OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «El S.O.S de Mohamed VI a los Países Árabes»

Pedro Manuel Hernández López: "El S.O.S de Mohamed VI a los Países Árabes"

Aunque popularmente, a estas tres letras –generalmente escritas en mayúsculas y separadas entre sí por un puntos– les han asignado, a lo largo de la historia, distintos significados, tales como “Save Our Ship” (salven nuestro barco), “Save Our Souls”(salven nuestras almas) o “Send Out Soccour”(envíen socorro), nos vamos a quedar con el significado de “envíen socorro”, entendiendo por socorro, esa ayuda que pedimos a otro para que nos resuelva un problema personal económico, social, laboral, religioso o médico, etc. Quizás, la raíz de su origen esté en el latín “Si Opus Sit”, que bien podría traducirse como “si fuera necesario” o “cuando sea necesario”.

Todos hemos escuchado o leído alguna vez la palabra S.O.S –letras que se escriben en una playa desierta tras un naufragio o emitidas a través de un telégrafo en código Morse– cuando ocurre un accidente. Si bien la frecuencia S.O.S fue implantada como una señal marítima de “socorro estándar” durante la Convención Radiotelegráfica Internacional de Berlín, el 3 de noviembre de 1906, esta no fue usada como tal hasta el 10 de junio de 1909, cuando el buque “RMS Slavonia” de la naviera Cunard envió por telegrafía la primera señal de auxilio de la historia al naufragar en su ruta entre Palermo y Nueva York; no obstante, hay quien afirma –sin fundamento– que el primer barco en utilizarla fue el Titánic. Hasta el 1906 la señal de socorro más usada en las transmisiones telegráficas en el mismo código era “CQD” (Copy Quality Distress) que traducida, viene a decir que era la “Prueba de Calidad para (resolver) los Problemas”.

Hoy en día, esta llamada standard de S.O.S suele ir acompañada de la voz anglosajona “Mayday”, derivada del francés “M´aider” (¡ayudadme!, de la expresión completa “Venez-vous a m´aider”, ¡vengan a ayudarme!). Esta voz, repetida tres veces (“mayday, mayday, mayday”) siempre significa “peligro inminente”.

El reciente “rifirrafe”– entre los dos países vecinos y “amigos” (¿…?), bueno, lo de amigos, siempre que al reino alauí le interese y dependiendo siempre de los pingües beneficios a obtener— es muy grave y preocupante. Este asunto no es como para tomárselo a broma. Es más serio de lo que parece, y lo parece mucho. Casi todos los expertos en derecho y relaciones diplomáticas internacionales opinaban que esta distocia en las relaciones entre los dos reinos se había limitado a esta puntual “razzia” en forma de invasión migratoria a Ceuta. Sin embargo, el tema parece haberse enconado y enquistado, dado que hace ya casi dos semanas que tuvo lugar y sigue trayendo cola. Esto no parece que pinta bien, pues el tono amenazante de Marruecos, no solo se circunscribe a España, sino que se ha extendido a la UE–por el apoyo en la defensa de la territorialidad española de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, fronteras naturales del sur del continente–.

Marruecos, después de haber conseguido recientemente el reconocimiento sobre el Sáhara Occidental por parte del gobierno de Joe Biden, ahora llama a la puerta de sus hermanos –los árabes de Oriente—enviándoles un claro S.O.S que se acompaña de un desgarrador ¡Mayday, Mayday, Mayday! ¡Señal de peligro inminente en la estabilidad de las relaciones bilaterales hispanomarroquíes! Esto empieza a complicarse política y diplomáticamente. Los países árabes van mucho más allá y hacen referencia expresa y directa a la colonización y a la cesión de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla a Marruecos. Tanto es así, que el Foro Democrático y Social en el Mundo Árabe –compuesto en su mayoría por partidos políticos de Siria, Egipto, Somalia, Palestina, Líbano, Jordania y el emirato de Bahéin, entre otros– ha emitido recientemente un comunicado, dirigido a España y a la UE, instándoles a que inicien una serie de negociaciones urgentes con Marruecos y exigiéndoles que le faciliten la “recuperación” (entiéndase la devolución y entrega, de “bobilis bobilis”, o sea, por la cara)) de las ciudades de Ceuta y Melilla, para acabar con la colonización española, cuanto antes y para siempre.

Hace unos días, hablando por teléfono con mi buen amigo José Luís, el ex senador por Ceuta, le dije – en broma, por supuesto–: José Luis, ¡agárrate y agarraos bien los machos, pues el día menos pensado os acostáis como “caballas “españoles…y os levantáis como “caballas” marroquíes! Ambos nos reímos, pero viendo el cariz que está tomando el conflicto…me entran serias dudas y ya no estoy tan seguro de que esto no pueda ocurrir. Sabiendo cómo se las gasta nuestro viejo zorro “amigo” y vecino, Mohamed VI de Marruecos, cualquier día de estos vuelve a invadir nuestras dos ciudades autónomas con otra nueva “marcha” verde, azul, roja o amarilla…y poniendo de “escudo humano” a mujeres, niños y jóvenes, como suele hacer.

