OPINIÓN

Pedro Manuel Hernández López: «El “cambio” que no ha cambiado nada»

Pedro Manuel Hernández López: "El “cambio” que no ha cambiado nada"

A todos nos ha cogido por sorpresa y casi de sopetón –pues no lo esperábamos tan pronto—el repentino cambio, reajuste, remodelación, regeneración, rehechura (o cómo demonios quieran llamarlo) de siete ministros, siete (uno más que los miuras de las grandes corridas en la Monumental de Sevilla o en Las Ventas de Madrid) por cinco ministras y dos ministros nuevos. Dicho cambio, aparentemente repentino, pero profundamente meditado y rumiado, ha dejado a casi todo el Ejecutivo con “el culo al aire”, sobre todo y de manera especial, a los “decapitados”, sin necesidad de haber tenido que pasar a ver la legendaria y famosa “Campana de Huesca”, que en este caso concreto, hubiera sido la “Campana del Palacio de la Zarzuela”. Por si no lo recuerdan, y según nos cuenta la leyenda en la Crónica de San Juan de la Peña (siglo XIV):

“…El rey de Aragón, Ramiro II, apodado “el Monje” –que heredó el reino de su hermano Alfonso I “el Batallador”, por haber muerto sin descendencia– convocó Cortes e hizo venir a todos los nobles del reino a Huesca para que vieran la nueva campana construida y que se iba a oír en todo el reino. A los rebeldes los hizo entrar de uno en uno en la sala y los fue decapitando según iban entrando. Una vez muertos, colocó sus cabezas en círculo y la del obispo de Jaca, el más rebelde de todos, la colocó en el centro a modo de badajo. Luego dejó entrar al resto de la corte para que escarmentaran…”

Aunque nuestro “querido” (¿?) presidente no ha tenido que recurrir a la decapitación “física”, propiamente dicha, esta si ha sido una decapitación “política” en toda la regla, pues les ha desposeído de sus nombramientos, actividades, funciones y, sobretodo, de las prebendas y demás brevas inherentes a sus cargos. Aunque era un cambio que se veía venir, se ha tratado, más que de un cambio, de la “reposición” de unos ministros “agotados”, por otros ministros “repuestos” en las estanterías del Gobierno, como si se tratasen de productos de consumo de primera necesidad, colocados estratégicamente en las estanterías de un Mercadona, de un Lidl, de un Consum o de un Día cualquiera. Este cambio, previsiblemente previsto –por nuestro “primer ministro” o presidente del Gobierno, Pedro Sánchez– y sin fecha de caducidad, yo particularmente pensaba que –haciendo gala de su magnanimidad, de esa que tanto alardea– les iba a dejar pasar el verano investidos de sus elitistas prerrogativas ministeriales, ¡pero ha sido que no!. La prepotencia ha vencido a la magnanimidad y, además, como siempre suelo decir, la lleva impresa en su código político. A estas alturas de la película no sé si seguir llamándole “presidente” o “primer ministro”. Ahora explicaré el por qué de esta disquisición un tanto bizantina.

Todo se debe a la lectura del último artículo de opinión, titulado “El primer ministro”, de mi buen amigo y compañero, el ex senador y ex presidente del PP malagueño, Joaquín L. Ramírez Rodríguez –abogado, escritor y político—con el que tuve el honor de compartir escaño durante casi tres legislaturas en la Cámara Alta del Reino de España, cuando afirma que:

“La Constitución de 1978, ese gran consenso democrático nacional, optó por llamar “presidente” al jefe del Consejo de Ministros. En nuestro entorno—tanto en los regímenes monárquicos como en los republicanos—se suele denominar a esta figura “primer ministro”. Esto, en las monarquías parlamentarias y democráticas, tiene su utilidad, pues refleja muy claramente la jerarquía, entresacando y destacando al líder gubernamental (presidente) y nombrándole el primero del resto del equipo ministerial” (sic) Puestos a cambiar y para no desentonar desde ahora le llamaré “primer ministro”, al menos en este artículo.

Es algo así, y muy parecido a cuando –en el argot eclesiástico de Roma—decimos que el “Papa es el primero entre todos y el primero entre los iguales” (Summus Pontifex primus est inter omnes et primus inter pares).Visto lo visto y el trato, nada especial y exclusivo, que ha dispensado el presidente Sánchez a los que, en teoría, creíamos su equipo, sus incondicionales y sus compañeros de partido, como Calvo, Ábalos y el insustituible mercenario y gurumán personal, el “todopoderoso” Iván Redondo, casi podríamos compararlo con el famoso Vellido Dolfos, legendario noble leonés y muy conocido por aparecer en los cantares de gesta y crónicas medievales como el autor de la traición y muerte del rey Sancho II de Castilla, un 6 de octubre de 1072 en el cerco de Zamora. Actualizando el romance medieval que recrea el histórico relato y cambiando el nombre de los protagonistas y, sobretodo el magnicidio, este podría quedar tal que así:

<< ¡Rey Felipe, rey Felipe!, no digáis que no os aviso, que dentro de nuestra España un alevoso ha salido; su nombre de pila es Pedro, y Castejón su apellido, cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco. Gritos dan en el Congreso: ¡Hay ministros malheridos! Cesados por Pedro Sánchez de todos sus cometidos, y por eso ya le apodan el traidor Dolfos Vellido >>

Con esta reposición de ministros lo único que ha hecho ha sido cambiar a siete ministros por otros siete para que nada cambie y todo siga igual. Si quieres que en una empresa pública, organismo estatal o incluso en el propio Gobierno, no funcione nada o todo siga igual o peor, aparte de crear una comisión, no dejes de sustituir a unos miembros del equipo directivo o del Ejecutivo por otros, que aunque sean iguales o incluso peores, al menos aparentemente “den el pego” y parezcan ser los mejores. Ha sido un cambio estéril y de cara a la galería. Se ha sacudido de encima “a siete de un golpe” matándolos políticamente como si se tratase del “Sastrecillo valiente”, el personaje principal del famoso cuento de los hermanos Grimm (1812) que “mató a siete de un golpe” (pero a siete moscas que se habían posado sobre la rebanada de pan y mermelada que tenía para comer). ¿Quién le iba a decir a Carmen Calvo, vicepresidenta primera del Gobierno, que su idolatrado y casi reverenciado, Pedro Sánchez, la iba a dejar tirada en la cuneta a la primera de cambio, después de las veces que le tuvo que cubrir las espaldas –y alguna otra parte menos noble– con múltiples mentiras y argumentos insostenibles para defenderlo a él y a sus decisiones más discutibles…? ¿Dónde ha quedado su cacareada Ley de la Memoria Democrática a la que Sánchez apoyó desde el principio y que conllevó, por la vía rápida de Félix Bolaños García—ex secretario general de la Presidencia del Gobierno y actual ministro de la Presidencia y de la Des-memoriada y Democrática Ley– la exhumación de los restos del caudillo, el generalísimo Francisco Franco Bahamonde del Valle de los Caídos?

La aprobación de la “Ley Trans-natural” y la “Ley del solo sí, es sí”, de la podemita Irene Montero –ex duquesa de Galapagar– a la que la egabrense Calvo había puesto reparos, fue interpretada como una derrota política. Si a esto le añadimos el fuego amigo-cruzado dentro del Ejecutivo y que la relación personal con Redondo era todo, menos buena… pues ahí tenemos “los lodos”. Mucho más sonada, si cabe, ha sido la salida del Gobierno del hijo del torero “carbonerito”, José Luís Ábalos, pues no contento con despojarle de la cartera ministerial, también ha sido invitado a dejar su puesto como “número tres” del PSI (Partido Sanchista Independiente) que no del PSOE (como ya dije en otro de mis artículos parafraseando a mi buen amigo, colega médico y compañero articulista, José Manuel García Albarrán). Puede darse con un canto en los dientes… pues conservará su escaño de diputado en el Congreso de los Diputados, ya que si hubieran podido quitarle el acta de diputado…no le habría temblado la mano. ¡Esos son sus principios, y si no nos gustan o no les gustan, los cambia, pues tiene otros!

