LA CIUDAD FUE ASENTAMIENTO CELTA CONQUISTADO POR LOS ROMANOS, ATRAÍDOS SIN DUDA POR LAS PROPIEDADES CURATIVAS DE LOS MANANTIALES TERMALES, UN PATRÓN QUE SE REPITE A LO LARGO DE LAS TIERRAS QUE FORMARON PARTE DEL IMPERIO ROMANO

Una visita a la vieja Aquisgrán, un punto clave en el Camino de Santiago y la historia de Europa

Una visita a la vieja Aquisgrán, un punto clave en el Camino de Santiago y la historia de Europa

Al día siguiente les esperaba la excursión a Aquisgrán, la ciudad más occidental de Alemania, a solo una hora de coche desde Bruselas. La urbe alemana es un punto importante en la Ruta Jacobea por su relación con Carlomagno. Algunas tradiciones francófilas hacen del rey franco el impulsor de las peregrinaciones a Compostela, pero son leyendas bastante alejadas de la realidad.

La autopista E-40 comunica la capital belga con la vieja Aquisgrán. Durante el viaje se maravillaban de lo cómodo que es viajar sin fronteras y recordaban cuando para ir de un país a otro, aparte de pasar el control de aduanas era necesario cambiar de moneda. Habían estado en Francia, en Bélgica y ahora en Alemania, y solo habían tenido que parar obligatoriamente en los peajes. La moneda única era un viejo sueño, y lo sigue siendo para muchos. Pero hay también arrepentidos. Las naciones del Sur, Grecia, Italia y España, cunas de las civilizaciones clásicas y del Renacimiento, ahora denominados pigs, han perdido calidad de vida y se han convertido en protectorados de los países bárbaros. La ansiada unión está siendo cuestionada, porque han convertido a los ciudadanos en siervos de la gleba del siglo XXI, y los señores de los modernos castillos construyen fosos y murallas para defenderse de los desheredados.

—La gente no se da cuenta —dijo Sergio—, pero Alemania consiguió en pocos años hacer real el propósito de Hitler: conquistar Europa. Los pigs somos países conquistados. No somos ni libres ni independientes.

—Hemos entregado la soberanía —añadió Clara— o, mejor dicho, la hemos perdido en una partida de Monopoly. Nos han inoculado en vena grandes dosis de dinero y, al no poder devolverlo, se han quedado con el país.

—¡Y con todos nosotros dentro! —bromeó Teresa.

—Nos han engañado como a chinos —volvió a terciar Clara—. Y encima han conseguido que el ciudadano interiorice que es culpable por haberse atrevido a aspirar a una vivienda propia.

—¡Y los estafados de los bancos! —protestó Virginia—. Esa es otra. Los pobres ahorradores de las participaciones preferentes… Eso clama al cielo.

—Bueno, no nos amarguemos el día hablando de estos temas —propuso Clara—. Esos tipos lo único que merecen es un buen voto nulo en las elecciones.

A pesar del ruego de Clara la conversación continuó por los derroteros de la política. Todos estaban muy sensibilizados con la situación de los más desfavorecidos. No era cuestión de ser de izquierdas o de derechas, sino de tener sentido común y empatía social. Los políticos se habían constituido en una casta casi hereditaria, regida por el nepotismo más medieval.

Sergio defiende que las debacles financieras son estrategias, diseños de los señores del Nuevo Orden Mundial para dominar el mundo y convertir a la humanidad en siervos robotizados.

Un símbolo con la leyenda Peregrinatio ad Limina Sancti Jacobi en pleno centro de Aquisgrán indica la tradición jacobea de esta capital alemana, un punto donde se juntan los peregrinos de varios países de Europa.

La ciudad fue asentamiento celta conquistado por los romanos, atraídos sin duda por las propiedades curativas de los manantiales termales, un patrón que se repite a lo largo de las tierras que formaron parte del Imperio romano. Aún quedan algunos tramos de la muralla y dos torres del siglo XIII. El origen del nombre es Aquisgranum, en honor al dios romano Granum. Si la historia ayuda a la comprensión del desarrollo de la Ruta Jacobea en Europa, unas pinceladas sobre Aquisgrán, o Aachen, su nombre en alemán, son imprescindibles.

