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Iglesias exige controles extrajudiciales para los periodistas y Sánchez bendice la censura de prensa

Solo sería libertad de expresión en España lo que decidan el del moño y sus compinches

Iglesias exige controles extrajudiciales para los periodistas y Sánchez bendice la censura de prensa
Pablo Iglesias (PODEMOS), Pedro Sánchez (PSOE) y la censura de prensa en España. PD

Lo tremendo es que en esta nueva ofensiva de Pablo Iglesias y sus compinches contra la libertad de prensa, le acompañan como palmeros cadenas de televisión, programas donde se lo llevan crudo presentadores afines y diarios online subvencionados.

Solo es posible descubrir, y en el mejor de los casos obstaculizar, la corrupción y las injusticias cuando todos tienen el derecho de expresar libremente su opinión, cuestionar de forma crítica lo que pasa en la política y los negocios, investigar sin obstáculos y publicar el resultado de sus investigaciones.

Cada vez que se ataca a los periodistas y a los medios de comunicación privados y libres se está atacando directamente a la democracia.

Las restricciones a la libertad de prensa ya no son solo un problema de países autoritarios. También está amenazada en cada vez más democracias, poniendo en peligro su esencia, y el más reciente ejemplo es España.

No contento con haber ocupado sin rubor entes pagados por los ciudadanos, como RTVE y de intentar ‘domesticar’ televisiones, radios y periodicos, usando como instrumento el reparto caprichoso de los millones de la publicidad institucional, el Gobierno PSOE-Podemos maniobra ahora para establecer cerrojos legales.

Decimos Gobierno y no sólo Pablo Iglesias, porque tienen una responsabilidad colegiada y todos -desde Pedro Sánchez a Marlaska, pasando por Margarita Robles a Nadia Calviño- están en la pomada.

Pablo Iglesias volvió a utilizar este 17 de febrero de 2021 el Congreso para insultar a los medios de comunicación, para erigirse él mismo en el instrumento que pueda ejercer como «elemento de control democrático», y para afirmar que la Prensa está al servicio de la extrema derecha.

De este modo, como subraya ABC en su editorial, volvió a dejar claro su concepto de la libertad -ninguno-, y su estrategia -la censura, el silenciamiento y el bullying sistemático- contra los medios de comunicación críticos.

Cuando Iglesias habla de «control democrático», en realidad solo alude a una represión coactiva a la Prensa.

Él es la democracia y él representa a las libertades. Lo demás, la libertad de información y expresión, la capacidad sancionadora de los tribunales, o la elección independiente de cada ciudadano de qué medio elige para informarse, sobra en España. Y sostener toda esta amenaza autoritaria delante del socialista Sánchez, sin que siquiera le corrigiera de inmediato una sola coma, solo refleja una complicidad inquietante del presidente del Gobierno.

Iglesias se queja hoy de lo mismo que antes elogiaba. Lo que ha ocurrido en medio es que su partido está siendo investigado por financiación ilegal, que pierde votos a chorros, que su capacidad gestora en el Gobierno es nula, que cuestiona la plenitud de la democracia, que ataca a la Monarquía parlamentaria, que es casta pura y dura, y en definitiva, que no soporta que denunciemos que está en el poder para prostituir el mismo concepto de la democracia.

¿De qué se queja Iglesias, si él nació a la política con la simpatía de muchos medios de comunicación hacia su mensaje de destrucción del sistema?

¿Entonces esos medios eran libres y ahora no? ¿De qué se queja si esta democracia le permite fomentar un periódico digital dirigido por su colaboradora Dina Bousselham, destinado exclusivamente a señalar y criminalizar a periodistas? ¿De qué se queja si basta una orden de sus terminales para que muchos medios silencien sin pudor los escándalos de Neurona y los delitos de Juan Carlos Monedero?

Cuando esos mismos medios sobreactúan con horas y horas televisivas de escándalos de otros partidos, Podemos los jalea porque sí hay libertad.

En cambio, cuando otros medios indagan en las cloacas de Podemos, es imprescindible ejercer un ‘control democrático’… El propio de las dictaduras.

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