OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «Muerte por Decreto-Ley…”

Pedro Manuel Hernández López: "Muerte por Decreto-Ley…”

En su momento me produjo un cierto malestar y un gran estupor, no exento de recelo, intranquilidad y profunda tristeza “la Proposición de Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia”, presentada en nombre del Grupo Parlamentario Socialista a la Mesa del Congreso de los Diputados, el 24 de enero de 2020 y firmada por su portavoz, Adriana Lastra, la que en la investidura de Pedro Sánchez, afirmaba en uno de sus múltiples tweets: “Tenemos un Gobierno que va a luchar para ampliar el Estado del Bienestar(?) y para eso vamos a trabajar de manera incansable para mejorar la vida(?) de todos los ciudadanos y todas las ciudadanas”.

Sabemos de sobra que el debate que plantea constantemente la izquierda sobre la vida, como hace con la educación, siempre es con interés partidario, nunca a favor del interés general y del bien común y que el hibrido gobierno de Sánchez- Iglesias es un experto maestro en el arte de mentir y llevar a la palestra del Congreso los temas más controvertidos, inverosímiles y con menos demanda social, con tal de enmascarar la preocupación y desviar la atención del sufrido pueblo español de los auténticos, graves y reales problemas que le preocupan: la pandemia del Covid-19 con sus múltiples y funestas consecuencias con más de cien mil de personas fallecidas, el colapso de hospitales y Ucis, el cierre de millares de medianas y pequeñas empresas, los millones de personas en paro , la deuda pública, el futuro de las pensiones, el acceso de los jóvenes al mercado laboral, la sostenibilidad del sistema sanitario ,la consolidación de un sistema educativo eficaz, justo, e igual para todos (que respete tanto el derecho de los padres como el de los niños), la corrupción política y malversación de los fondos públicos, la indepencia de Cataluña y demás Comunidades (donde el germen independentista y separatista reaparece con más fuerza), la defensa de nuestras fronteras, la inmigración incontrolada, la inseguridad ciudadana, etc., etc.,etc.

Varias han sido las ocasiones en las que el PSOE “sanchista” ha intentado llevar a la Mesa del Congreso esta propuesta sin conseguirlo. En marzo del 2017, se abstuvo de votar a favor de la “propuesta de Ley” de Unidos Podemos y al ser rechazada ocasionó que éste proyecto no se debatiera en Comisión Parlamentaria y que el partido, de Iglesias Turrión, proclamara que aquello había sido “la muerte de la libertad ética del ciudadano en la fase final de su vida”. Tras esto, al PSOE de Sánchez no le faltó tiempo para registrar a toda prisa en el Congreso su propia “Ley de muerte digna”, (una norma que, a la vez que exige al Estado que se preocupe del enfermo hasta su muerte, a éste, le niega la libertad de decidir sobre su vida y le condena a esperar impotente la llegada de la muerte).

El proyecto de Ley fue presentado en 2017, casi con el mismo texto y sin aportar nada nuevo, y presentado de nuevo por Rafael Simáncas, el 19 de julio de 2019, y finalmente el 24 de enero de 2020, por la portavoz Adriana Lastra, siempre con el único y escatológico fin de que la “eutanasia” fuese reconocida como “un derecho y prestación sanitaria”.

Así ha sido. Hoy el gobierno de Sánchez y el conglomerado de extrema izquierda han aprobado de forma acelerada, contra el criterio de los comités científicos, sin debate social, sin atender a las consecuencias (sobre las personas ancianas, dependientes y crónicos) su ley de la Eutanasia «como un nuevo derecho individual y efectivo», convirtiéndolo en una prestación legal en la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud (SNS): “los mayores de edad con una enfermedad grave e incurable y los discapacitados graves crónicos tendrán derecho a que el sistema público les ayude a morir”.

Con su aprobación nos convertimos en el sexto país del mundo en el que se despenaliza. La Constitución, el sentido común y las raíces cristianas de talante humanista de nuestro país y de nuestra civilización defienden el respeto a la vida y la dignidad de todas las personas, independientemente de la edad y las circunstancias.

Con los gobiernos del PP se aprobó el Testamento Vital, para que cada ciudadano pueda ejercer el derecho a la autonomía de los pacientes, pudiendo a través de este documento expresar su voluntad de recibir cuidados paliativos con el objetivo de evitar el encarnizamiento terapéutico y alargar innecesariamente la vida. Es decir en la ley, en la praxis médica, en el día a día de la sanidad ya se aplican con deontología profesional aquellas decisiones que médicamente se ajustan al momento extremo vital de cada paciente.

Sin entrar en las distintas divisiones de la eutanasia, que dependen de la voluntariedad, del consentimiento y del método usado a tal fin, ni de otros conceptos directamente relacionados con ella, la palabra “eutanasia” viene del griego y significa «una muerte buena o feliz», de «eu» bueno y «thanatos» muerte. La utilización de este término, “buena muerte”, ha evolucionado y actualmente hace referencia: al acto de acabar con la vida de una persona enferma, a petición suya o de un tercero, con el fin de minimizar el sufrimiento de una muerte lenta y dolorosa.