Pipino el Breve estableció allí su corte en el siglo IX, pero es su hijo Carlomagno, heredero del reino de los francos, quien fija en Aquisgrán su residencia imperial, gracias a lo cual el lugar llegó a ser el centro cultural y artístico del Imperio, y contribuyó a crear un verdadero renacimiento.

Conocían estos datos por la historia y habían visto las imágenes de los reyes merovingios con sus largos mantos y coronas, pero estar en aquel recinto sagrado sobrecogía. Era como si, de repente, por una acción cuasimágica, se hubieran transportado al pasado, nada menos que doce siglos atrás.

Cuenta su biografía Vita Caroli Magni que Carlomagno fue coronado por el papa León III en el año 800 en San Pedro, en Roma, después de orar en la tumba de San Pedro.

De su palacio quedan parte de los cimientos y una torre. El actual edificio del ayuntamiento, construido sobre la antigua sede real, es de estilo neogótico el interior, y rococó el exterior. Al lado se levantó la capilla Palatina, de base octogonal de estilo bizantino, inspirada en la del mismo nombre, del Imperio romano de Oriente, rodeada por un deambulatorio delimitado por columnas.

La construcción octogonal fue adoptada posteriormente por los templarios, a imitación de la Basílica de la Roca de Jerusalén. A lo largo del Camino de Santiago existen varias construcciones octogonales, algunas templarias propiamente y otras atribuidas al Temple.

Estaban en pleno germen de los cimientos de Europa, en la catedral más antigua del norte del continente, conocida en la Edad Media como Iglesia Real de Santa María de Aquisgrán.

Mientras tomaban unos cafés, Clara aprovechó para subir unas fotos al blog y al facebook, acompañadas de una descripción del patrimonio artístico que tenían ante sus ojos, con todo lujo de detalles:

La capilla era el oratorio privado de Carlomagno. De la cúpula pende una araña de cobre, del siglo XII, donada por Federico I Barbarroja. A mediados del siglo XIV se empezó a construir el coro gótico, un edificio grandioso cuyas ventanas ojivales de treinta metros de altura son las más altas de la época. Desde 1225, un relicario de plata sobredorada acoge los restos de Carlomagno. Según la tradición, el rey fue enterrado en el sarcófago de Proserpina, del siglo II, obra de mármol tallada con escenas mitológicas. Grabada en oro se puede contemplar la escena de Santiago presentándose en sueños a Carlomagno, mostrándole la Vía Láctea, senda que conduce al sepulcro del Apóstol. En una de las capillas anexas a la Palatina hay un crucifijo en forma de ípsilon, del estilo de otros de Alemania y del de Puente la Reina en España. Se ha relacionado esta forma con la pata palmeada de la oca, uno de los símbolos esotéricos de la Ruta Jacobea.

Delante del coro se encuentra el llamado trono de Carlomagno, donde fueron coronados treinta emperadores y doce reinas del Sacro Imperio Romano Germánico, cuyas estatuas son visibles en la fachada de la sede municipal.

Es obligada una visita al tesoro de la catedral, compuesto de objetos preciosos, entre los que destacan la Cruz de Lotario, obra de orfebrería en oro, un camafeo del emperador Augusto, la capa de coronación de Carlomagno y su busto de oro y plata que, en las coronaciones, era transportado a la entrada de la ciudad para dar la bienvenida al nuevo rey.

Carlomagno contribuyó a la expansión del cristianismo y a la derrota de los musulmanes. Según relata el Códice Calixtino fue quien “abrió” el Camino de Santiago, pero el texto profrancés del Pseudo Turpin en detrimento de las tierras españolas, tiene partes de muy dudosa credibilidad.

