OPINIÓN

Victor Entrialgo De Castro: “Dejar gobernar a un inmoral”

Victor Entrialgo De Castro: “Dejar gobernar a un inmoral”

No se trata de una mentira ocasional en un callejón sin salida cualquiera de la política. Son mentiras que ni siquiera tienen en el horizonte un ideal moral. Miente y manipula en una farsa permanente asuntos, hombres, mujeres y colectivos, para conservar el poder.

La historia de nuestro país enseña que la gente lo aguanta todo. Desde el final del siglo XIX la Nación española ha asistido en muchos momentos de su historia a la indolencia y la desidia del pueblo ante la pudredumbre de éste o aquel régimen, la corrupción de unos u otros partidos, la jaulas de grillos del multipartidismo que venía a solucionarlo, “el servilismo” con los señores feudales en las autonomías “de primera” y el clientelismo con “las de segunda”. La anarquía que dejan cuando degenera, como está sucediendo con la violencia y el caos en Cataluña, que algunos aún quieren multiplicar con federalismos asimétricos.

El pueblo tiene bastante con intentar conservar lo poco que aún se sostiene en pie a pesar de éstos gaznápiros, ya sea un puesto en la administración, éste o aquel privilegio, aguantando carros y carretas, lavándose las manos, fumándose un puro o repitiendo ante los suyos que me quede como estoy. “Éste país lo aguanta todo”, decimos todos los días con la penúltima miaja de sorpresa que nos queda.

Y nos equivocamos. Éste país lo aguanta todo sí. Pero hasta que revienta.

España no ataja los problemas hasta que dejándolos caer por la pendiente por la comodidad o el temor al ejercicio de la autoridad, a hacer cumplir la ley, instalada la sensación de impunidad, revientan. No parece una actitud saludable.

¿Cómo es posible que España permita gobernar a un individuo de farsa diaria, más mentiroso que la falsa moneda, que pretende repartir los billetes de Europa en una habitación de la Moncloa?

Eso es dejar las cosas hasta que revientan. Como con el fin de nuestro imperio que dió lugar a la crisis del 98, la dictadura de Primo de Rivera que puso fin a la alternancia viciada de la Restauración, el deterioro y caos republicano para solucionar el cual necesitamos dramática y estúpidamente una cruenta guerra civil y una dictadura franquista cuyo final fue utilizado antes que nadie por separatistas o terroristas, justamente, por quienes se beneficiaron de ella, o no gurgutaron durante cuarenta años.

Ahora se están cargando el Régimen de la Transición y la Constitución de 1978, no por corregir o mejorar cosas, sino para derribarlo y ponerlo patas arriba. El Régimen que trajo a España el mayor período de paz y el mayor grado de bienestar de su Historia.

Por la falta de controles del reparto y la financiación, llegó luego la corrupción del PSOE PP o CIU, y personajes de tercera, como Villarejo, Sanchez, el Coletas y Puigdemont, comunismo y separatismo siempre de la mano.

No hemos aprendido nada de la historia. O muy poco. Quizás porque la idiosincrasia pueda más.

Se comprenden las dificultades de que el pueblo salga a la calle a manifestarse contra éste gobierno durante una pandemia y un Estado de alarma, precisamente porque el Gobierno lo sabe y trata de impedirlo, llenando la calle de colectivos, vándalos, mujeres subvencionadas, o quien sea.

Aún reconociendo esas dificultades del pueblo soberano, parece cuando menos negligencia, conformismo o, cuando menos indolencia y descuido, dejar gobernar a un inmoral.

Un inmoral que se alzó con el poder apoyándose en unos golpistas que declararon una República en una Monarquía parlamentaria.

Un inmoral que nombra a su pesadilla, un maligno rasputín, alguien cuya sola idea le decía al pueblo que no le dejaría dormir y resulta que duerme como un bebé y es el único que mientras el país esté encerrado, el se puede mover a Doñana los fines de semana.

