OPINIÓN

José Manuel García Albarrán: «La “memoria histórica” del terrorismo indiscriminado»

Hace ya seis años, vivimos con sorpresa y horror como nuestros vecinos franceses (lo son por proximidad geográfica) se convirtieron en “la diana” del terrorismo islámico (Yihad Islámica, Daesh, Isis, Is) y todas esas siglas que se pusieron desgraciadamente ‘de moda’ para denominar a esos salvajes terroristas que, supuestamente en nombre de “su dios Alá”, cometieron los asesinatos más atroces, segando la vida de personas inocentes, niños, mujeres y ancianos cuyo único pecado era “estar vivos”.

El pueblo francés reaccionó, ante esta barbarie, con relativa serenidad, orden y patriotismo, sobre todo eso. Estremecedora fue la evacuación del estadio de futbol, tras los atentados yihadistas múltiples y simultáneos, al abandonar miles de personas dicho estadio de forma ordenada y ‘cantando a capela’ su himno nacional… “La Marsellesa”.

Sentimos envidia sana y no pudimos si no comparar la situación con la respuesta dada en nuestro país el 11-M, tras los atentados de Atocha, en donde lo único digno de mención y alabanza fue la ejemplar y rápida actuación de  los cuerpos de seguridad y de los servicios médicos de emergencias que, en tiempo record, pusieron en manos de los ciudadanos heridos todos los medios de evacuación y soporte vital precisos salvando decenas de vidas.

Otra cosa fue la reacción de ‘nuestros políticos’ y una parte de la sociedad, manipulada en unos minutos ‘por ellos’ a través de las redes sociales (recuerden que era la jornada de reflexión preelectoral) ofreciendo un espectáculo bochornoso, en donde pareció predominar el acoso y derribo al entonces gobierno del PP, sobre la defensa del Estado que era el verdaderamente agredido por ‘terroristas extranjeros’, al parecer, de nacionalidad árabe.

No obstante a algunos, viendo los resultados en las urnas,  no les fue tan mal y a los otros les pasó factura su lentitud de reacción, indefinición, su aparente desinformación y el intento apresurado de explicar lo sucedido que no era posible descubrir con la rapidez ‘partidista’ que querían los otros.

Aquí no se cantó el Himno Nacional, pero no solo porque no tuviese letra, sino porque inexplicablemente, primaba buscar culpables en la propia casa (gobierno) más que en los desalmados terroristas que habían colocado las bombas en los trenes de Madrid-Atocha.

¿Alguien lo entendió?…

¡La mayoría de los españoles, incluido yo, creo que no!

Europa y el resto del mundo civilizado, en el cual nos encontramos, reaccionó ante los atentados de París con minutos de silencio, miles de flores, manifestaciones masivas, banderas a media asta, frases de repulsa  (“Je suis Charlie”, “Nous sommes Bataclán”, “Je suis la France”) y a nivel estatal telegramas institucionales, declaraciones de nuestros líderes políticos (algunos sin haberse adherido previamente a los Pactos de Estado sobre la lucha antiterrorista) y entrevistas en programas de audiencia para “expresar todo el dolor” -salir en la foto- que les produjo la barbarie terrorista.

Pero que lábil y frágil es la memoria señores…

¿Dónde estaban los lamentos y las manifestaciones de los ciudadanos franceses y  de los políticos de los países vecinos durante los más de 50 años en los que los terroristas de la banda criminal ETA masacraba a cientos de ciudadanos de nuestro país?

¿Dónde se cobijaron, se rearmaron, se reagruparon y vivieron, tras cometer  atentados, los asesinos de ETA?

Los terroristas de ETA no solo mataron guardias civiles, policías, militares, funcionarios de prisiones, jueces y políticos, sumando un total de 845, si no que aún siguen vivas en nuestras retinas las imágenes de los atentados de Hipercor, del Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, del autobús de alumnos guardias civiles en la plaza de la República Dominicana y una larga lista de asesinatos con coches-bomba, bombas lapa, ametrallamientos, tiros en la nuca, secuestros, etc., etc., que esparcieron el horror indiscriminadamente por toda España entre nuestras mujeres, niños, ancianos y jóvenes dejando un sinfín de mutilados, quemados, ciegos  y con taras psíquicas para el resto de sus vidas por la irreparable pérdida de sus seres queridos.

Pues si señores fueron 845 personas con nombres y apellidos, con sus familias, esposas, hijos, hermanos, abuelos, amigos y un largo etc. las que murieron a manos de los ‘gudaris’ que pregonaban “la liberación de la patria vasca como único fin”, inmersos en un fanatismo ciego que desde el otro lado de nuestra frontera algunos se atrevían llamar “lucha política”.

Sería injusto decir que ellos campearon a sus anchas por el “país vecino”  desde su fundación hasta el “cese de atentados”, pero es cierto que los españoles nos preguntamos, durante muchos años y quizá con demasiada frecuencia, ¿Quien le daba cobijo inmediato tras los atentados? y ¿Donde se escondían una y otra vez durante los mal llamados “periodos de tregua”? usados como trampa descarada para reorganizarse, rearmarse y volver a atentar y matar.

Pues salvando las diferencias tanto en tiempo (lo nuestro duró medio siglo largo) como en intensidad y efectos lesivos (nuestra lacra terrorista causó más de 800 muertos, miles de heridos y un sinfín de familias destrozadas) nuestros vecinos franceses, belgas, alemanes y demás europeos están viendo con horror como ese terrorismo lejano, imprevisible y hasta no hace mucho desconocido, golpea sin piedad a los suyos en su propia casa y ahora ellos, sí que reciben nuestra inestimable y eficaz colaboración en materia antiterrorista, habiendo detenido ya en nuestro país a numerosas ‘células terroristas islámicas’.

Por todo ello nuestra actuación  ha sido impecable, aunque no podamos desgraciadamente decir lo mismo de la suya en aquellos tiempos en que nos masacraban día a día en nuestras capitales, ciudades, pueblos y aldeas.

No estaría mal que miraran objetivamente y con visión histórica a través de un prisma nítido que les permita analizar las consecuencias de sus actuaciones que a corto, medio o largo plazo pueden haber revertido convirtiéndose en “movimientos pendulares” que ya les han alcanzado.

Ya habrán comprendido el refrán español… “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar… “

Y no puedo finalizar estas líneas sin dedicar un entrañable recuerdo a todas las víctimas y sus familiares y como no, mi más enérgica repulsa a los que les apoyaron y aún les apoyan intentando ‘blanquear’ sus crímenes.

José Manuel García Albarrán

Médico jubilado

29/03/2021

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