Enfrente de la portada norte del ayuntamiento se encuentra la plaza del Mercado, con actividad comercial desde el Medievo, muy animada, con puestos de flores, frutas y quincalla variada. También está ubicada la casa Grashaus que fue sede del Juzgado, y la cárcel con una espléndida fachada del siglo XIII. Una fuente coronada con una estatua de Carlomagno sosteniendo el cetro y la bola del mundo recuerda al viajero dónde se encuentra.

 

Muchas veces la incomodidad de la silla de ruedas obligaba a Teresa Villarrubia a quedarse descansando. Entonces aprovechaba para leer cuanto folleto caía en sus manos y, a menudo, era ella quien les resaltaba algún punto interesante del itinerario o les leía alguna anécdota:

—Os leo esto que dice el folleto: «Cuando las tropas de Napoleón invadieron Aquisgrán evacuaron las joyas imperiales a Viena, para protegerlas, pero nunca las devolvieron». O sea que las que vimos en el salón de la coronación del ayuntamiento, son réplicas —reflexionó extrañada.

—Así es —dijo Sergio—. Y parece que tienen un pleito en el Tribunal Internacional de La Haya.

—Es lo que ocurre con las guerras y las conquistas —precisó Clara—. Los mexicanos le están reclamando a Alemania uno de los códices aztecas…, creo que el de Dresden. No sé si recuerdas —añadió dirigiéndose a Sergio— aquel tipo que pedía la devolución del códice, ataviado con un penacho al estilo Moctezuma… con plumas de quetzal y todo eso…

—Sí. En Munich, creo recordar… —contestó Sergio pensativo.

—Pero la historia de Moctezuma es muy anterior a Napoleón —terció María.

—Anterior sí —insistió Teresa—, pero fue un atropello lo que hicimos con esa gente. Los matamos, les robamos todo y destruimos su cultura.

—Pues yo no estoy de acuerdo con ese análisis histórico —replicó Sergio—. Les llevamos la lengua y la religión. No digo que no se hayan cometido excesos, pero hay que analizarlo en el contexto del siglo XVI. Civilizamos a esa gente, no se puede negar. Practicaban el canibalismo y los sacrificios humanos y gracias a los españoles fueron adquiriendo conocimiento.

—Es que Teresa es muy de la Pachamama —pinchó Clara, mirando a su amiga y acariciándole la mano suavemente—, y está en contra del descubrimiento y la conquista española. Es muy de la línea de Bartolomé de las Casas… y modernamente, de Chávez, Maduro y Morales. Interiorizó el discurso de los progres y cree que los españoles llegamos con la cruz avasallando a los indios indefensos. Esa fama, esa leyenda negra nos la han creado los ingleses. ¡Y como en España parece que no sabemos defendernos…! Yo estoy en el medio. Hoy habríamos actuado de otra manera, pero, haciendo balance, creo que dejamos una buena huella en América.

—Chávez, era un loco —apuntó Sergio—, Maduro un payasete, y Evo un soñador que vive fuera de la realidad. Pero es que los gobernantes de Centro y Sudamérica han sido de lo peor: ladrones, abusadores, corruptos y, algunos, asesinos. Han parasitado a las clases bajas y les han robado la dignidad, y eso ha reventado. Por eso llegan los Chávez y los Morales… y los Fideles. En cuanto a la conquista, es cierto que fuimos algo salvajes, pero los ingleses hicieron mucho más daño que nosotros en todas partes, y no digamos nada de los alemanes. Y encima, como dice Clara, nos han calumniado y echado la culpa de las mayores atrocidades.

El tema daba para mucho y la conversación se prolongó durante más de dos horas. Teresa conocía bien las tierras de Sudamérica y sabía de la penuria en la que viven las comunidades indígenas, completamente dejadas de la mano de Dios, ¡y de los hombres! A lo que hay que sumarles, por si los males fuesen pocos, la guerrilla, el narcotráfico y la deforestación que producen los traficantes de madera; un mal extensible a otras zonas del planeta.

El asunto de los botines de guerra y el robo de obras de arte en las contiendas se había quedado atrás y Clara volvió a sacarlo a la palestra.

