OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «A vueltas con la “armonización fiscal” y el dumping»

Pedro Manuel Hernández López: "A vueltas con la “armonización fiscal” y el dumping"

El 30 de noviembre del año pasado comenzaba uno de mis artículos– al que titule ¿Por qué la llaman “armonización” cuando lo que realmente quieren decir es “subida” de impuestos?– preguntándole a los lectores si esta pregunta no les recordaba al título de esa película española de comedia, dirigida en 1993 por Manuel Gómez Pereira, protagonizada por Verónica Forqué y Jorge Sanz–entre los actores principales– y titulada ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Por esa época, María Jesús Montero, la “trianera” ministra de Hacienda y portavo-za del Gobierno nos bombardeaba día y noche, hasta la saciedad –por activa, pasiva y perifrástica—con su particular mantra formado por cuatro palabras: armonización, impuestos, dumping y fiscal. Con ellas llegó a formar una frase con la que quiere obligar a la comunidad de Madrid a que suba sus impuestos y, de paso al resto de Comunidades ¿Para qué…? Pues simple y llanamente para “la armonización de impuestos y evitar caer en un dumping fiscal”. Dicho así, incluso suenan bien, ya que en pocos días alcanzaron la cresta de la ola en popularidad post-moderna, o –como dicen ahora los que saben—se convirtieron en “trending-topic”.

Hace apenas seis meses fue ella el “martillo-pilón” que nos bombardeó inmisericordemente con esa subida de impuestos disfrazada de “armonización” y de una pretendida “igualdad” fiscal en el resto de CC.AA, algo que no se lo cree ni el que afirmaba que “había visto a un burro volando a plena luz del día y sin alas”. Ahora, a su machacona intención y en contra de todos los especialistas en tributos fiscales y preclaros economistas nacionales e internacionales, e incluso, de las directrices y recomendaciones de la Unión Europea, es el mismísimo presidente, en persona, quién no pierde ocasión ni lugar para amenazarnos abierta y cínicamente con esa sanguinaria subida de impuestos, reforzando sus mentiras y escudándose en una aranera, falsa e inexistente directriz de la UE. Vuelve a mentirnos impunemente, una vez más, como suele hacerlo desde que llegó a la Moncloa y cambio el colchón de su cama. Para él siempre hay un responsable a quien poder echarles todas las culpas.

Esta vez– como hizo ya en su día, con el precio y el IVA de las mascarillas FFP2—ha vuelto a esconder en la Comisión Europea su ineptitud e ineficacia para gobernar, diciendo que “España necesita hacer una reforma fiscal con una gran subida de impuestos porque así lo exigen las directrices y recomendaciones de Bruselas”. Lo dice, lo reclama y se queda tan pancho. Su procacidad y cinismo no tiene límites…

Tanto es así , que el discípulo más aventajado de la “escuela cínica”–fundada en la antigua Grecia en la segunda mitad del siglo IV a. C .por Antístines, después del gran filósofo Diógenes de Sinope– ha sido y es, sin lugar a dudas, el presidente Sánchez, pero precisamente por pensar, actuar y vivir de manera contraria a lo que esta escuela—en contra de lo que siempre se ha creído—preconizaba entre otras cosas: “que el hombre lleva ya en sí mismo, en su naturaleza todos los elementos para ser feliz y que conquistar su plena autonomía es el único y verdadero “bien”. El hombre con menos necesidades era el hombre más libre y el más feliz”. Del desprecio a las riquezas y a su forma pobre de vivir–que asemejaba a la vida de los perros vagabundos y callejeros—le ha sobrevenido el nombre de “cínica” (del griego clásico kyion, kynós, que significa “perro”).

Sí, he encuadrado a Sánchez en el concepto más puro y realista con el que la RAE nos define qué es ser un “cínico”, es porque implica pensar y actuar con una falsedad y desvergüenza descaradas. Estas cualidades, aparte de su tendencia compulsiva a mentir–siempre a todos y en todo– amén de su narcisismo, de su desmesurada megalomanía y de su dominadora ambición de poder, son los rasgos que definen la histriónica personalidad de nuestro presidente. “De aquellos polvos…estos lodos”, es una alocución del refranero español–del siglo XV recogido en la obra de Íñigo López de Mendoza y de la Vega (marqués de Santillana) en la obra “Refranes que dicen las viejas tras el fuego”– que nos viene aquí como “agua de mayo” para comprender, que no justificar, el cinismo de Sánchez en todo lo que dice, hace y hasta en lo que ni dice, ni hace. Sin ir más lejos, el año pasado, mientras Europa bajaba los impuestos en sus países miembros para campear la pandemia, la España progresista y socialcomunista de Sánchez, en una maniobra a contracorriente de lo que están haciendo nuestros vecinos europeos, amenazó al sufrido y desvalido pueblo español con una feroz y despiadada subida de impuestos, pese a haber repetido en contadas ocasiones que la subida solo sería para los “ricos”. España va con el pie cambiado cuando en plena crisis económica, sanitaria, política y socio laboral responde subiendo el IRPF al 47% a las rentas de más de 200.000 euros, reduciendo las exenciones en el impuesto de sociedades, aumentando al 3,5% el gravamen a los patrimonios de más de 10 millones de euros, rebajando las deducciones en los planes de pensiones individuales, fijando un tipo mínimo del 15% a las Socimis(sociedades cotizadas anónimas de inversión en el mercado inmobiliario) subiendo el IVA de las bebidas azucaradas y del diésel al 21%(nos costara 2,3 euros más llenar el depósito) y a la matriculación seguros de vehículos así como a los seguros del hogar y responsabilidad civil.

Con todas estas mediadas que nuestra trianera ministra de Hacienda nos quiere imponer–por mandato, obra y gracia del presidente del Gobierno—no nos va hacer falta recurrir a ninguna pitonisa del Oráculo de Delfos, ni mucho menos a Aramis Fuster o a Rápel( por no irnos muy lejos) para vaticinar que no salvaremos el consumo, que nos van a llevar a la ruina económica y social con una grave repercusión y afectación de nuestra ya casi extinta clase media, que la recaudación prevista va a traer más deuda, más desempleo y mucha más ruina económica y social, infortunio que acabaremos pagándolo todos , pero especialmente y con más crudeza la sufrida clase media, si es que para entonces queda algo de ella. Sánchez y su banda han perdido una histórica oportunidad para sacar a España del vagón de cola de la UE.
Armonizar los impuestos en todo el territorio nacional es algo que está en la agenda del Gobierno desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en 2018 y en la de su portavo-za. Sin embargo, el tema ha vuelto a saltar a la palestra no solo por la presión que están ejerciendo Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y EH-Bildu para que el Gobierno acometa esta reforma de forma inmediata, a cambio de apoyar los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2021, sino con motivo de la elecciones en la comunidad de Madrid el próximo 4 de mayo, donde su actual presidenta Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a garantizar a todos los madrileños que si sale elegida de nuevo presidenta “no subirá ningún impuesto” . Esta frase se le ha atragantado al Gobierno y a todo su ejecutivo ministerial, especialmente a quien todos sabemos… sí, sí, la “farruquita de Triana”.

El candidato a la comunidad de Madrid por el PSOE, Ángel Gabilondo– pese a lo que dice y afirma Sánchez por boca de su “vocera” Montero, que el incremento de impuestos es para amoldar las «sensibilidades y demandas» del resto de las comunidades autónomas y que acusan a Madrid de ‘dumping’ fiscal—sigue jurando y perjurando e insiste en “no subir los impuestos a pesar del plan fiscal de la ministra”. Estas afirmaciones, repetidas por Gabilondo cada vez que le preguntan por la subida de impuestos en la comunidad de Madrid, son respondidas con unas contra afirmaciones–que no desmentidas, por parte del presidente– en el sentido de que Gabilondo actúa en calidad de «candidato” y que sus promesas de no subir impuestos se limitan única y exclusivamente a la Comunidad de Madrid.

Como candidato, puede prometer si gana en las elecciones, no subir ningún impuesto durante los próximos años, pero esto no impide ni supone una contradicción, en su opinión, con el hecho de que Hacienda vaya a llevar a cabo una armonización fiscal. Y a ello ha añadido, que la obligación “moral” del Gobierno es «amoldar» las diferentes «sensibilidades y demandas largamente acumuladas durante estos años» por parte de las regiones que denuncian el dumping fiscal de Madrid. ¿De qué moral habla…? El actual Gobierno de España es como el ciego aquel–bueno y desinteresado y que para igualarse a los tuertos les dice a estos que se arranquen el ojo sano– que en vez de igualar los impuestos, a la “baja”, en todas las comunidades–sobre todo los de donaciones, sucesiones y transmisiones patrimoniales, que son los que más y directamente afectan a la generalidad de la clase media—impone una armonización fiscal con la que todas salen perjudicadas. Esto es muy propio de los regímenes totalitarios y socialcomunistas: la igualdad la entienden a la baja y para los demás.