El comunicado de este Foro –que “rechaza la política española basada en separar las dos ciudades de sus raíces históricas, culturales y sociales (¿desconocimiento “intencionado” de la historia o…?) y que fue difundido, el sábado día 29, por el digital marroquí “Rue 20”, en su versión española– responsabiliza de la actual crisis a España y, en concreto, a la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, junto al presidente Pedro Sánchez, por acoger “por razones humanitarias” (¿…?) al secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, en el hospital de Logroño –“no con una identidad falsa, sino con una identidad distinta” (la “farruquita” de Triana. sic).

Los generosos hermanos árabes también instan a la UE a que revise sus políticas en el Mediterráneo, sobre todo, las concernientes a la inmigración, insistiendo en que “no debe haber separación entre la economía y el derecho de las personas a emigrar”. Tildan la política europea de “colonialista” y “cimentada” en impulsar el tráfico de mercancías, por una parte; y en rechazar la libertad de movimiento y la inmigración, por otra”. El apoyo político árabe a la soberanía territorial de Marruecos llega en plena crisis diplomática entre Marruecos y España, sobre todo, tras la alineación de la UE con Madrid. Recordemos también el frente abierto que tiene con Alemania—principal líder y motor de la economía europea— con quien, desde principios de marzo, congeló sus relaciones diplomáticas y advirtió que no apoyará a la UE, en temas de seguridad y de lucha antiterrorista.

De esta manera, las relaciones bilaterales se han tensado y corren un grave peligro, como ya anunciaron –desde el ministerio de Exteriores en Rabat– el jefe de la diplomacia, Nasser Bourita, y la embajadora marroquí en España, Karima Benyaich. Mucho más lejos va el ministro de Asuntos Exteriores con sus palabras, cuando afirma que “la crisis no se reduce a un hombre (Brahim Ghali): pues no comienza con su llegada, ni terminará con su partida”. Se trata, por encima de todo, de un asunto de confianza y de respeto mutuo, rotos, entre Marruecos y España. Con este comunicado, es la primera vez que el gobierno alauí “aparca” y separa claramente el destino inmediato de Brahim Ghali para reubicar la crisis al “terreno puramente político”, al considerar que en España “hay connivencia con los enemigos del Reino (el Frente Polisario) que ha puesto, de manifiesto, actitudes hostiles y estrategias perjudiciales de España hacia la tesis del Sáhara marroquí”. Cuestión esta, muy pero que muy sagrada para todo el pueblo marroquí.

¿Qué pasa? ¿Qué para España no son también muy, pero que muy sagradas Ceuta y Melilla…? Alguien debería decirles y recordarles –al mismísimo rey, a sus ministros, a su jefe de la diplomacia, a su embajadora en Madrid, al pueblo marroquí y, al “sursuncorda”, si fuera preciso– : primero, que el Sahara Occidental está incluido por la ONU desde 1963 en la lista de territorios “no autónomos”; segundo, que Ceuta forma parte dela Península Ibérica desde el año 1580, cuando Felipe II heredó el reino de Portugal y quedó anexionado, aunque fue en 1640—casi dos siglos más tarde—cuando se incorporó a la “corona de Castilla” y, tercero, que en el caso de Melilla, su pertenencia se remonta al año 1494 –tras la conquista de Granada—año en que se rebeló contra el sultán de Fez y pidió ayuda a los Reyes Católicos, siendo conquistada por Alonso Pérez de Guzmán. Y cuando todo esto ocurría, ni existía Marruecos y, mucho menos este era un reino.

Aparte de cantarles estas “tres verdades, las del barquero”, conviene—como han declarado algunos de nuestros políticos, entre los que destacan Felipe González, Alfonso Guerra, José Bono, Josep Piqué, Ana Palacios y José Manuel García-Margallo, entre otros—adoptar una postura más reconciliadora, pero sin dejar de ser enérgica, para evitar la ruptura de las relaciones hispanomarroquíes. Pero como en todo rebaño suele haber alguna que otra oveja negra, aquí tampoco podían faltar y, entre ellas, a parte de algunos empresarios, nos encontramos con ministros españoles del actual gobierno Sanchista muy próximos al “lobby pro-marroquí”, como es el caso de Luis Planas, ministro de Agricultura y Pesca. ¡Y encima le pagamos un sueldazo entre todos? ¡País! ¡País! ¡País! –que diría nuestro gran humorista gráfico, Antonio Fraguas de Pablo, alías “Forges”, fallecido el 22 de febrero de 2018.

Pedro Manuel Hernández López es médico jubilado y periodista.

De esta manera, las relaciones bilaterales se tensan y corren peligro, como ya anunciaron desde el ministerio de Exteriores en Rabat el jefe de la diplomacia, Nasser Bourita, y la embajadora marroquí en España, Karima Benyaich.

En la reunión urgente de alto nivel del primer ministro con los líderes de los partidos políticos marroquíes el 27 de mayo, ya se advirtió que todo es posible en este escenario de escalada hostil. En todo caso, que el martes 1 de junio será el definitivo para la toma de decisiones final de Rabat, cuando Brahim Ghali testifique por videoconferencia desde el hospital de Logroño ante el juez Santiago Pedraz por dos denuncias interpuestas en la Audiencia Nacional.

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