OPINIÓN

Javier Cabrerizo Daniel: «Muro entre Cataluña y España»

Javier Cabrerizo Daniel: "Muro entre Cataluña y España"

Al igual que un salvador de la patria, pero sin caballo como Abascal, tampoco con la cobardía y mediocridad de Pablo Casado, ni con la niñería de Arrimadas, menos con la imbecilidad de Iglesias y por supuesto, sin la psicopatía de nuestro presidente, creo que he hallado la solución de España.

Ruego a nuestra mayoritaria parapléjica clase empresarial de este país, y utilizo este adjetivo porque es esta la que paga su propia destrucción a través del mantenimiento de esta la basura mediática de este país que dedique unos segundos a leer estas líneas, de izquierda a derecha y luego vuelta a empezar en la línea inferior.

El verano que se nos avecina, como el anterior, va a ser catastrófico en cuanto al turismo y uno de los problemas que más humean es Cataluña.

Comienzo:

Propongo darles la independencia y crear un muro al estilo Trump -por lo alto- y al estilo Ceuta y Melilla – por las concertinas- a finales de mayo entre Cataluña y el resto de España. Desde los Pirineos, pasando por la Franja, hasta Valencia. Tampoco hay que olvidarse de Andorra y no, la familia Pujol tampoco podrá pasar.

Se hará un censo entre los catalanes. Los que sean constitucionalistas gozará de unos magníficos días por la península a gastos pagados por el Estado, que calculó será mucho menos de lo que nos cuesta mantener esos ministerios inútiles en cuanto a su función pública, pero útiles en cuanto a la privada, es decir, la de las cuentas de todos los enchufados.

Recuperaríamos el turismo nacional y solucionaríamos el problema nacionalista.

¿Por qué?

Desde que gobiernan partidos independentistas lo que se ha conseguido es: disminuir los servicios públicos, el turismo, el empleo, el prestigio internacional, la inversión extranjera, la libertad y un largo etcétera. Pero hay que ser justos, también se han incrementado otras cosas: la deuda pública, el acoso a periodistas, la corrupción, la inseguridad y otro largo etcétera.

En unos días el muro se llenaría de ciudadanos pidiendo su derribo y el paso hacia el antiguo, para ellos, Estado opresor, bajo el grito de “Ens han enganyat. Deixar-nos passar.”

Una vez llegados a ese punto solamente habría que tirar el muro y dejar pasar a los constitucionalistas que disfrutaban de nuestras maravillosas playas. Así, el problema catalán desaparecería y España volvería a estar unida por los siglos de los siglos.58

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