OPINIÓN

Israel de la Rosa: «Yo te indulto»

Israel de la Rosa: "Yo te indulto"

A ti, amigo mío, que amas el enfrentamiento y el desgarro, que avivas el conflicto con inusitado placer, con exquisito deleite, a ti, amigo mío, yo te indulto. A ti, que desprecias la amistad y la concordia, que con insólito desdén construyes, como yo, una elevada torre de burla y menosprecio, un sólido laberinto donde refugiarte y pasear las grises tardes de domingo, a ti, amigo mío, yo te indulto. A ti, que desoyes el clamor de la sociedad, de esa sociedad que con tan visible complacencia te empeñas en dividir, en desmembrar, a ti, alma gemela mía, yo, con arrebatado goce, te indulto.

Poco me importa la crítica airada, poco o nada me alcanza el sordo y grasiento reproche de los míos, ya caducos, a quienes con gusto postergo. Recorro extasiado y ebrio de vanidad las inacabables alfombras, con paso deliberadamente descuidado, con meticulosa y ensayada sonrisa, con estudiada cadencia y aires voluptuosos de ninfa desheredada. Yo, mártir. Soy la brújula sagrada del pueblo, el puño inequívoco y firme de ese pueblo ignorante e ingrato que protesta y se resiste a erigir y consagrarme altares de gloria. Yo, deidad empecinada.

A ti, amigo mío, vigoroso pilar de mi trono al que se aferra mi desgajada virtud, yo te indulto. Nada deseo saber de tu sendero errado, no quiero conocer tu pecado. Yo, a ti, te indulto. También a ti, ridícula marioneta, que, como Napoleón, hallaste en tan afamado paraje el final de tu aberrante periplo. Mis brazos abiertos aguardan tu ansiado regreso, que yo, tienes mi palabra, lograré teñir de triunfo. Mi palabra, que no atesora valor alguno, que la menor brisa empuja en cualquier dirección, atendiendo siempre a la conveniencia, a mi capricho.

Poco me importan la armonía o la unidad de un país, la fortaleza de una nación. Son conceptos vacuos, argumentos triviales enemistados con mi visionario propósito, es vana y empolvada palabrería. Poco o nada me alcanza el apergaminado dictamen de unos magistrados, ya decrépitos, a quienes con gusto margino. Transito embelesado y a lomos de mi soberbia, corcel majestuoso, las inacabables tribunas, los aterciopelados púlpitos, y acaricio con el tibio y artificioso timbre de mi voz los oídos anhelantes de las masas, y las acuno con mis ensortijadas mentiras. Yo, ídolo. Soy el alimento y la luz de mi pueblo, tan desleal y egoísta, tan mezquino. Soy el faro que revela los esbozos del futuro. Yo, creador omnipotente.

A ti, amigo mío, que amas la discordia, que perseveras en desangrar esta nación, que, como yo, solo persigues la desavenencia, que amas la hostilidad, y que tanto te necesito, a ti, amigo mío, yo te indulto.

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