La izquierda se desenvuelve en la ideología que somete, y se ve superada en las ideas que mejoran la vida cotidiana, diaria y habitual de todos los españoles, por eso está empecinada en imponernos–por la vía de decretos y leyes orgánicas– una falsaria idea del “progreso”, asociada únicamente al aumento del confort en el ámbito material o a una sofisticación tecnológica, empujándonos irresponsablemente, a aceptar como “buenas” las actuaciones encaminadas a terminar con la vida de las personas, cuyas condiciones vitales no sean consideradas suficientemente aceptables. Para inducir un cambio de mentalidad en la población, no duda en difundir frecuentes engaños y verdades parciales mediante la manipulación del lenguaje –que propicia la confusión moral de sanitarios y ciudadanos en general– y por la ausencia de criterios que permitan diferenciar con claridad conductas, actuaciones y valoraciones jurídicas (lo que es especialmente notorio en situaciones límite) que tienen una notable y mediática difusión social.

La promoción de la eutanasia, tan intensa en algunos ámbitos y anhelada por este gobierno, hay que deslindarla de lo que debe ser y es un principio irrenunciable: “nadie tiene derecho a provocar la muerte de un semejante gravemente enfermo, ni por acción ni por omisión”.

Una sociedad que acepta la eutanasia abre un camino muy peligroso en el que para muchos ya no hay retorno posible. De modo que, sin perjuicio de que en la eutanasia y el suicidio asistido la finalidad pueda ser “compasiva” (?), esta buena intención no hace bueno el método empleado, y sólo puede modular o rebajar la responsabilidad moral y jurídica derivada de una acción que significa “acabar con la vida” de una persona.

En el contexto del “individualismo hedonista” de los partidos de izquierdas, el derecho a una “muerte digna” es un eufemismo para fomentar un supuesto derecho a matarse, o a matar por compasión, en sintonía con un inadmisible concepto de la autonomía, de la libertad y de la vida humana.

La izquierda no puede negar lo que es evidente, si lo hace es por puro y descarado interés por desviar una vez más el debate sobre la catastrófica gestión sanitaria y económica, para dividir y enfrentar a la sociedad y para arrollar con ideología lo que de carencia absoluta adolecen, de ideas para mejorar el bienestar y la prosperidad de los españoles. Ya decía Teócrito que “Los hombres libres tienen ideas, los sumisos ideologías”.

Todo ser humano posee una dignidad intrínseca e inviolable, que no es susceptible de gradaciones, que es universal e independiente de la situación de edad, salud o autonomía que se posea, que le confiere el derecho irrenunciable a la vida y que es un deber inexorable del Estado protegerla, incluso cuando la persona pueda no valorarla. En un país “verdaderamente progresista” (?), ahora que se le llena la boca al gobierno con esa palabra y se la aplica a todo, se debería proteger por encima de todo a los más débiles y, creo, a la vista de lo que se ha votado hoy en el Congreso, que vamos hacia el lado totalmente contrario y opuesto. España con esta Ley aprobada se retrotrae a los años de la Alemania nazi de Hitler, cuando elogió en sus escritos a Esparta–al considerarla el primer “estado völkisch” (estado étnico) de la historia– y estableció una política oficial de higiene racial –que incluía las Leyes de Núremberg y restringía los matrimonios con gente perteneciente a razas inferiores—con el programa el programa “Lebensborm” de esterilizaciones forzadas para promover el nacimiento de gente, solo de “ pura raza aria”.

El resultado inmediato de todo esto fue la creación e implantación de un “programa médico” de eutanasia, llamado “Aktion T4”, con el que prescindieron por eliminación, de todos los que creían estigmatizados (enfermos incurables, tarados, débiles, ancianos, niños deformes, etc.) y considerados como un vergonzoso lastre para la creciente y elitista “neosociedad aria”.

¡Que no nos engañen con los falsos cantos pseudo-progresistas y libertarios de sus conmilitones los “podemitas de Iglesias”, ni nos cofundan y mientan con argumentos pseudo-jurídicos! ¿Realmente creen que queremos que nos impongan, por decreto-ley, un “programa médico” similar al “Aktion T4”, utilizado por la Alemania nazi en los campos de concentración, donde fueron masacrados millones de personas de similares características a las que contempla la propuesta socialista del binomio Sánchez-Iglesias?

Digan lo que digan los distintos Comités nacionales e internacionales defensores del Derecho a una “muerte digna”. La promoción de la eutanasia, tan intensa en algunos ámbitos y anhelada por este gobierno, hay que deslindarla de lo que debe ser y es un principio irrenunciable: “nadie tiene derecho a provocar la muerte de un semejante gravemente enfermo, ni por acción ni por omisión”. La eutanasia no es aliviar el sufrimiento, ni es proporcionar una “muerte digna”– como explica la web de referencia en bioética, Bioeticawiki– sino que es “un acto intencionado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares”.

Pedro Manuel Hernández López es Médico jubilado y Periodista.

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