OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «De la España “postfranquista” a la España “socialcomunista”»

Pedro Manuel Hernández López: "De la España “postfranquista” a la España “socialcomunista”"

Hacer historia-ficción de la historia real de una nación, solo conduce a una práctica de añoranza baldía, por eso, a lo largo de este artículo intentaré contrastar las diferencias de aquella España –la aciaga y oscura de la postguerra– con la España de ahora, la postconstitucional –más infausta y sombría, si cabe, que la anterior.

Los primeros años de la postguerra y del período “autárquico” –muy duros para todos y en todos los aspectos– fueron motivados fundamentalmente por el aislamiento económico e industrial con el resto del mundo exterior que mermó intensamente su economía, su industria, su desarrollo económico y social. ¿Hemos olvidado ya el papel que jugó el sanguinario dictador comunista Josef Stalin apoyado por el presidente estadounidense Harry Truman en el bloqueo a España…?. No olvidemos tampoco las represalias posteriores e inherentes a cualquier guerra, y más cuando esta fue una guerra cainita –de españoles contra españoles- que llegó, incluso, a dividir a familias enteras. El hambre, el estraperlo y las cartillas de razonamiento fueron la tónica constante en la mayoría de las familias.

A mediados de los años 50, esta situación dio un giro político y económico –aunque lento y progresivo– relajándose la sociedad española en general, a la vez que lo hacía el propio régimen. La apertura al mundo exterior –en especial con los EE.UU a través del famoso “Plan Marshall”– vino acompañada de una economía que empezaba a ver la luz y dejaba atrás el aciago y sombrío período autárquico. Se crearon nuevas e importantes empresas –algunas de las cuales existen todavía hoy– y la actividad industrial inició su singladura provocando los primeros movimientos migratorios desde las zonas rurales a las ciudades. El trabajo se multiplicó, el hambre empezó a erradicarse, la economía se acrecentó, la libertad de expresión y de reunión se flexibilizó y, todo en general, fue mucho mejor y a más, preparando el camino hacia un Estado democrático de pleno derecho.

España, a partir de la muerte de Franco en 1975, experimentó un tremendo cambio político, económico y socio laboral que fue in “crescendo” hasta el lóbrego, fatídico y nefasto gobierno de Zapatero y de Sánchez. En este año y siguientes, España era la 2ª potencia mundial en el sector servicios, tenía la 2ª flota pesquera y faenaba en los principales caladeros del mundo; era la 9ª potencia industrial y el 3º productor mundial en astilleros. La industria representaba el 36% del PIB (ahora no llega al 15%); la clase media era el 56% de la población y la tasa de paro era solo del 3,7% (ahora oscila entre el 22,4% y el 24,0%, y en ascenso). Así mismo, se crearon 21 Universidades y numerosas Escuelas laborales por toda la geografía de España.

Las familias numerosas tenían tres niveles de ayudas, además de un mes o 30 días naturales de vacaciones retribuidas al año, 2 pagas extraordinarias –la de “Navidad” y la del “18 de Julio”– dos medias pagas extras por “beneficio de empresa” y pagas extras mensuales, por “trienios” o “quinquenios”. La Sanidad era pública y gratuita para todas las familias y los que accedían a la Universidad, si eran buenos estudiantes, gozaban de cuantiosas becas –tanto de las Organizaciones Sindicales, como del propio ministerio de Educación y Ciencia—que cubrían los gastos de matrícula, los libros, e incluso, la estancia en Colegios Mayores durante el curso académico, si se estudiaba fuera de la provincia de residencia habitual (la llamada Beca-Salario).

A todo esto había que añadir los billetes gratuitos o casi gratuitos– en los transportes públicos urbanos—expedidos antes de las 09,00 h AM; que el trabajo tenía prioridad sobre cualquier aspecto social; que los bienes privados no podían ser embargados nunca y bajo ningún concepto (Art. 32 del Fuero de los Españoles); y que la apertura de pequeñas empresas y negocios familiares apenas requerían permisos legales que no fueran la higiene y la seguridad.

Tampoco se podía interrumpir el suministro eléctrico, de agua o carbón a ningún hogar por impago; los salarios eran netos y exentos de retenciones y pago de impuestos; el Impuesto de Tráfico de Empresa (ITE, actual IVA) era del 2% (ahora el 21%); la jornada laboral era rigurosamente de 8 horas y solo en caso de necesidad extrema o emergencias se permitían horas extras, previa negociación del precio con la empresa, y derecho a Pensión a partir de 2 años cotizando a la S. Social (ahora a partir de 35 años cotizados).

Respecto a la seguridad ciudadana, el nivel de delincuencia en las ciudades era muy bajo, no siendo necesarias las empresas de seguridad privada, y como el domicilio de los españoles era inviolable (Art.15 del Fuero de los Españoles) no había lugar para los “okupas”–esta nueva plaga y mafia social de la España del “sanchismo”, jaleada y apoyada por los “perroflautas podemitas” de turno– a los que la Ley protege frente a los desvalidos propietarios. En casi todos los pueblos de España, el dejar la puerta abierta de las casas o no cerrar con llave era lo habitual y frecuente. Yo que pase mi infancia en Martiherrero, un pequeño pueblo de 748 habitantes donde vivían mis abuelos paternos y a tiro de piedra de Ávila, puedo dar fe, de que en aquellos años casi nadie cerraba la puerta de su casa, ni de día ni de noche…porque nadie robaba. Podría seguir enumerando otras muchas más, y la lista sería interminable…

Todo esto ocurría en la España postfranquista…aunque claro, no todo fue un camino de rosas, sino que también tuvimos nuestros angostos senderos de espinas…La diferencia es que todos –Pueblo y Gobierno– caminábamos en la misma dirección y con el único fin de hacer de España una nación unida, justa libre, democrática, próspera e industrialmente desarrollada en beneficio de todos los españoles.

A los que no vivieron en aquella España, todo esto les parecerá un relato de “ciencia ficción” de un país distópico, una “leyenda” ocurrida en la noche de los tiempos o, cuando no, una “mentira histórica” popularizada y narrada por los poderes fácticos de la época. Pero ya decían los clásicos “que la ignorancia es muy atrevida”. François de La Rochefoucauld (aristócrata, político y filósofo francés del siglo XVII) –refiriéndose a esta capacidad humana metacognitiva—decía: “Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse”.

Los que no vivieron “en vivo y en directo” esos años, se equivocan de principio a fin. Piensan, creen y afirman que la España del siglo XXI es una nación libre, justa, democrática, económica y políticamente estable, donde todos tienen derecho a TODO –por el mero hecho de ser españoles—olvidándose que ese Estado de Bienestar, conquistado con esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas, y que parecía eterno e incombustible, está agonizando.

Ya nada es lo que era, ni nada es lo que parece. Ignoran que en la España, “sanchista, comunista y marxista”, es el propio Gobierno quien –con la ayuda de los partidos que lo sustentan –a cambio de pingües prebendas y serviles concesiones — intenta destruirla, permitiendo que ministros de su Ejecutivo –que han “jurado lealtad y fidelidad al Rey y cumplir y hacer cumplir la Constitución”– ataquen directa, pública e impunemente el papel y la función de la Monarquía Parlamentaria, en la persona de su Majestad el Rey, Felipe VI y el de nuestra Carta Magna, la Constitución de 1978.

El de Sánchez, es el peor Gobierno –con diferencia y creces– que ha tenido y tiene España desde el reinado de Fernando VII, “el rey Felón”. Ha superado, incluso, al del nefasto Zapatero, pues está conformado y sustentado por “lo peorcito” de los partidos de extrema izquierda. Su mayor postulado y compulsiva obsesión es romperla en “cachos”, violando, anulando y destruyendo los “cuatro poderes” fundamentales sobre los que cimienta todo estado democrático.

Este Gobierno, mediante un ladino “proceso constituyente”, pretende –una vez debilitada, derrocada y exiliada la monarquía– consolidar la Tercera República de España, a imagen y semejanza de la “narcorepública” bananera de la Venezuela del dictador Maduro. No van a recular hasta que su bandera tricolor (rojo, amarillo, morado) ondee, a los cuatro vientos, en todos los organismos oficiales estatales y, de un modo especial, en el Palacio de la Zarzuela, en la Moncloa, en el Congreso de los Diputados y en el Senado, entre otros…

Por eso, que bien viene recordar, a propósito de esto, lo que nuestro inolvidable Premio Nacional de las Letras Españolas (1995),escritor, periodista, y novelista, conocido por sus novelas protagonizadas por el detective Pepe Carvalho, Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona 1939) decía –con ese humor tan socarrón que le caracterizaba– aquello de que: “¡Contra Franco, estábamos y se vivía mejor! Ya nada es lo que era, ni ya nada es lo que parece…y visto lo visto, parece ser que incluso tenía razón! ¡Al buen lector y entendedor…pocas palabras le bastan!

Pedro Manuel Hernández es Médico, Periodista y ex Senador autonómico del PP por Murcia.

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