OPINIÓN

Victor Entrialgo De Castro: «La Soberanía y los Reyes Catódicos»

Reyes Catolicos

Es difícil luchar contra lo que nos entretiene o nos conmociona. Contra los medios que, a cambio de subvención, colaboraran con quienes dinamitan la Soberanía y la Monarquía exhibiendo a todas horas las afrentas y las payasadas de los enemigos de la Nación. Es dificil luchar cuando la Monarquía está secuestrada y el Pueblo atado de pies y manos.

Pero mientras nos liberamos de este secuestro, una parte, siquiera ínfima, de nuestra soberanía, la ejercemos con el mando a distancia. Todos somos, -siquiera un poco,- reyes catódicos. Un canal de televisión, aquí como en el resto de Europa, se diferencia de las demás, además de sus contenidos, por la categoría personal de sus invitados. “La Clave» de Balbin, «Apostrophe» de Bernard Pivot o la Grand Librerie de François Brusnel, que los Martes en tv5monde convoca a las 22 h. a 500.000 televidentes de dentro y fuera de Francia, o emisiones británicas de la BBC como «Hard talk» han demostrado que es posible combinar la dureza del periodismo, el entretenimiento y la cultura con la educación política, sin necesidad de chabacanería.

Pero aparte de sus invitados y colaboradores la calidad de las televisiones la determinan sus televidentes, eligiendo o rechazando unas u otras emisiones. Aparte de sabotajes de las señales de televisión, que siguen existiendo, boicoteando así algunos canales que no gustan al poder, algunas televisiones, públicas o privadas, en lugar de partidarios o detractores, colocan comisarios o periodistas de mármol para discutir en jaurías a las que nuestro Gobierno paga con subvenciones o con cargo al Presupuesto. Otras veces, emplean famosos como arietes o reclamos, a los que manipulan, desacreditándose, si no incurriendo en malversación de caudales públicas.

Una cadena que, con siniestros intereses políticos o económicos, -incluso capitales extranjeros-, “impone” a determinados contertulios enemigos de la Nación,- baste “una Rahola” como ejemplo,- cuando estamos viviendo un problema que ella representa, para azuzarlos y enfrentarlos entre sí, más allá de la pluralidad, y a través de ellos a los ciudadanos, debiera ser castigada, cuando menos, con el botón rojo del mando a distancia o el mute del silencio.

Cierto que espectáculos y polémicas pueden encontrar cierta explicación en la vidilla que estos actores «programados», pueden aportar a espectadores jóvenes o mayores necesitados de vitalidad o adrenalina. Pero eso no impide que el consumidor de televisión pueda castigar con su desdén la estrategia deleznable de algunas emisiones que actúan como sectas para exacerbar los bajos instintos, con el exclusivo fin de adoctrinar, ganar adeptos o reclutar levas de televidentes y presentarlos a los anunciantes como meros números en la cuenta de pérdidas ganancias.

La televisión pública o privada, tiene un aspecto financiero pero también una responsabilidad educativa y moral. No vale todo. Y menos en una concurrencia monopolística como la actual, de la que es dificil escapar, ni siquiera cambiando de canal, cuando en casi todos “echan” lo mismo.

La televisión es hoy «eso que sale entre un sinfín de anuncios”. Cierto que algunas políticas nefastas de Gobiernos anteriores han subvertido el pluralismo democrático, arrasando con otra exigencia constitucional y eliminando o reduciendo a mínimos “el derecho a recibir información veraz”. Otros Gobiernos dejaron en manos de éste, sus subvenciones, su retórica vacía y sus periodistas de mármol, el control de prácticamente la totalidad de los canales de televisión, control que el pueblo debe denunciar y sus representantes impugnar.

Precisamente porque estamos en manos de una televisión excesivamente mercantilizada y subvencionada con nuestro dinero, los españoles, como Reyes catódicos, una corriente que lleva emitiendo electrones y luz desde la Unión dinástica de Castilla y Aragón en 1469, tenemos al menos un arma inofensiva pero efectiva, -el mando a distancia,- con el que. apagar o silenciar las monsergas separatistas de las que estamos hartos y elegir quien nos gobierne, nos alegre o nos entretenga. Elegir con el mando, en fin, cómo y con quién queremos convivir.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído