OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «La conversión de Pedro: de “prepotente” en “magnánimo”»

Pedro Manuel Hernández López: "La conversión de Pedro: de “prepotente” en “magnánimo”"

La magnanimidad o grandeza del alma, como su nombre lo indica, sólo se aplica a las grandes cosas…Por lo demás, podemos indiferentemente estudiar la cualidad misma o el individuo que la posee… El magnánimo parece ser el hombre que se siente digno de las cosas más grandes, y lo es en efecto; porque el que tiene esta alta estimación de sí mismo sin merecerla es un insensato; y un corazón conforme a la virtud no es insensato e irracional…El que tiene de sí mismo una alta idea que no merece, es un hombre vano, por más que no tenga siempre la vanidad de estimarse a sí mismo más que vale… Puesto que el magnánimo es digno de los mayores honores, es preciso también que sea el más perfecto de los hombres… Si se mira de cerca al hombre magnánimo, se verá, que en cualquier caso, caería en un profundo ridículo su magnanimidad, si no fuera acompañada por la virtud”. (Sic)

Por si no lo recuerdan o lo desconocían, estos hermosos fragmentos sobre el “hombre magnánimo, fueron escritos en el siglo IV a. C., por el gran Aristóteles –conocido por “el estagirita” (oriundo de Estagira, actual Stavró) y “el peripatético” (peripatikós: itinerante, paseante)– en su “Ética a Nicómaco”. En ella nos habla, como ha quedado de manifiesto, sobre la “magnanimidad” y el “hombre magnánimo, en el Libro IV, Capitulo III, de la referida obra contenida en el “Corpus aristotélicum”.La diferencia entre el concepto “aristotélico” y el “sanchista” de magnanimidad es, a parte, de abismal, inconmensurable. Esto queda manifiestamente claro y no admite ni la más mínima discusión, como así queda recogido y reflejado en el famoso texto aristotélico.

Frente al discutido y discutible tema de los indultos, a esos “doce del patíbulo del procés (no olviden pronunciarlo “prusés y con tono catalán) nuestro “prepotente” presidente Sánchez, en una fase anterior, se atrincheró contraponiendo “convivencia” y “concordia” a “venganza” y “revancha”, para posteriormente desplegar, lo primero, como fruto de sus generosas políticas y, lo segundo, como consecuencia de las injustas y vengativas sentencias judiciales.¡ Como si los Tribunales de Justicia se dedicaran a vengarse de los reos –independientemente de la naturaleza de los delitos cometidos—en vez de impartir justicia aplicando las penas recogidas en el vigente Código Penal! ¡Ver y oír para creer, que diría aquél…! Como es típico de las personas irresponsables e ineptas siempre hay un “tonto” a quien echarle la culpa de todo…En este caso, el “tonto-útil” (¿…?) que más a mano tiene, es el expresidente Mariano Rajoy, y por eso… ¡ caña al mono, que aunque no sea de goma, es gallego y se deja!

No hace falta que lo publiquen ninguno de sus comprados y manipuladores medios de la información –sí, sí, esos que pagamos todos con nuestros impuestos– pues sabemos por experiencia que –todo el que esté de acuerdo con él y le baile bien el agua—no solo es un verdadero demócrata, sino que también es un genuino patriota y un confirmado adalid de la convivencia y de la concordia. Sin embargo, pobre del que ose discrepar con él o llevarle la contra…este desdichado será arrojado al “averno” (de los vocablos griegos a, “sin”, y ornis “ave”: lugar por el que las aves no solían cruzar) donde las oscuras y sectarias sombras del fascismo, de la confrontación y del revanchismo serán sus únicos compañeros. Ya lo saben…”esos son sus principios, pero sino nos gustan, los cambian, pues tienen otros mucho peores para aplicarlos en menos que canta un gallo”.

Pese a todo, este presidente que nos ha tocado en suerte, no deja de sorprendernos cada día con nuevas e inusuales frases en las que nunca faltan vocablos como “concordia”, “convivencia”, “magnanimidad”, “paz”, etc…No sé si las ha sacado del catecismo político de su “gurú-man” personal, Iván Redondo, o es que ha asistido de incognito —como en su día lo hicieran los “cuatros chicos de Liverpool” (que se reunían a tocar en el simbólico “The cavern club”), viajando a Rishikesh, en el norte de la India– para asistir a una sesión de entrenamiento avanzado de “Meditación Trascendental” (MT) en el ashram del Maharishi Mahesh—o por el contrario, acudiendo a algún curso superavanzado de “filosofía zen”, en alguno de esos viajes, a lo largo y ancho del planeta, que tanto le gusta realizar. ¡Pero no!, creo que el origen de su embaucador y pegajoso pseudomisticismo radica fundamentalmente en su sectario, cicatero y desmesurado interés de permanecer siempre en el poder, por encima de todos, contra todos y le pese a quien le pese. Su patológica egolatría no tiene límites; la lleva impresa en su código genético. Es como el escorpión de la fábula. A diferencia de los “césares” de la antigua Roma, Sánchez, en vez de llevar a su lado un “auriga que le recuerde, en todo momento, la famosa frase “recuerda, que eres mortal”; él va si empre acompañado de su gurú-man personal –el mercenario Iván redondo—que le va repitiendo constantemente: ¡“recuerda, que eres Pedro Sánchez, “el Prepotente”, “el Magnánimo”, el Presidente de la Nación más antigua de Europa, el Presidente del Reino donde nunca se ponía el sol y, donde tu poder es inconmensurable, absoluto y omnímodo”! ¡Recuérdalo, Pedro, tu eres el Presidente y, después de ti nada, ni nadie!

La verdad, es que si te están todo el día y a todas horas, ininterrumpidamente, regalándote el oído con semejantes y grandilocuentes consignas…por muy tonto o bobo de solemnidad –como a mí me gusta decir– que sea uno (sin comentarios), el ego te pega un subidón que ni Juan Guerra con su ”bilirrubina”. ¿Cómo una persona así no va a ocupar en Moncloa el despacho–situado a unos 50 metros del presidente– que en su día fue ocupado por el vicepresidente Alfonso Guerra? ¿Cómo no va a ser una de las personas más poderosas del país si asesora y controla al presidente del Gobierno, en primera instancia, y coordina todos los ministerios manejando la comunicación del ejecutivo, en segunda? A cualquiera que le paguen lo que le pagan a él y si encima le dotan de un poder casi “ilimitado”, no solo “se tiraría por un barranco por Sánchez”, –como ha dicho últimamente Iván Redondo– sino, incluso, por el “Abismo de Challenger”, en la fosa de las Marianas del Pacífico que, con sus casi 11.000 metros de profundidad, es la “fosa abisal” más profunda del mundo.
Este avispado consultor político –que lo mismo sirve a Dios que al diablo, es plenamente consciente, como él mismo ha dejado meridianamente claro en varias ocasiones—de que a los electores “medios” lo que realmente les mueve a la hora de emitir su voto, no es como debería ser, la razón, sino el sentimiento enaltecido y transformado en “ardor guerrero”. Esto es algo –y no nuevo—que la izquierda conoce muy bien, desde mucho antes de la llegada del gurú-man Redondo a la Moncloa. Recordemos que, ya en tiempos del nefasto ZP, los que cuestionaban el “supuesto” diálogo con la banda terrorista de ETA, aparte de ser unos “fascistas radicales” (y no voy a volver a explicar el auténtico sentido y origen del “fascismo”, pues ya lo he hecho, en este mismo medio, en repetidas ocasiones), eran unos “enemigos de la Paz”. Aunque a veces, el repetir y abusar de los mismos trucos “sentimentaloides” todo el tiempo, éste acaba por desgastarlos.

Pese a todo esto, ahora el PSOE de Iván Redondo repite, repite y repite –como una cotorra enjaulada– a través de todos sus altoparlantes y mesiánicos políticos que hay que indultar a los golpistas por una cuestión de “magnanimidad, de generosidad y de clemencia”. Sánchez no pide justicia, ni siquiera inteligencia –como pidió Rubalcaba cuando intentó acelerar la agonía de ETA– solo pide “magnanimidad”, para que hagamos de tripas corazón y se la concedamos. ¡La ocasión la pintan calva! y la oportunidad de pasar a la historia, como Pedro I “el Magnánimo”, le sulibella y subyuga “mogollón” y, casi la tiene a la vuelta de la esquina. Pasar como Pedro I “el Sabio, hubiera sido altamente pretencioso, por su parte y, como “el Cruel”, hubiera sido agresivo y, probablemente hasta injusto (¿…?). Por eso, lo del “Magnánimo” le va como anillo al dedo, pues le encaja con ese desaforado y ególatra empeño que le corroe de exhibir el mejor talente posible –que no talento— como sería deseable. Tampoco se le podría aplicar ese apodo, ya que la historia cuenta con un predecesor con el apodo de “magnánimo” y a la vez “sabio”; se trata del rey Alfonso V de Aragon (1936-1458).

Hasta ayer la palabra clave era “concordia”. O estás a favor de los indultos o no eres magnánimo. Los que se oponen al gobierno son rencorosos, inhumanos, crueles y vengativos. Conviene recordar y no olvidar que este gobierno social-comunista de la concordia y la magnanimidad es el mismo que sacó de su tumba a Franco y amenaza con demoler la cruz del Valle de los Caídos, o el que le quita –sin ningún fundamento histórico contrastado– al aeropuerto internacional de Corvera (Murcia) el nombre de “Juan de la Cierva”, inventor del autogiro (padre del helicóptero) pero altamente “sospechoso” de colaborar con el Alzamiento Nacional del dictador Francisco Franco, según se recoge en ese “exhaustivo documento histórico”(¿…?) –de un folio y medio de extensión– de un tal Prof. Ángel Viñas. El motivo principal por el que Pedro Sánchez quiere indultar a los “doce del patíbulo del procés” (recuerden como deben pronunciarlo…) en bloque –arrepentidos o no, y que amenazan con volver a dar un golpe o no– no es la magnanimidad o el amor a la concordia, sino que necesita los votos de los separatistas y golpistas catalanes para poder terminar la legislatura como presidente de España. ¡Los auténticos términos reales y objetivos de la ecuación no son o indultos o resentimiento, sino indultos o poder, pero con mayúsculas!