—A mí me interesa el destino de las obras de arte y las piezas arqueológicas. ¿Dónde deben estar los objetos, en el país al que pertenecen o donde los llevaron de botín? ¿No deberían estar en Egipto las momias y otros objetos artísticos, y no en Museo Británico y en el Louvre? Yo lo encuentro muy injusto. Si el tráfico de arte es un delito, no debería permitirse el tráfico, digamos, legal.

—Pues es un tema de conciencia muy interesante —dijo Virginia—. Puede que no seamos tan civilizados como creemos.

Sergio sugirió ir a comer, para después visitar las termas. Las cuatro aplaudieron su buena idea y se pusieron en marcha.

 

No había tiempo de hacerse una cura de relax en el Elisenbrunnen de Aquisgrán, como llaman los alemanes a la Fuente de Elisa, uno de los balnearios que a lo largo del tiempo habían frecuentado Pedro el Grande, Federico de Prusia, el compositor Händel o el mítico Casanova; o en el macrobalneario Carolas Thermen Bad Aachen. Estas surgencias fueron muy estimadas en la época romana y a lo largo de la Edad Media, pero con el avance de la farmacopea entraron en declive en todo Europa. Hoy se han puesto en valor y ofrecen al visitante un variado abanico de servicios. Hay alrededor de treinta manantiales, lo cual le confiere a la antigua Aquis Granun la categoría de centro termal.

En esta ocasión tuvieron que conformarse con beber unos vasos de agua sulfurosa de una de las fuentes. Se quedaron con el pesar de no poder recibir un buen masaje con aceites esenciales o una sesión de shiatsu, sobre todo Teresa a la que por su situación física le hubiese venido bien. Para compensar, cuando se subieron al coche, Virginia le propuso un plan a su amiga:

—Cuando terminemos el viaje, si quieres podemos pasar una semana en un balneario. Hace tiempo que me apetece ir… y al ver estos… y respirar el vapor, me entraron ganas.

—Por mí, fenomenal —contestó Teresa—. Podemos ir a Cestona. Estuve hace años y es precioso, de estilo antiguo, rodeado de monte. Y la comida era muy buena.

—También podéis ir a Ourense —sugirió Clara—. Es la provincia de Europa con mayor número de manantiales. Ourense podría estar a la altura de los grandes centros termales, pero los políticos no han sabido aprovechar y promocionar estos recursos.

—No tenía ni idea de que Ourense fuera tan importante en aguas termales —reflexionó Teresa—. Sabía que estaban Las Burgas pero creía que era la única fuente caliente.

—Las Burgas son las que más fama tienen —dijo Clara—. Pero, en estos momentos, hay tres villas termales que ya explotaban los romanos. Y dos de ellas conservan sus nombres preciosos: Aqua Laie y Aquis Originis. Suenan como la que acabamos de visitar: Aquis Granun.

—¿Estuviste? —preguntó Virginia.

—Sí, pero no por placer —respondió Clara—. Estuve haciendo un reportaje sobre la cultura del agua en el Imperio romano y entrevisté a varios expertos.

—Pero, hablando de expertos… —intervino Sergio— algunos no están de acuerdo en el uso del termalismo en plan lúdico. Dicen que es una falta de respeto; que debería emplearse en la prevención de enfermedades y en su curación. Leí que si se utilizase el agua termal de manera adecuada, habría menos enfermos y la sanidad pública no estaría en déficit.

—Yo creo que es compatible —terció Teresa—. Se puede utilizar el termalismo con fines sanitarios, y por placer. El bienestar también es salud.

La conversación sobre termalismo amenizó el viaje y sirvió de arrullo. María había echado un buen sueño y de vez en cuando se le escapaba algún que otro ronquido, aunque discreto. (De mi novela El Códice de Clara Rosenberg).

NOTA. Si algún youtuber desea reproducir este texto o parte de él para la locución de su vídeo, debe pedir autorización y citar la fuente al principio de la narración.

gcomunicacion@laregladeoroediciones.com

 

 

Te puede interesar

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

Lo más leído