos, recelosos, desconfiados, nos obliga a ser desconocidos para nuestros semejantes, a la vez que enemigos y un peligro potencial. ¡Mascarilla hasta que tengamos acceso a la vacuna! es el mantra que repiten hasta la saciedad políticos y periodistas del régimen, coreado por los ingenuos ciudadanos dormidos del rebaño. ¿Y ahora que han empezado a filtrase las dudas sobre su eficacia en cuanto a inmunidad o número de dosis necesarias? ¿Vacuna y mascarilla? Nos esperan meses de gran manipulación. Pero también de gran despertar.

Importante para los acérrimos defensores del globalismo diseñado por las élites es comprobar que China manda en el mundo y la nueva “democracia” se llama comunismo chino; y también que las farmacéuticas mandan más que los políticos y que la Europa que defienden no es la que votan los ciudadanos, sino la de los megalómanos y falsos filántropos, que ni siquiera aparecen en los medios y cuyo deseo más íntimo es adueñarse no solo de nuestros cuerpos, sino de nuestras mentes y de nuestras almas. ¡Nunca lo conseguirán mientras la Resistencia continúe con la lámpara encendida! Es un desafío.

NOTA. Si algún youtuber desea reproducir este texto o parte de él para la locución de su vídeo, debe pedir autorización y citar la fuente al principio de la narración.

gcomunicacion@laregladeoroediciones.com

 

 

 

 

 

 

 

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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