¿Acaso no es el PSOE el partido que mayor amenaza supone para el estado de derecho y la democracia en estos momentos…? ¿Suprimir la validez en las resoluciones judiciales no presupone, al mismo tiempo, vaciar la democracia y el estado de derecho…? ¿Despejar de eficacia a los parlamentos y crear instituciones alegales paralelas y no representativas –como la mesa de diálogo entre los separatistas y el gobierno social-comunista– no es otro atentado de primer orden contra la santabárbara de la democracia…? ¿Reformar el Código Penal para que los “doce del patíbulo del procés” puedan reincidir impunemente, no es otro atentado contra la libertad y la unidad nacional, imposible de ignorar…? Todo lo anterior, sin embargo ¿no son, así mismo, ataques reales y profundos — a la línea de flotación del estado democrático y de derecho– por parte de este gobierno sectario, cicatero y falsario…?

Sin ir más lejos ¿acaso no es la carta de Junqueras la misma carta de Pedro Sánchez…? Aunque intenten tomarnos, una vez más por tontos, no podemos ni debemos pecar de ingenuos. ¿Pretenden hacernos creer que estos protocolos no se pactan entre los partidos antes de que se publiquen…? Tanto es así, que cuando Oriol Junqueras habla de una “nova Generalitat republicana”, es porque esa especial “variedad” de autonomía republicana y paralela al estado, previamente ha sido pactada con Sánchez. Tampoco. podemos esconder la cabeza, como los avestruces, y pensar que cuando en el “Parlament de Catalunya” se dice que –“tres cuartas partes de los catalanes defienden que el conflicto político existente solo se resolverá votando en un referéndum de autodeterminación a la escocesa”– tal afirmación no esté también pactada y consensuada con el gobierno de Sánchez. De hecho, es lo que ha reconocido e incluso defendido públicamente, desde hace ya tiempo, el PSC del ahora ministro “bailón” Miquel Iceta. Por tanto, esa “mesa de diálogo” y negociación –en la que no estamos representados todos, en la que no hay transparencia y en la que se debate y se crea una institucionalidad paralela– es una hoja de ruta pactada con Sánchez, extraparlamentaria y al margen de las instituciones legales y democráticas.

¡Magnánimos sí, tontos no!, ya que la magnanimidad no es lo opuesto a la justicia. Ser magnánimo no significa que haya que poner a los violadores o a los terroristas en la calle. Tampoco a los corruptos, a los evasores fiscales, a los malversadores o a los narcotraficantes. Se puede ser magnánimo con un ladrón concreto, por una serie de circunstancias particulares, no con todos los ladrones en general. Se puede ser magnánimo cuando la persona que se beneficia de esa magnanimidad ha dejado de ser una amenaza para la sociedad, para la democracia o para la unidad de España: lo contrario no es magnanimidad sino insensatez e irracionalidad. El magnánimo es alguien que nunca actúa en interés propio o a cambio de un vil precio o su equivalente en especie, sino por bondad. El PSI (Partido Sanchista Independentista) que no el PSOE, trata de cuestionar la magnanimidad de quienes se oponen frontalmente a los indultos. En cambio, no duda lo más mínimo en proclamar que los que apoyan los indultos, si son los genuinos magnánimos. Craso error, ya que no cabe duda de que no sean en absoluto magnánimos y que el intercambio entre indultos y vía escocesa a cambio de la presidencia del Gobierno de España es, además de una alta traición, una mera transacción comercial, en la que la magnanimidad, como tal, no juega en absoluto ningún papel. Si de esta política-ecuación sustraemos el sillón monclovita de Sánchez y no hay indultos, eso no es magnanimidad, eso es –se mire por donde se mire– vendernos a todos por ese sillón y ¡cómo no, por el nuevo colchón! (recuerden que lo primero que hizo nada más llegar a Moncloa fue cambiar el colchón donde había dormido Rajoy, por aquello de… (y que cada uno que piense lo que mejor le parezca o convenga).

A pesar de las recientes afirmaciones de la vicepresidenta Calvo de que “los indultos no van a tardar en aplicarse, pues están a la vuelta de la esquina…” aún a costa de ser tildados de vengativos, fascistas y antidemocráticos, creo firmemente que los indultos a los golpistas del procés, a esos “doce facinerosos del patíbulo”, a los que quieren romper la unidad de España, no pueden ni deben concederse. ¡La magnanimidad es una cosa y la ingenuidad, otra muy distinta, aunque las dos terminen en “dad”!

Pedro Manuel Hernández López es médico jubilado y periodista.

 

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