OPINIÓN

Victor Entrialgo De Castro: «¡Vaya farsa y vaya cuajo!»

Victor Entrialgo De Castro: "¡Vaya farsa y vaya cuajo!"

A la ministra Reyes Maroto le queda peor la pantomima, por eso su conducta de ayer es aún más repugnante. Por eso su declaración es en sí misma una confesión de todo el montaje epistolar del gobierno, como la canción de un delincuente cuando confiesa su delito.

El amigo íntimo de Sánchez, director gral de Correos, el cartero de Neruda, no da a basto a dejar pasar cosas. Hay que tener cuajo para prestarse a ser monigote de Sánchez como Marlaska, a cuyo ego le gusta el cargo tanto como a Baltasar Garzón, hasta el extremo de dejarse insultar grave mente por la Lola, hoy Fiscal General del Estado, o como la Ministra de Hacienda y portavoz, con su tono más desagradable que su dicción y su pobre bagaje.

Claro que si en el Consejo está también la otra Montero, Irene, que aún no ha acreditado cómo llegó a cajera con su nurse de nivel 30, uno puede hacerse una idea.

A su lado, Leire Pajín y Bibiana Aído, ministras como tantos otros para pagar favores, a las que Cervantes llamaría mujeres del partido, relumbran como el sol de Marzo, que hace daño a la cabeza.

Ahora es Farruquita de la calzada, la de los 800 millones robados a los parados andaluces, la de Isofotón, y su palmero Simancas, un experimentado conspirador, que como la mayor parte de sus compañeros no ha trabajado en su vida, los que se han hecho fuertes en la guarida de la política y hablan de “cuajo”. ¡Hay que tener cara y cuajo! ¡Las dos cosas!

Una, que es ministra para tapar agujeros del PSOE andaluz, fue nombrada por Pedro “el Escondido” de la pandemia, por la cuota femenina y andaluza de Susana Diaz,- ministra portavoz, justamente porque no se la entiende nada.

Y otros, como su compañero Simancas, que ha cambiado de chaqueta más que Armani, responden desde la tribuna del Parlamento y desde la bancada a la crítica razonable y razonada de la oposición haciendo responsable a un diputado de lo que haya hecho o no hecho su tío. ¿Cabe mayor indignidad en el Parlamento de la Nación?

De dicción y educación manifiestamente mejorables y formas barriobajeras la Farruquita, sociocomunista, lo único que ha aprendido es a cambiar de modelito, yendo por el parlamento como los maletillas por los pueblos.

No saben de números, no saben de leyes. ¿De qué saben entonces? Pues como su trayectoria muestra, como su amo y señor, de intrigas, conjuras y estrategias de trepo y medro.

“Sanchez, el Escondido, Simancas el Trepa y Farruquita Vayacuajo,” componen un cartel de maletillas que no se ha visto ni en las Ventas.
De grana y oro, de rojo fashion o de azul celeste su paseíllo no tiene desperdicio. Tres monosabios que no dominan ni la muleta ni el toreo de salón, pero aún así tienen apoderados que buscan plazas y los ponen en el cartel, como si fueran prospectos.

Mientras Iglesias, desquiciado por las encuestas, busca el espectáculo y el victimismo abandonando el albero, Jorge Javier, otro gran provocador, “El Gran Alienador” de éste país, salta al ruedo y el Simancas ríe tras el burladero sin salir más que de tercio en tercio a echar un capote, con lo que la Farruquita ha llamado mandíbula de cristal.

Así es la izquierda posmoderna que ahora, cuando se acercan las elecciones se dice demócrata y cuando van perdiendo alienta de modo repugnante las cartas y las tensiones, tiene el cuajo de montar circos en los medios, convoca a los suyos a tirar piedras en Vallecas y luego, siendo como la lija del siete, se pretenden de Limoges, de mírame y no me toques.

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