OPINIÓN

Juan Pérez de Mungía: «Sans-culottes»

Juan Pérez de Mungía: "Sans-culottes"

Las opiniones periodísticas entrampadas en el hecho de una denuncia falsa de agresión homófoba no han reparado en su simpleza en la cuestión fundamental de cuál es el límite del consentimiento o ¿es posible reducir la expresión de la sexualidad a una simple cuestión de consentimiento? ¿cuáles son los límites individuales o colectivos?. ¿Bastan dos preguntas para explicar el abuso sexual y su práctica, bastan dos Síes para consentir, y un NO para oponerse?. La infinita ignorancia, tan demostrativa de la penosa formación psicológica de Irene Montero y Ione Belarra es precisamente regular la sexualidad como si fuera una expresión de libertad y no un típico problema de salud mental sobre el que además se legisla para que no exista marcha atrás.

¿Que lugar cabe al sadismo y al masoquismo consentido?. El Art. 1 CE: «Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes». No existe derecho sin limitación. Pero aquí no en las manos de Sánchez y sus podemitas. La contradicción nace cuando se examina el Art. 10.1. «La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social» ¿Puede el consentimiento ignorar la perversión sádica o masoquista?. Cambiénse las siglas LGTBQI+ para incluir tambien a estos delirios y observen las leyes socialcomunistas sobre el sexo y el género que sacrifican el derecho a la vida y a la integridad a la libertad de todas las formas de prostitución, tan deseables o consentidas como puedan ser en la práctica.

En la Fundación Jiménez Díaz se intervino quirúrgicamente a un hombre que se había introducido en el recto un Buzz Lightyear con grave peligro para su vida. Tras la urgente intervención, el paciente solicitó se le devolviera el muñeco. Los facultativos hablaron de la posibilidad de constituir una clínica para los trastornos del culo a la vista de los numerosos casos de obstrucciones intestinales, entre otros casos. Y eso sin contar con el SIDA, con otras patologías y con los desgarros por penetraciones con el puño. ¿Debería la sanidad pública cubrir las prácticas sadomasoquistas y masturbatorias con grave riesgo de la vida? Pregunten al marqués de Sade o a Sacher Masoq. Si la sanidad pública cubre el cambio de sexo, ¿no debería también cubrir las demandas de aquellos que desean ser lesionados para disfrutar, por ejemplo, de una paraplejia con el seccionamiento de la médula o una amputación? Y ojo con el derecho a subvención pública. ¿Y que me dicen de la pederastia que tan singularmente defiende la ley podemita de protección de la infancia?. No hay nada mejor que hacer para destruir la cultura que genitalizar y sexualizar al que todavía no sabe hablar.

La despatologización y el derecho al libre desarrollo ignora el grave deterioro de la salud de la que hacen gala, mentalmente enfermas, nuestras ministros podemitas. Los límites prácticos de la sexualidad se mercantilizan con el consentimiento de las víctimas. Al parecer existe el derecho a ser comido por otro, entero o por partes, como Bernd Jürgen Brandes, que pactó comerse, a medias con su verdugo, Armin Meiwes, su propio pene, para luego implorar su propia muerte. La justicia alemana discutió si era un caso de asesinato o un caso de asistencia al suicidio para luego condenar el asesinato con cadena perpetua. Detrás de un sádico, existe un masoquista, son indisolubles, se practique desde el anonimato o trascienda a la opinión pública. Existen niveles. El grado máximo sería solicitar el homicidio o el asesinato, se solicite o no el concurso de otros porque existe el derecho a matar, a ser matado y a matarse.

Colaborar para facilitar el suicidio se ha despenalizado. «La eutanasia significa etimológicamente «buena muerte» y se puede definir como el acto deliberado de dar fin a la vida de una persona, producido por voluntad expresa de la propia persona y con el objeto de evitar un sufrimiento.» establece la ley en su preámbulo. ¿Qué es una buena muerte? De acuerdo con la ley española la solicitud de Bernd Jürgen Brandes a su verdugo, Armin Meiwes, exoneraría plenamente a aquel que causa la muerte por el placer de la víctima, un caso ciertamente de buena muerte por la intolerancia mental de vivir con pene. Como la joven que imploró su muerte por no poder asimilar una experiencia trágica de violación. Por el culo de Malasaña ha movido el Gobierno su campaña de agitpro con la bendición homomaníaca de Marlaska haciendo bandera de sus culos para ganarse la simpatía del votante gay en el mercado electoral. Mediante el mantra de las consignas heteropatriarcales de La Moncloa, los grupos reaccionarios del guasap se ha citado para protestar por el término peyorativo inscrito en las nalgas del famoso joven.

Existe una confusión social entre el ejercicio gratuito del sexo y el de pago, entre víctimas y verdugos, entre hombres y mujeres. La delgada línea que separa la violencia tiende a desvanecerse bajo la servidumbre de la política que intenta convertir el sexo privado en sexo público, a los hombres en mujeres y a las mujeres en lesbianas, única forma para obtener un rendimiento económico y político. «A los niños hay que castrarlos», dice en clase una profesora y concejal del PSOE de Fuerteventura. El culo es un negocio para la ideología. Lo mas igualitario. La lucha de clases es la lucha de los culos porque todo el mundo tiene uno. ¿No nos está dando por culo Pedro Sanchez seducido por el placer de la penetración anal, por supuesto, de otros, que predica Boti García?

 

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