OPINIÓN

Laureano Benitez Grande-Caballero: «A la izquierda el del moño rojo; a la derecha, el demonio rojo»

Laureano Benitez Grande-Caballero: "A la izquierda el del moño rojo; a la derecha, el demonio rojo"

«Nosotros buscamos las causas de la crisis, pero la más profunda y la más evidente no se la nombra. A riesgo de provocar vuestras risas, de todos modos yo os la cito:
es Satanás, que está aquí en medio de nosotros» (Mons. François Nestor Adam, Obispo de Sion, en su intervención, el 2 de octubre de 1971, en  el Sínodo que se realizó ese año)

Rojo que no te quiero rojo,
rojo viento, rojas ramas:
el moño sobre la mar,
y los cuernos en España.

El título de este artículo me vino inspirado por un magnífico chiste sobre dos boxeadores que, antes del combate, son presentados por el locutor, quien reseña las características físicas de cada luchador, pero, a la hora de nombrarlos, dice de uno que es «el del moño rojo», y al otro le llama «el demonio rojo». Sin embargo, como resulta que el presentador tiene frenillo, los dos nombres suenan exactamente igual.

¿Qué quiero decir con el título de este artículo? Pues en eso que va José Luis Martínez- Almeida ―el alcalde «de derechas» de Madrid―, y dice que la satánica vacuna Astrazeneca es segura, y que le gustaría ponérsela cuando le toque. Impresionante que este señor, que no tiene ni pajonera idea de medicina, se atreva a llamar «segura» a esa pócima letal, cuando organismos sanitarios cualificados ya han demostrado que los cada vez más frecuentes casos de trombosis entre los vacunados se deben a un mortífero efecto secundario de la susodicha vacuna ―por cierto, ¿creen ustedes que algún político se va a poner la vacuna real?―.

¿Y qué decirles de las «feijoadas» que han convertido Galicia en un inmenso «gulag», en una macabra cheka, donde se violan todos los derechos humanos con total impunidad? Y, por cierto, sin querer pecar de aguafiestas, ¿han oído ustedes a alguien de Vox oponerse a las fatídicas pócimas transgénicas? Yo no, la verdad sea dicha.

Es igual que se mire a la derecha, a la izquierda, al centro, o a lo más profundo subsuelo, porque la conclusión es siempre la misma: todos los partidos políticos están de acuerdo en rebañar el gaznate a sus pobres votantes, a esos ternerillos que van gozosos al matadero, a los campos de exterminio.

Es igual que los políticos lleven un moño rojo, o una coleta rojas, o unos cuernos rojos, porque es un hecho clamoroso que están todos compinchados, y no sólo en el tema de la dantesca dictadura orwelliana que nos han implantado a los que les mantenemos y les votamos, sino que también hacen las mismas políticas todos, digan lo que digan en las campañas electorales, se insulten lo que se insulten en foros y tertulias, porque al final todos acaban tomando birras codo con codo.

Igual que hay plagas de langosta, ranas volanderas que caen de las nubes, pirañas que arrasan los ríos implacablemente, manadas de antílopes que retumban las praderas con sus pezuñas como tambores, marabuntas carniceras que devoran reses enteras en minutos, hay también invasiones de demonios, aludes de endriagos y anfisbenas, apoteosis de íncubos y súcubos que, agarrados a la yugular de los corderillos en flor, poseen, invaden, succionan, lobotomizan y machacan a sus pobres víctimas.

Es impresionante detectar el apocalíptico olor a azufre que desprenden los hemiciclos de todos los países, entrever la maligna figura del Bafomet de cabeza cachicuerna presidiendo los parlamentos, moviendo con sus horribles garras los hilos con los que hacen bailotear a sus lacayos, a sus marionetas, esos politicastros de compás y mandil, de hoz y martillo martillo, de Ojo de Horus y máscara sadomasoquista, para que les roben almas que llevarse a los infiernos.

Llevo ya siete años escribiendo artículos, y una constante de ellos, aparte de la defensa cerrada de la patria y la fe católica, es la radical denuncia de la impresionante infiltración satánica en todos los ámbitos de la vida, pero especial en las cúpulas gobernantes, infestadas hasta el tuétano, empeñadas en un horrible espectáculo de vejación de los pueblos que les votan, de humillación de sus rebaños bien aleccionados, de exterminio y transgénesis de unos seres a los que dentro de muy poco no se les podrá llamar humanos, pues también a ellos les alcanzará el sadomasoquismo de los diablos, de las interfaces cerebro-ordenador, de la tremenda bionización que les espera.

Yo acuso, yo denuncio, yo señalo a todos estos demonios rojos, enmoñados, encoletados, desmelenados, rapados-o-lo-que-sea, de una perversión y corrupción de tal magnitud, que hasta a mí mismo me ess difícil comprender… Seres corruptos, ejemplares sacados de infectas cloacas, de inmundas cavernas, de lóbregos akelarres, de conventículos donde el humo del incienso dibuja en el aire la luciferinas imagen del Bafomet.

Porque en las vacunas habrá pestíferos nucleótidos, péptidos agresivos, adyuvantes peligrosos, pero también se inoculan con ellas nanobots, es decir, robots nanotecnológicos que, aparte de provocar dramáticas enfermedades, irán derechos al cerebro, para allí ejecutar crueles lobotomizaciones, para robar el alma a sus víctimas, e inmolarlas en bandeja al Señor de las Moscas, al Señor de las Vacunas.

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