En definitiva, Gabilondo puede prometer lo que considere oportuno y hacer, si llega a la presidencia, la política fiscal que estime adecuada sobre los impuestos cedidos y el tramo del IRPF. Pero—y como aquí en mi cortijo “La España deseada”—mando yo, aunque se demuestre lo contrario, esa capacidad queda supeditada a las decisiones que tome Hacienda, o sea yo, ya que el objetivo de este Ministerio– o sea, otra vez yo– es incluir en la reforma de la financiación autonómica un máximo y un mínimo en el impuesto de Patrimonio. Y como aquí se hace lo que digo yo, por tanto, Madrid ya no podrá bonificar al 100% esta figura, y el resultado último será que los ciudadanos madrileños, andaluces, gallegos y murcianos que bonifican esta figura, sí tendrán que soportar una subida de impuestos.

Ciudadanos de la comunidad de Madrid, Andalucía, Galicia y Murcia, apretaos los machos, pues no llega cabalgando “Martin Corona”–el héroe mexicano de la película de 1956 “Ahí viene Martín Corona”, protagonizada por nuestra Sara Montiel y Pedro Infante, en los papeles estelares– cantando la canción del “corrido” por el que se recuerda la película, o al menos yo cuando la vi de pequeño y, que por boca de Pedro Infante– en el papel del justiciero Martin Corona—decía así:

“Voy a entonar un corrido, norteño ciento por ciento…Pa´ recordarles el nombre, Del hombre que anda luchando, por la quietud de su pueblo…Nacido en el mero norte, valiente humilde y sincero… Él no sabe a quién ayuda, pero siempre se la juega, No importa lo que reciba. Llegado a este punto–mientras cabalgaba a lomos de un elegante caballo blanco—el coro de mariachis le respondía:

“Ahí viene Martín Corona, escóndanse los malvados, Ya saben que él no perdona, Que siempre trae muchas balas, Pa´ todos los desalmados”.

“Castellanos de Madrid, airosos como las alas, Andaluces de relámpagos nacidos entre guitarras, Murcianos de dinamita, Gallegos de lluvia y calma”. Así se expresaba nuestro poeta oriolano, Miguel Hernández–por boca y música de Paco Ibáñez–en su inmortal e inolvidable poema “Vientos del Pueblo”.

Pues eso, castellanos, andaluces, gallegos y murcianos… ¡Escondeos y apretaos los machos!… pues quien llega no es otro que el mismo presidente Sánchez y en su canana lleva un montón de impuestos con los que tiranizar a todos los desdeñados! ). A nadie se le escapa la dificultad política de la tarea de bajar los impuestos, o si lo prefieren de no subirlos. Pero otros países, la mayoría de la UE, ya la han llevado a cabo.

La única forma de sostener el “Estado de Bienestar” es crear más riqueza y empleo. Subir impuestos cuando los agentes económicos están ahogados no defiende los servicios públicos y los pone en peligro. Hay que bajar impuestos para adecuar nuestra fiscalidad a nuestra realidad económica y empresarial y, con ello, recaudar más y mejor.

Sería deseable que en España haya un Gobierno –más pronto que tarde—capaz de hacer políticamente posible lo que es económicamente deseable y necesario… Pero el Gobierno que tenemos–por su naturaleza, por desventura y por unos aberrantes pactos contra natura– nos sigue mintiendo…a pesar de las palabras que Rubalcaba solía repetir –cuando quien gobernaba era el PP—afirmando que “Ni España, ni los españoles se merecen un Gobierno que les mienta”. Y otra vez me viene la frase de mi mujer, Cristina, machacándome con lo de que “cada pueblo o nación tiene el gobierno que se merece”. Sin embargo y a pesar de toda esta cruda realidad, sigo creyendo, que ni España ni los españoles– al menos una gran parte—nos merecemos este Gobierno y mucho menos a su presidente.

Pedro Manuel Hernández López es Médico jubilado y Peridodista.

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