OPINIÓN

Francisco Iglesias Carreño: «Escudo de Zamora hoy»

Francisco Iglesias Carreño: "Escudo de Zamora hoy"

Algunos dicen de aquello que dicen, que la pos-verdad, o sea la mentira envuelta en el adorno, camina ya antes, enseñoreando de los lugares para su acomodo, que lo que tiene que ver de aquello que constituye la real y autentica información y que tal vez puede, por algunos en sus escudriñamiento, distinguirse bastante y hasta cuasi perfectamente del intencionado, malévolo y lesivo equivoco, en dar la falsedad, que produce, no solo la escueta mentira, también, y de ahí su trascendencia, la no veraz comunicación del todo informante y principal.

Nuestro pasado singular y grupal viene, sea tanto si es asumido integralmente como si no es, guste o no guste, de unos momentos anteriores, de unas épocas arcanas donde tuvieron lugar y acontecieron aquello de las `conformaciones identitarias´, que en atención a viarios indicios están umbilicalmente asidas a la llamada por algunos historiadores como “época de la reconquista” y en la que el singular de cada cual (con suyo característico), tanto de otros como de nosotros, parece ser que toma su opción referente, esencia iniciática y comienzo de andadura, siendo tal así la misma que ya sobre ella elabora/entrelaza/compone su correspondiente directa y propia, tal vez hasta genuina, que se dan en algunos, argumentación vitalista correspondiente.

Hemos ya en tiempos indicado aquello de: ““ En el hoy, y en esta hora, celebramos,¡ que sí que lo celebramos!, la reconquista de la ciudad de Mérida en el año 1230, dentro del espacio de desarrollo de toda la recuperación de la Extremadura Leonesa, hasta aquellos confines, que entonces fueron de Salvatierra y Salvaleón.””

Al decir lo precedente, es claro que estamos hablando de un tiempo atrás, del pasado de la Corona Leonesa {y que lo estamos haciendo desde la hermandad de sus cuatro fraternales regiones históricas, léase: Extremadura (41.601 km2), Reino Leonés (38.363 km2), Galicia (29.434 km2) y Asturias (10.564 km2)}, o sea de un gran espacio físico (de 119.962 km2) que es, ¡ y a la vez!, toda una gran amplitud de: (1º) un espacio histórico; (2º) un espacio social;(3º) un espacio antropológico; (4º) un espacio económico; (5º) un espacio cultural; (6º) un espacio ambiental; (7º) un espacio comunicativo. Estas consideraciones referenciales, ¡con tal todo predicho!, no han sido tenidas en cuenta, desde nuestra particular observancia por la Corona de España y/o por el Gobierno del Reino de España.

Ciñéndonos al relato del hecho histórico concreto de: “entrar en la ciudad de Mérida”, en el mes de marzo del año 1230, no tuvo que ser, ¡en modo alguno!, una empresa vulgar, tampoco fácil y, claro está, lejos de ser simple, aunque ello se hiciera, sabido por muchos es, después de la victoria leonesa, ¡esa que no aparece en los libros de historia!, de “la batalla de Alange” (del día 15-5-1230).

Por las calles, rúas y plazas de mi leonesa ciudad de Zamora, transitan cada día abigarrados grupos de turistas que, llevados en su trajinar de la mano de muy expertos guías, aprenden peripatéticamente a conocer sucintamente de lo nuestro, de nuestros lugares y rincones urbanos, a saber de nuestro patrimonio y entender sobre nuestro pasado estar y ese zumo de nuestro ser que en el proceso histórico hemos dejado con el paso de los momentos y el discurrir de las situaciones.

Más de una vez he visto, por pura coincidencia estos grupos de turistas ubicados allí, junto a “la Puerta Nona” de la muralla zamorana, y he escuchado, unas veces sin pretenderlo y otras con especial atención y curiosidad, y siempre desde el completo y total respeto a tal y tan concreta actividad profesional, la lectura que se efectúa de la sobre-placa ubicada en la parte exterior del propio lienzo amurallado, en esas proximidades de la Casa de Arias Gonzalo ( alcaide que fue de Zamora en el año 1072, bajo el mandato de Dª. Urraca Fernández, cuando fue cercada por los ejércitos castellanos durante siete meses y siete días).

Por tal grafica trasmisión divulgativa, nuestros visitantes/turistas/itinerantes se enteran directamente e informan sobremanera que antepasados zamoranos nuestros, de las milicias concejiles medievales zamoranas de Siglo XIII, en acción bélica en la Extremadura Leonesa, tomaron al asalto, según relatan las descripciones de los libros de historia medieval, el puente romano de la ciudad de Mérida, para lograr entra, tras pugnada lucha y consiguiente gesta, en tal urbe y que, en tal y tan concreta acción bélica, a las descripciones muy valerosa, fueron comandados por otro hombre de Zamora, a la sazón su rey y soberano, de nombre histórico Alfonso IX.

Ante tal valor de los zamoranos en la toma del puente, nuestro entonces Rey Alfonso IX del Regnúm Imperiúm Legionensis, concede a la ciudad de Zamora, la que fue de su nacimiento, el segundo cuartel de su escudo: “el puente romano de Mérida” y permite, por su real decisión, abrir una puerta más en la ya muy importante muralla zamorana:”la puerta Nona”.

Los turistas se van de Zamora, después de su turística visita, con esa privilegiada información sobre nuestro pasado que da, de forma esplendida, los guías informantes. Saben de nuestra presencia, la de la leonesa ciudad de Zamora, en el tiempo histórico hispánico. Saben de nuestra verdad real.

Conocen de nosotros, saben de nuestro escudo, de los momentos de los idus pasados, de aquel lejano tiempo del marzo extremeño donde impresionamos, con nuestros antepasados, a todos. Sea ahora por aquel día del 19-3-1230.

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