Un presidente que nombró Fiscal general de Estado a una ex ministra de justicia de inmoralidad acreditada, por si en su dia procede hacerse fuerte, que tiene amigos que usan la prostitución, “agencias de modelos” e “información vaginal”, mientras chantajean a todas las instituciones del Estado, negocios muy lucrativos con los que se ha amasado fortunas que le esperan en Uruguay, Panamá, u otros paraísos fiscales.

Amigos que, en su defensa, pretenden llevarse por delante en su defensa “lo que sea”, y que cuya salida por agotarse el plazo máximo de cuatro años de prisión provisional, da lugar a que su amiga se reúna, no en la Fiscalía, sino por los portales, con muy diversa gente, en el momento de la suelta de su amigo con evidente riesgo de fuga.

El inmoral que nos gobierna nombró a otro juez que utilizó sus lobbies y se cambió el apellido para medrar y ahora, al alimón, pretenden colar a de Prada, -el juez que con su media verónica puso al Pp y a Rajoy en suerte, -con excesos “jur- imprudentes” en el órgano de gobierno de los jueces, mientras sigue seguir acercando a los terroristas de ETA y ganándose el apoyo de comunistas y separatistas.

Un gobernante que en el momento oportuno, dejará caer a un vicepresidente del que el país entero está hasta el moño, -que se opondrá sacando de nuevo la violencia a la calle como tiene manifestado-, y dirá que se vió obligado y que él era el primer interesado.

España, exclama diariamente ¡adonde hemos llegado! sin decididirse a echarse a la calle, respetando todas las medidas pero ordenada, decidida, masivamente a defender la moral y la nación, se lamentará primero de lo irreversible y luego de lo irreparable.

En un pueblo desmoralizado en los dos sentidos, el ético y el vital, -escribe Ortega en 1903 en “Afirmación de la moral y de la nación”,- “sólo puede sacarnos de éste momento una política que empiece por ser una moral exigentísima, que reclame al hombre entero y arroje de él cuanto en él haya de encanallamiento, vileza, chabacanería e incapacidad para las nobles empresas”. De eso hay, -en la política española de hoy,- lo que quieras.

Gobernar no es sencillo. Pero es más fácil, está siéndolo, si eres inmoral.

 

Víctor Entrialgo

Dejar gobernar a un inmoral

No se trata de una mentira ocasional en un callejón sin salida cualquiera de la política. Son mentiras que ni siquiera tienen en el horizonte un ideal moral. Miente y manipula en una farsa permanente asuntos, hombres, mujeres y colectivos, para conservar el poder.

La historia de nuestro país enseña que la gente lo aguanta todo. Desde el final del siglo XIX la Nación española ha asistido en muchos momentos de su historia a la indolencia y la desidia del pueblo ante la pudredumbre de éste o aquel régimen, la corrupción de unos u otros partidos, la jaulas de grillos del multipartidismo que venía a solucionarlo, “el servilismo” con los señores feudales en las autonomías “de primera” y el clientelismo con “las de segunda”. La anarquía que dejan cuando degenera, como está sucediendo con la violencia y el caos en Cataluña, que algunos aún quieren multiplicar con federalismos asimétricos.

El pueblo tiene bastante con intentar conservar lo poco que aún se sostiene en pie a pesar de éstos gaznápiros, ya sea un puesto en la administración, éste o aquel privilegio, aguantando carros y carretas, lavándose las manos, fumándose un puro o repitiendo ante los suyos que me quede como estoy. “Éste país lo aguanta todo”, decimos todos los días con la penúltima miaja de sorpresa que nos queda.

Y nos equivocamos. Éste país lo aguanta todo sí. Pero hasta que revienta.

España no ataja los problemas hasta que dejándolos caer por la pendiente por la comodidad o el temor al ejercicio de la autoridad, a hacer cumplir la ley, instalada la sensación de impunidad, revientan. No parece una actitud saludable.

¿Cómo es posible que España permita gobernar a un individuo de farsa diaria, más mentiroso que la falsa moneda, que pretende repartir los billetes de Europa en una habitación de la Moncloa?

