OPINIÓN

Luis Quiles: «La catalanización de Madrid»

Luis Quiles: "La catalanización de Madrid"

Hace unas semanas, paseaba con un conocido por el centro de Sevilla y me iba hablando de su vida personal. De cómo cada vez le costaba más imaginar un futuro laboral en España, que le daba pena pensar en una vida que no fuese cerca de su familia. Y uno de los motivos que esgrimió para esos pensamientos tan destructivos, fue la política. ¿Cómo que la política? Le tuve que decir sorprendido. ¿Es que no ves el camino que nos están haciendo llevar estos fachas? Aún más sorprendido por su respuesta, le pregunté que si no sabía quien formaba el actual gobierno central. Claro, a esa hora y tras alguna cerveza, mi cabeza no recordó que este conocido era un fiel lector de panfletos partidistas de la izquierda.

Ahora, con Madrid en campaña me viene a la mente esa conversación porque la respuesta a todo lo que sucede, a todo lo que está pasando estas semanas; está siendo la misma. ¿Es que no ves el camino que nos están haciendo llevar estos fachas?

No. No lo veo. Y no alcanzo a verlo porque no encuentro a ningún facha gobernando. Ignorante de mí, pienso en la definición de fascista, la que es, no la que se inventan. Pienso en lo que realmente es el fascismo y no en lo que venden con gritos y pitos y “tuips” los españolitos que elegimos cada cuatro años (bueno, en la antigua normalidad y antes de 2016) para, supuestamente, trabajar por el bien común de los ciudadanos. JÁ.

Y todo esto, esa respuesta de aquella conversación, toma más fuerza cuando leo que la Universidad Complutense tiene que cancelar una conferencia impartida por un opositor al régimen venezolano, porque no se puede garantizar la seguridad. ¿No se puede garantizar la seguridad en una conferencia en una universidad? ¿Qué tipos de ataques y de qué organizaciones se esperan? ¿Los fachas? Recuerdo a Rosa Díez, en la misma universidad, recibida al grito de “fuera fascistas de la Universidad” Rosa Díez. Fascista…

También recuerdo a una Cayetana Álvarez de Toledo tratando de acceder a la Autónoma de Barcelona, sin amilanarse, entre radicales que la increpaban. A ella y a Maite Pagazaurtundua, entre otros.

La indignidad en el templo del conocimiento y el debate. Si en una universidad no se permite el disentir, el debate, la crítica constructiva, el encuentro de posiciones y la escucha al contrario ¿de qué sirven? ¿De qué sirve algo que está instrumentalizado como arma política en vez de como ágora de opinión y aprendizaje? ¿Sólo los estudiantes con una determinada ideología tienen derecho a escuchar a los suyos en la facultad?

Es la catalanización de Madrid. La radicalización que precede a ese clima de división entre ciudadanos que acaba dando paso al odio, a la intolerancia y a la inhabitabilidad por culpa de ese clima de crispación.

Ahí tenemos enero. Un Madrid convertido en una réplica de las protestas pro Hásel que estaban teniendo lugar en Barcelona, no tan seguidas ni tan violentas, pero era un comienzo.

Era esa puerta abierta al odio, a la separación entre conciudadanos por motivos políticos. Si no es de los nuestros, a por él. Esa es la premisa. Eso es lo que llena la cabeza de quienes agarran piedras con sus manos minutos antes de lanzarlas contra un político. Minutos antes de lanzarla contra todos los ciudadanos que votan a ese político.

Adolf Tobeña escribió en su libro “Neuropolítica” que la sociedad catalana está amordazada por “el fundamentalismo secesionista y sus fracturas sociales asociadas, las inhibiciones causadas por el abuso de la corrección política en el lenguaje y las imposiciones en el ideario de la pseudoizquierda municipal” es decir, todo lo que en Madrid están tratando de generar.

Primero con esa acusación de dumping fiscal y de nacionalismo madrileño a su presidenta, que busca generar desafección hacia todo lo que sea Madrid. Luego, la crítica a la opinión que no cuadre con la imposición de silencio a la que se ha visto sometido, de manera vergonzosamente voluntaria, el Partido Popular. Y por supuesto, la salida del tiesto de todo lo que no venga en el programa de cualquier partido de izquierdas, esa imposición de marco mental porque aquí mandan ellos aunque no los voten.

Es la imposición por la imposición. La deshumanización del rival mediante la desacreditación personal, la acusación de organización criminal por parte de un ministro de interior, el señalamiento a una prensa discordante con tu línea editorial de partido, la búsqueda de un enemigo que te haga más fácil copar titulares en una campaña en la que estabas anulado por el tirón de otra rival…

Es, como he dicho, la catalanización de Madrid. Nada que de lo que está pasando en campaña es nuevo. Ya ha pasado. Y lo peor, es que se ha quedado.

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