Mucho más que el recambio—por decirlo finamente—de Calvo y de Ábalos, lo que sí ha supuesto una inesperada sorpresa y un auténtico bombazo ha sido el cese fulminante del mercenario “factótum”, Iván “el terrible” con minúscula (pues Iván IV Vasilievich, el gran príncipe de Moscú y de toda Rusia y el primer monarca ruso en adoptar el título de zar en el 1547, fue quien llevó el apodo de “Terrible” –pero con mayúscula—aunque según se dice, su apodo es debido a una mala traducción en ruso de la palabra “grozny”, que significa duro o severo, pero no terrible).
Jamás hubiéramos pensado y, mucho menos, el propio Iván en persona, que él, el gran artífice de la campaña y de la moción que terminó llevando a Sánchez a la Moncloa y a Rajoy a Santa Pola,(Alicante), el que pergeñó, planificó y siguió de cerca toda la actividad gubernamental y que incluso asesoró a todo el Gobierno de coalición o ”Frankenstein”, (como se prefiera), incluidos a los ministros podemitas y, el que llegó a ser presidente del recién creado –ex profeso– Comité de Dirección de la Presidencia del Gobierno con 40 altos cargos(2 subsecretarios,13 directores generales y 24 subdirectores ),él, Iván Redondo Bacaicoa, el omnipotente y omnipresente “guru-man” personal de Pedro Sánchez “el Prepotente y Absolutista rey sol del siglo XXI”, iba a ser fulminado de un plumazo por su “primer ministro”, ese por el que hace unos escasos días “estaba dispuesto a tirarse por un barranco”, mientras elogiaba su liderazgo, su valentía y su magnanimidad por afrontar y avalar los indultos a esos “doce del patíbulo” condenados por el “procés”(no se olviden de pronunciarlo prucés, “com els catalans de pura raça”).
Esta vez, amigo Iván, no ha sido necesario que tú te tiraras al barranco por tu “primer ministro”…Ha bastado un sutil empujón para que estuvieras con él hasta el final y rodaras al fondo del barranco, pues, al fin y al cabo, el “presidente” (ahora sí) del Gobierno es Pedro Sánchez y él –no lo olvides—y solamente él, es el que manda. Por mucho que te esfuerces en despedirte de tus colaboradores con una nota manuscrita en la que señalas “que en política, como en la vida, hay que saber parar” (sic), aunque yo, más bien diría, “perder”. Te ha ocurrido algo parecido a lo que le paso a la zorra de la fábula –atribuida a Esopo y recontada a lo largo de la historia por Jean de la Fontaine y Samaniego– cuando no pudiendo alcanzar el racimo de uvas, las desprecia diciendo: “¡No están maduras!”.

Del resto de los ministros decapitados y muertos políticamente “de éxito”–como se suele decir en gestión– solamente mencionaré sus nombres, pues no creo que se merezcan algo más, y, esto ya me parece mucho…¡Celaá, Pedro Duque, González Laya, Juan C. Campo y Rodríguez Uribes, buen viaje llevéis como descanso dejáis! España, con vosotros nunca había caído tan bajo, y vosotros nunca imaginasteis que llegaríais tan alto en vuestra vida. Con el cambio ha quedado manifiestamente patente la debilidad y el desgaste, no solo, de un Gobierno que se tambalea, sino la del “presidente” (ahora también), como cabeza visible y máximo responsable de todo lo que ocurre en él.
España necesita con urgencia un Gobierno de personas competentes, cualificadas, responsables y sensatas de primer nivel. Las podemos encontrar en cualquier estamento de la sociedad civil, pero no en el PSI. S.L, (antiguo PSOE) que es una sociedad y agrupación de expertos palmeros a la espera del habitual y esperado pesebre. Quizás me equivoque, pero creo que este Gobierno va a hundir y destruir aún más, si cabe, a España, pese a los nuevos fichajes del presidente del Club y de sus sibilinas intenciones de devolver el control de Moncloa al nuevo PSOE (desde hace 2 años PSI: Partido Sanchista Independiente) e iniciar la reconciliación interna para abrir “una nueva etapa”, “un nuevo Gobierno” y ese “nuevo PSOE para impulsar la nueva recuperación económica y social, aunque se olvida del prestigio nacional e internacional.

Sánchez vuelve a equivocarse una vez más sin reconocer nunca su culpabilidad. (como es habitual en las personas megalómanas e histriónicas). Debería recordar el refrán español que nos recuerda siempre que: “¡Nunca segundas partes fueron buenas!”. Y que yo sepa, en estas segundas partes, él siempre figura a la cabeza.

Pedro Manuel Hernández López es médico jubilado y periodista.

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