Eso es dejar las cosas hasta que revientan. Como con el fin de nuestro imperio que dió lugar a la crisis del 98, la dictadura de Primo de Rivera que puso fin a la alternancia viciada de la Restauración, el deterioro y caos republicano para solucionar el cual necesitamos dramática y estúpidamente una cruenta guerra civil y una dictadura franquista cuyo final fue utilizado antes que nadie por separatistas o terroristas, justamente, por quienes se beneficiaron de ella, o no gurgutaron durante cuarenta años.

Ahora se están cargando el Régimen de la Transición y la Constitución de 1978, no por corregir o mejorar cosas, sino para derribarlo y ponerlo patas arriba. El Régimen que trajo a España el mayor período de paz y el mayor grado de bienestar de su Historia.

Por la falta de controles del reparto y la financiación, llegó luego la corrupción del PSOE PP o CIU, y personajes de tercera, como Villarejo, Sanchez, el Coletas y Puigdemont, comunismo y separatismo siempre de la mano.

No hemos aprendido nada de la historia. O muy poco. Quizás porque la idiosincrasia pueda más.

Se comprenden las dificultades de que el pueblo salga a la calle a manifestarse contra éste gobierno durante una pandemia y un Estado de alarma, precisamente porque el Gobierno lo sabe y trata de impedirlo, llenando la calle de colectivos, vándalos, mujeres subvencionadas, o quien sea.

Aún reconociendo esas dificultades del pueblo soberano, parece cuando menos negligencia, conformismo o, cuando menos indolencia y descuido, dejar gobernar a un inmoral.

Un inmoral que se alzó con el poder apoyándose en unos golpistas que declararon una República en una Monarquía parlamentaria.

Un inmoral que nombra a su pesadilla, un maligno rasputín, alguien cuya sola idea le decía al pueblo que no le dejaría dormir y resulta que duerme como un bebé y es el único que mientras el país esté encerrado, el se puede mover a Doñana los fines de semana.

Un presidente que nombró Fiscal general de Estado a una ex ministra de justicia de inmoralidad acreditada, por si en su dia procede hacerse fuerte, que tiene amigos que usan la prostitución, “agencias de modelos” e “información vaginal”, mientras chantajean a todas las instituciones del Estado, negocios muy lucrativos con los que se ha amasado fortunas que le esperan en Uruguay, Panamá, u otros paraísos fiscales.

Amigos que, en su defensa, pretenden llevarse por delante en su defensa “lo que sea”, y que cuya salida por agotarse el plazo máximo de cuatro años de prisión provisional, da lugar a que su amiga se reúna, no en la Fiscalía, sino por los portales, con muy diversa gente, en el momento de la suelta de su amigo con evidente riesgo de fuga.

El inmoral que nos gobierna nombró a otro juez que utilizó sus lobbies y se cambió el apellido para medrar y ahora, al alimón, pretenden colar a de Prada, -el juez que con su media verónica puso al Pp y a Rajoy en suerte, -con excesos “jur- imprudentes” en el órgano de gobierno de los jueces, mientras sigue seguir acercando a los terroristas de ETA y ganándose el apoyo de comunistas y separatistas.

Un gobernante que en el momento oportuno, dejará caer a un vicepresidente del que el país entero está hasta el moño, -que se opondrá sacando de nuevo la violencia a la calle como tiene manifestado-, y dirá que se vió obligado y que él era el primer interesado.

España, exclama diariamente ¡adonde hemos llegado! sin decididirse a echarse a la calle, respetando todas las medidas pero ordenada, decidida, masivamente a defender la moral y la nación, se lamentará primero de lo irreversible y luego de lo irreparable.

En un pueblo desmoralizado en los dos sentidos, el ético y el vital, -escribe Ortega en 1903 en “Afirmación de la moral y de la nación”,- “sólo puede sacarnos de éste momento una política que empiece por ser una moral exigentísima, que reclame al hombre entero y arroje de él cuanto en él haya de encanallamiento, vileza, chabacanería e incapacidad para las nobles empresas”. De eso hay, -en la política española de hoy,- lo que quieras.

Gobernar no es sencillo. Pero es más fácil, está siéndolo, si eres inmoral.

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído